Unos por otros

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Artículos de Antonio Ojea publicados entre 15/09/2008 y 01/01/2012

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LA GUINDA

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LA GUINDA

AFTER SHAVE, ¡QUÉ MOVIDA!

AFTER SHAVE, ¡QUÉ MOVIDA!

 

Íbamos ya por el segundo lustro de la década de los ochenta del siglo pasado. Hacía poco que había cerrado El Kremlin y Manoel Soto decidió regalarle a Bibiano Morón un sucedáneo para que siguiese su accidentado camino por lo de las corcheas: puso en sus manos un Aula de Música Electroacústica en el ático de lo que ya era Universidad Popular, después de haber sido Escuela de Artes y Oficios, que incluía, naturalmente, un coqueto set de grabación. Y Bibiano hacía allí sus experimentos.
Pero no era el único. Por entonces, ya Antón Reixa andaba buscando cosas de aquí para hacer algo así como un no sé qué, que acabó por llamar “After shave”, en el que se narraban las vicisitudes de Comesaña y Cameselle, con una tal Sagrarito pintando tampoco recuerdo qué, en medio de una invasión de japoneses armados de microprocesadores, escritura ideográfica y palillos sustituyendo a “garfos e coitelos”, mientras las fuerzas agonizantes de por aquí debatían sobre la idoneidad de establecer en 14 o 16 pies la medida ideal de hórreo, como proponía el sector Carnota. Una auténtica “movida”, vamos.
Reixa buscaba una voz para narrar aquel invento y se acordó de mí. Nos citamos en el Aula mencionada y, sin más preparativos, me endilgó un fajo de folios “DIN A-4” mecanografiados, con sus correspondientes anotaciones al margen. Separados por el cristal que rompía el puente sonoro entre la cabina de locución y la mesa de mezclas, comenzamos a grabar.
Debo decir que era la primera vez que me metía en un jardín así, pero la cosa resultó, más o menos, porque el tabaco todavía no me había estrangulado la voz, aunque lo cierto es que nunca llegué a escucharlo más que en el vídeo que Reixa estaba haciendo con la grabación de sonido y que generosamente me regaló al terminar las sesiones. Creo que había allí más “tomas falsas” que de las buenas, aunque ya no sé dónde habré metido la cinta “beta” con todo aquello.
En casa de la portera
Pasó más de un año, creo, cuando recibí otra “sugerencia” del líder de Os Resentidos para algo relacionado con el “After shave” que ya había grabado. La cita fue en lo que había sido vivienda de la portera del edificio que en Gran Vía alberga la casa de los progenitores de Julián Hernández. Por lo visto, Reixa quería poner un colofón cuasi musical a la opereta y se había puesto de acuerdo con su rival musical de “Siniestro Total”.
Allí, en el ático de Gran Vía, 9, había montado Julián un remedo casero de aquel Aula de Música Electroacústica que regentaba Bibiano Morón, aprovechando que la portera se había jubilado y abandonado aquella vivienda. En una de las dependencias del piso Hernández había dispuesto el piano que un día le regaló su madre, rendida ya a la teima de Julián de caminar por el intrincado sendero de la música, según él mismo me confesó. No recuerdo muy bien cuales, pero además había otros instrumentos musicales por allí, incluyendo trastos de esos de marcar ritmos a golpes: unos bongoes, un xilofón, y puede que unas maracas.
Agarrado como podía a las nuevas cuartillas con el texto de una “tormenta final”, ajustando la altura del micrófono a la de la banqueta sobre la que casi podía reposar, comencé la lectura siguiendo las indicaciones, ora de Reixa ora de Julian, para las entradas. Mientras, Julián improvisaba al piano una catarata de bemoles, tonos, semitonos y esas cosas musicales que evocan la baraúnda de una tormenta con tintes apocalípticos. Reixa subrayaba la acción sugerida aporreando los instrumentos de percusión que le iban cayendo en las manos, al tiempo que vigilaba la marcha de la grabación en la improvisada mesa de mezclas casera dispuesta al efecto.
El resultado pude comprobarlo algún tiempo después, cuando se estrenó lo que al final fue una especie de sainete, casi un musical, en el que no se incluía nada de la grabación original (la que hicimos en el “mini Kremlin” de Bibiano), pero sí de lo originado en casa de Julián Hernández.
Para mí, aquello representó algo así como la caída del telón de una función que había durado ya unos añitos y que se dio por mentar como “la movida de Vigo”. De cómo se firmó la orden de ejecución, con aquel invento de “Madrid se escribe con V de Vigo”, les hablaré en otra ocasión porque de la traca final he visto y escuchado un montón de cosas que no ocurrieron así.
Pero eso será otro día. Permanezcan atentos, que cumpliré con lo prometido.
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