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ALGUNOS APUNTES SOBRE LA HISTORIA DE BALAÍDOS

A la izquierda, Luis Iglesias Fernández, el presidente del Celta que en 1946 consiguió adquirir para el club el campo de juego que hasta entonces había sido de propiedad privada

ALGUNOS APUNTES SOBRE LA HISTORIA DE BALAÍDOS

Como escenario de las contiendas futboleras de la época, el campo de Balaídos se inauguró el 30 de Diciembre de 1928 con un partido del Celta contra el histórico Real Unión de Irún

Hasta entonces el Celta, fundado en 1923 como resultado de la fusión del Vigo Sporting con el Real Fortuna, jugaba en un precario campo de ´football´rodeado de una valla que existía en Coia.

El primer Balaídos fue fruto de la iniciativa de un grupo de empresarios que en 1924 crearon una sociedad anónima denominada Stadium Balaídos y que eligieron el peor de los emplazamientos posibles, un humedal junto al Lagares, lo que provocó numerosas dificultades en el avance de su construcción. Tantas que al final no se pudo llevar a cabo el ambicioso proyecto original del arquitecto Jenaro de la Fuente.

Tras su inauguración, cuatro años después del comienzo de las obras, Stadium Balaídos alquiló las instalaciones al Celta mediante el abono – así fue durante casi dos décadas – de un porcentaje de lo recaudado por la asistencia de espectadores y otro procedente de las cuotas de los socios.

EL REAL CLUB CELTA COMPRA BALAÍDOS PERO DE AQUELLA MANERA

Tras unas campañas en Primera División, en el año 1944 el equipo, con muchísimos problemas económicos, descendió de categoría. Y es aquí cuando ingresa en el listado de sus presidentes un hombre que resultó clave entonces, el industrial Luis Iglesias Fernández

Consiguió que el equipo regresara a la máxima categoría al año siguiente y además forzar la compra de Balaídos a la sociedad propietaria mediante una operación bien provechosa para el club y casi rocambolesca: la Caja de Ahorros Municipal otorgó un préstamo que el Ayuntamiento – propietario de la Caja – amortizaría mediante subvención oficial a razón de setenta mil pesetas anuales. Lo que se firmó en 1946. En realidad, el Ayuntamiento se quedaba con la nuda propiedad y el Celta obtenía el usufructo, con obligaciones, por veinte años.

A continuación, el equipo obtuvo buenas clasificaciones en Primera y en el año 1948 disputó la final de la Copa del Generalísimo ante el Sevilla, que perdió de manera injusta.

(Luis Iglesias Fernández, que dejó el cargo tras esa final de Copa, aparte de un buen presidente era un emprendedor a su aire que gustaba de ejercer de dandy y también de hacer alarde de dinero en aquellos tiempos de tanta escasez. Propietario de un salto de agua en Melón, en Ourense, en Vigo se dedicó a diversas actividades relacionadas con la electricidad, entre ellas la importación de cobre desde Portugal por diversos canales alternativos. Enriquecido a partir de los beneficios de actividades propias de la postguerra civil, al final quiso volar demasiado alto en el negocio de los kilowatios y Fenosa – o sea, el Régimen imperante – le cortó las alas, por lo que sus empresas terminaron mal. Esto, junto a la quiebra en 1957 del Banco de Vigo, de corta trayectoria y del que era partícipe, lo llevó a la ruina. También, según nos comunican a través de nuestro correo, Luis Iglesias mostraba otra faceta: protegía a sus obreros, para los que creó casas de socorro y promovió otras ayudas en forma de avances laborales. Según la misma fuente, auxilió además y amparó a no pocos perseguidos por el franquismo. Queda recogido)

LA PLENA TITULARIDAD DEL ESTADIO PASA AL AYUNTAMIENTO

El Balaídos de los años cincuenta y primeros sesenta era un estadio digamos que bastante cutre, el terreno de juego rodeado por pistas de atletismo, deporte que constituía su segunda actividad.

Al principio contaba con una única grada cubierta, la de Tribuna, a la que posteriormente se sumó la de Río. Un campo con una pésima megafonía estridente por la que se gritaban los anuncios de la época. Uno de ellos, nadie podía saberlo, era premonitorio: ´¡Ponche Caballero! Caballero, sí señor…´

Un campo que se embarraba muchísimo cuando llovía fuerte y subía el caudal del Lagares, lo que suponía una ventaja cuando coincidía con las visitas de los equipos grandes. Y el marcador, en la grada del mismo nombre, se movía a mano, mediante chapas con los números en negro sobre blanco. En el cual aparecían también los resultados de los demás partidos de la jornada, a los que los espectadores estaban muy atentos pues hay que tener en cuenta que las pequeñas radios de transistores no comenzaron a popularizarse hasta avanzada la década de los sesenta.

El alcalde Rafael Portanet (1964-1970) recuperó la concesión de Balaídos al Celta al cabo de los veinte años pactados, en 1966. En realidad nada cambió en su uso, sólo que el Ayuntamiento sería a partir de entonces el que se haría cargo de los gastos de mantenimiento.

Pero lo verdaderamente importante es que Portanet decidió que Vigo y el Celta merecían un verdadero estadio y encargó el proyecto al gran arquitecto vigués Antón Román Conde. No le fue posible a este alcalde de considerable huella presidir, en 1971, la inauguración de ´su ´ Balaídos, su gran obra, pues había sido sustituido el año anterior.

Lo cierto es que gracias a Rafael Portanet el Celta pudo a partir de entonces jugar en uno de los mejores estadios de la liga española y, sin duda, también uno de los más bonitos.

EL INTENTO DE HORACIO GÓMEZ DE HACER NEGOCIO CON BALAÍDOS EN EL AÑO 2003

En su infancia y adolescencia en su pueblo de Tomiño a este personaje le llamaban ´Horaciño das vacas´, por las que se dedicaba a cuidar.

Sin embargo, a pesar de su escasa formación o quizás precisamente por ello, Horaciño salió muy espabilado para los negocios. Cuando, tras haber sido subastero, aunque siempre dedicado a la distribución de bebidas, se hizo con la Sociedad Anónima Deportiva (SAD) Celta le acompañaron los éxitos en el plano futbolístico y se introdujo en política para mejor rentabilizar la oportunidad.

Horacio Gómez ordeñó al Celta a fondo, tanto que cuando se lo vendió a Carlos Mouriño en el año 2006 el club estaba financieramente en las últimas gotas. Para meterle el calote – algunos opinan que se trató de un timo – aprovechó que Mouriño era por entonces un forofo retornado y, aunque muy adinerado, un verdadero pardillo en las cosas del fútbol y los negocios futboleros.

Antes, a finales del año 2003, aprovechando que el PP se había hecho con la alcaldía en circunstancias un tanto anómalas y contando con el decidido apoyo financiero de Caixanova, presentó un proyecto para anexar a Balaídos un gran centro comercial que incluiría un hotel. La sociedad promotora estaba impulsada por él mismo y su cuadrilla directiva.

La reacción de Citroën fue inmediata: si aquello se llevaba a cabo peligraba el futuro de la factoría y, por tanto, de las dos decenas de miles de puestos de trabajo que genera el sector de la automoción.

Se impuso Citroën, naturalmente.

R. EIRAS

¿Y CABALLERO?
Pues se ha metido en un berenjenal sin ninguna necesidad, ya que el estadio Balaídos levantado por Portanet, de una peculiar y avanzada arquitectura, incluso actual a pesar de haber transcurrido casi cincuenta años desde su inauguración, demostró la solidez de su construcción cuando comenzaron a demoler la grada de Tribuna, tanto que ello creó no pocos problemas y los correspondientes retrasos.
Caían cascotes, afirmó Caballero, para justificar su proyecto. Lo que se debía, en realidad, a la falta de mantenimiento de su superficie durante décadas.
No hacía ninguna falta un nuevo estadio; pero Abel Caballero quiso imitar a Rafael Portanet. La diferencia es que éste construyó el suyo cuando era muy necesario en su momento.

Ponche Caballero, sí señor. Que decía aquel anuncio. Y eso es lo que parece la maqueta del nuevo estadio: un pastelón al ponche. Existiendo además la posibilidad cierta de que el alcalde se lo tenga que comer él solito, sin un Celta que lo utilice. Se le puede indigestar y mucho el nuevo Balaídos al Caudillo o Duce Abel de Ponteareas. Por lo de pronto ya se le ha ido de las manos en algunos aspectos.

Un nuevo estadio que, si se termina, será llamativo; pero feo y pretencioso. Como el propio alcalde.

VER TAMBIÉN, DEL 21/10/2016:
A CABALLERO SE LE COMPLICÓ BALAÍDOS
DESDE EL PRINCIPIO


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