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Artículo publicado

02/01/2003

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ALTERNATIVA CASCO VELLO

La ciudad va recuperando un Casco Vello que durante las últimas décadas permaneció como el antiguo espíritu abandonado de la ciudad. El repunte cultural y comercial es evidente, aunque no a gusto de todos, debido a matices que tienden hacia el violeta.

ALTERNATIVA CASCO VELLO

Si se realizase una encuesta, se comprobaría que la mayoría de los ciudadanos no pisa el Casco Vello, y que un amplio porcentaje apenas lo conoce. Para muchos, la zona todavía representa marginación, mala movida nocturna y decadencia.

Algo de esto hay, sobre todo hubo; pero también se puede decir que allí se encuentran varias salas de exposiciones, dos bibliotecas públicas, que tiene su propia oferta gastronómica y que nuevos comercios con nuevos escaparates van haciendo su aparición.

Si se decidieran a visitarlo a partir de la primavera, estos vigueses se sorprenderían al comprobar la animación de sus calles, que son como un imán para los turistas. Y que la plaza de la Constitución es un espacio acogedor, con terrazas y cafés, uno de los lugares de encuentro más agradables de la ciudad.

Las nuevas tendencias del barrio

La Casa da Cultura Galega acoge la Fundación Penzol, la Biblioteca Central ocupa un magnífico inmueble de cantería, y la conocida como Casa de Arines, considerado el edificio más antiguo de la ciudad, es sede del Instituto Camoes, representación cultural de Portugal. Estos son centros digamos que oficiales, aunque muy abiertos.

Pero, sin duda, y para escándalo y posterior aflicción de los píos (no todos) miembros de la Asociación de Amigos de los Pazos, por el entorno a la catedral están tomando posición y cobrando vida corrientes culturales alternativas, que ellos, sin duda, verán como exponente de la degradación moral que nos ha tocado vivir y que otros protagonizan.

Por ejemplo, frente a la Casa de Arines, justo en el arranque de la calle Real, se encuentra la sede de la asociación Legais, organización de homosexuales vigueses. Para mayor desvergüenza, en el bajo del mismo edificio abrió hace poco una librería y tienda de regalos regentada por orgullosas y presumidas lesbianas.

Se llama Hades. Es un espacio bien concebido, de moderna decoración, en el que casi todos los libros y artículos que se venden son, por supuesto, temáticos.

Muy cerca, en la plaza de la Colegiata, y ya para aficionados al arte producido por autores de todas las tendencias, sexuales o no, está el mínimo local de Aguatinta, una boutique de obra gráfica. Ya saben, reproducción de grabados antiguos, litografía seriada, esto, lo otro y lo de más allá. Todo muy bonito, regalos de autor con sobreprecio Lepina.

El comercio del Casco Vello

Hace tiempo que cerraron la mayoría de los establecimientos tradicionales, las viejas mercerías, que van siendo sustituidos por tiendas más actuales, algunas de decoración, con muebles y artículos orientales, también comercios de ropa excéntrica, alguna muy explícita, rompedora, que se dice ahora. Aunque todavía permanecen Faro Vilano, con sus encajes de Camariñas; la Cerería San José; y un par de filatelias en la plaza de la Constitución.

También el taller de Paco Radio, en la calle Joaquín Yáñez, donde Javier Steinbrüggen, de los alemanes de la playa de los alemanes, en las Cíes, sigue la tradición familiar. Justo al lado, una clásica Almoneda, de las que ya se ven pocas, tiene interesante visita.

Naturalmente, en su calle, los cesteros dan permanente carácter y tipismo a la zona. Allí mismo se infiltró y abrió negocio un senegalés, un modesto locutorio telefónico.

A estos comerciantes seguro que no les importa la llegada de los nuevos inquilinos, al contrario, ni siquiera que justo al lado del templo más emblemático de Vigo traten de hacer negocio dos locales dedicados a temas y objetos exotéricos, cosas mas bien del diablo, que, como es bien sabido, tiene la eterna tendencia a rondar siempre los asuntos de la Iglesia.

Como decíamos, para algunos el barrio se estará pervirtiendo, mas que recuperando; pero así son los tiempos que corren.

Incluso el Mercado de la Piedra se ha convertido en un atractivo “mini mall”, por definirlo en lenguaje americano. A pesar de su larga tradición, también resulta bastante alternativo.

La gastronomía en las proximidades de la Colegiata

En cuanto a la gastronomía, en la plaza da Pedra mantiene su prestigio El Mosquito, ejerciendo de institución gastronómica de la ciudad y restaurante predilecto de forasteros con posibles y con buen apetito de marisco; pero los otros también comen, aunque van, más bien, de creppes, ahumados y quesos, que es lo que ofrece, en la calle Oliva, el restaurante Cre-Cotte, un local “gay-friendly”, en el argot del ambiente.

En la calle Triunfo se encuentra El Capitán, regentado por Jaime, buenos cuadros en las paredes y casi mejor empanada, jarrete y otras especialidades sobre las mesas. El patrón está algunos días de regular humor, y otros depende; pero eso no se lo toma en cuenta una clientela bastante fiel, que, eso sí, es bastante prudente a la hora de pedir los vinos que suelen apetecer. Saben que pueden subirse a lo alto de la cuenta.

Volviendo a la plaza de la Constitución, allí han comprado edificio y se están construyendo un palacio del jamón, o algo parecido, los del Jaqueyvi.

Tascas con espectáculo callejero son en verano El Chavolas y la Taberna Ramón, a la entrada de la calle Cesteros, que se pelean por el pequeño espacio en el que ambos deben distribuir sus mesas en el exterior. A veces hay mas que palabras entre los respectivos propietarios, ante unos asombrados turistas que ven peligrar la integridad de sus raciones. Los efluvios de las fritangas sí que los comparten sin problemas.

Y es una pena que recientemente haya cerrado un clásico como el Fai Bistés, en la calle Real. Aunque sólo sea por el nombre.

Conclusión para finalizar

El plan Urban, de recuperación arquitectónica del Casco Vello fracasó, no cumplió sus objetivos, debido a la ineficacia municipal y la mala administración de un dinero que, en buena parte, se fue por alcantarillas particulares hasta alojarse en cuentas, también particulares, domiciliadas en sucursales bancarias de O Berbés.

A pesar de ello, hay que insistir en que el barrio está tomando nueva vida, sobre todo está tomando otro ambiente, nunca mejor dicho para los que entienden.

Poco a poco, quiere convertirse en un pequeño Chueca de provincias, con una diferencia fundamental: aquí las que se empeñan en la promoción y llevan el timón de la movida son ellas, las chicas.

Una referencia y quizás el cogollo de la cuestión es el Plaff, de activista y muy activa propietaria. Por supuesto, se trata de un local nada recomendable, precisamente por estar recomendado en todas las guías gay españolas, aunque dicen que muy mezclado y divertido. Habrá que ir de incógnito algún día, mejor dicho, alguna noche.

Seguro que dentro de un par de años el Casco Vello habrá recobrado gran parte de la vitalidad que, dicen otras crónicas, tenía hace unas cuantas décadas.

Un reportaje de Blas Calzada.

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