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04/09/2006

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Apuntes históricos de la Construcción Naval en Vigo

En la actualidad, la Ría de Vigo concentra el 50% de la construcción naval privada española y sus astilleros atraviesan por un magnífico momento, con pedidos de decenas de barcos de todo tipo – ferries, quimiqueros, oceanográficos y otros – para ser entregados antes del 2010.

Apuntes históricos de la Construcción Naval en Vigo

Un sector cuyo desarrollo comenzó en el año 1892 cuando miembros de la familia Barreras – armadores y conserveros oriundos de Blanes, en la Costa Brava, establecidos en Galicia desde 1818 – decidieron fundar en el barrio del Areal el que podríamos considerar primer astillero moderno, como una evolución de las seculares carpinterías de ribera.
Este primer astillero Barreras se dedicó durante sus iniciales décadas a la construcción de pequeños pesqueros a vapor que tuvieron gran éxito y que se fueron transformando hasta convertirse en el modelo conocido como “Vapor tipo Vigo”, barcos rápidos y con un excelente navegar que se exportaron a todo el litoral español, desde el País Vasco hasta Alicante, siendo muy populares en las costas andaluzas e incluso en el norte de África.
También fueron adquiridos por la marina francesa para ser utilizados como dragaminas durante la I Guerra Mundial.
Aparición de otros astilleros
De aquellas primeras gradas de Barreras salieron nada menos que 400 vapores tipo Vigo entre 1892 y 1918.
El resultado de esta iniciativa empresarial llevó a otros industriales a levantar gradas también en el Areal. Son los casos de Sanjurjo, que poseía un taller de fundición llamado La Industriosa; o de la sociedad Troncoso-Santodomingo, que poseían otro taller, La Mecánica. En el litoral de Coia se establecieron Cardama (1917) y posteriormente Angel Armada.

Precisamente a Coia se iban a trasladar los Barreras en 1918, por la necesidad de ampliar sus instalaciones y para fundar lo que denominaron una Factoría Naval. Ya con la denominación Hijos de J. Barreras, allí se construyó en 1927 el primer pesquero con casco de acero y también el primero dotado con un motor diesel, lo que constituyó todo un hito, como lo fue el comienzo, ya en 1932, de la fabricación de motores marinos diesel bajo patente de la firma holandesa Werskpoor.

Los astilleros mencionados arriba también contaban con una considerable carga de trabajo sobre todo a base de pesqueros destinados al caladero del Gran Sol, en la actualidad oficialmente denominado Irish Box.

Desarrollo tras la guerra civil

Tras la Guerra Civil, la necesidad de ampliar la flota pesquera y una Ley de Crédito Naval impulsaron la construcción naval. Entre los años 1940 y 1950 la flota gallega casi duplicó su tonelaje, ya con la incorporación de Vulcano, importante taller de calderería que decidió transformarse en astillero. Y en 1949 Barreras, que ya contaba con dos gradas de 120 metros, consigue contratar sus dos primeros buques mixtos de carga y pasaje, el Ciudad de Huesca y el Ciudad de Teruel, ambos de 79 metros de eslora.

A partir de 1955 los astilleros mayores, Barreras y Vulcano, ya sólo construyen barcos de acero, como también lo hace Freire. Es la época de los grandes bacaladeros de 60 metros de eslora que pescaban en Terranova y que las empresas MAR y Copiba encargaban a Barreras y Vulcano.

Aparecen los arrastreros congeladores

La aparición de Pescanova y su gran apuesta por los caladeros lejanos y el congelado de la pesca a bordo va a propiciar un gran crecimiento y también progreso técnico de la construcción naval en la Ría de Vigo, al comenzar la construcción de pesqueros de arrastre por popa, tanto congeladores como no congeladores.

Barreras, Vulcano, Freire y Santodomingo siguen el camino marcado ahora por Ascón (Astilleros y Construcciones), que recibe de Pescanova el encargo de sus dos primeros barcos (Lemos y Andrade) y de todos los siguientes de la compañía pesquera, consiguiendo así adelantar a Barreras en tonelaje. En su construcción se sustituyen los remaches por la soldadura eléctrica y se hace por bloques.

Barreras, cuya plantilla rondaba los 1.800 trabajadores, seguía fabricando motores diesel; pero sustituyó su antiguo acuerdo con Weskpoor por otro con la alemana Deutz.

En estos años sesenta se comenzaron a construir arrastreros, arrastreros congeladores y camaroneros para Egipto y Chile, entre otros países; pero sobre todo para Cuba, que encargó en Vigo casi toda su flota pesquera.

La gran crisis que comenzó en los setenta

A principios de esta década se produce una caída en la demanda de arrastreros congeladores, sobre todo a causa del exceso de oferta de merluza congelada en el mercado español.
Pero la situación iba a empeorar considerablemente debido a un contexto de crisis económica internacional en España agravado por una alta conflictividad laboral promovida por el ilegal Partido Comunista a través de Comisiones Obreras en el marco de la transición política. En 1972 tuvo lugar en Vigo una huelga general, seguida de numerosas movilizaciones en aquellos años, en los que los astilleros se vieron al borde de la quiebra y se perdieron miles de puestos de trabajo.
El astillero Hijos de J. Barreras decidió aceptar el encargo de dos grandes plataformas petrolíferas contratadas a un precio fijo en dólares que resultó excesivamente bajo al verse afectado por dos devaluaciones de la moneda americana, en 1971 y 1973. Esto, unido a los conflictos laborales, llevó al astillero a la quiebra. En 1976 pasó al ente estatal INI por el precio simbólico de una peseta.
Ascón terminó por desaparecer en los primeros 80 y los demás pasaron por muy graves dificultades en los años siguientes.
La situación actual
Como decíamos al principio, tras décadas de dificultades los astilleros de la Ría atraviesan por un buen momento.
Barreras, tras su paso por el INI y la Sepi, volvió a manos privadas en 1997, construyendo hoy en grandes ferries y hace unos años buques ro-ro y atuneros. También Vulcano cambió de propiedad, se especializó en los últimos tiempos en buques quimiqueros y acaba de adquirir Izar Gijón.
Los otros astilleros gozan también de buenas carteras de pedidos, entre ellos oceanográficos destinados a la renovación de la flota científica española.
Hay que destacar, asimismo, la importancia que ha cobrado en la Ría de Vigo la construcción de embarcaciones deportivas y de recreo en los últimos quince años, con varias marcas punteras en los mercados nacional e internacional.
Coincidiendo con todo esto, hay que señalar que en el pasado mes de Mayo se celebró la primera edición de Navalia, Feria Internacional de la Industria Naval, que contó con 200 expositores de 30 países y a la que acudieron unos dos mil visitantes profesionales.

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