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Artículo publicado

18/01/2010

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CAMBIANDO CROMOS

Si, si, si; no… Aún recuerdo aquella cantinela que, siendo unos críos, nos mantenía atentos al pase de los cromos del amigo, en busca de los que faltaban en nuestra colección, por si podíamos cambiar los repetidos nuestros por el repetido del amigo y que no teníamos. De lo que entonces no podía ser consciente … Continuar leyendo "CAMBIANDO CROMOS"

CAMBIANDO CROMOS
Si, si, si; no… Aún recuerdo aquella cantinela que, siendo unos críos, nos mantenía atentos al pase de los cromos del amigo, en busca de los que faltaban en nuestra colección, por si podíamos cambiar los repetidos nuestros por el repetido del amigo y que no teníamos.
De lo que entonces no podía ser consciente es de que aquella cantinela tendría vida varios decenios después y ampliado su ámbito a toda la ciudad. Porque en Vigo llevamos la tira de años cambiando cromos. Si se paran a pensarlo, aquí hemos cambiado estatuas por fuentes, fuentes por estatuas, plazas ajardinadas por plazas duras, edificios de significativa arquitectura por mamotretos de dudoso interés, calzadas ya insuficientes para el tráfico rodado por aceras excesivas para el desplazamiento peatonal, sentidos de circulación por sus contrarios. En fin, que si un paisano se hubiese ausentado de la ciudad durante los últimos 20 años, a su regreso no se encontraría casi nada donde lo recordaba.
La última sustracción (last, but not least) le ha tocado a una escultura, que Xuxo Vázquez ideó y construyó con ocasión de aquel Mundial 82 que permitió unos tímidos e insuficientes cambios en el estadio de Balaídos y su entorno. Me sumo a mi manera a la protesta iniciada en Facebook. En mi caso se trata menos de expresar mi admiración por el trabajo de Xuxo que mi frontal oposición a que sigamos cambiando cromos, porque lo cierto es que tenemos la colección completa y no hay por qué seguir con el “sipi, nopi”.
Sin entrar en cuestiones de gustos, que uno no tiene la capacidad de nuestros munícipes para sentenciar qué es feo o que es bonito, qué bello y qué horroroso, o qué estético y qué antiestético, no se me antoja quién va a beneficiarse de este nuevo cambio, como no sea el autor (y familia) de la nueva escultura, ahora en granito, con la que han sustituido la sugerencia olímpica que Xuxo Vázquez había realizado en hierro.
El autor, naturalmente preocupado por su obra, por mucho que se la haya vendido al Concello, sigue sin saber qué ha sido de ella y sin recibir ni la más mínima explicación. Al principio dijeron que se la llevaban para repararla, o para hacerle un gotelé, o qué sé yo. Pero el caso es que alguien parece haberla cambiado como antes se cambiaban los cromos, porque aquel entorno había que dotarlo de algo “más bonito”.
Para algunos se trata de un atentado, para otros, simplemente una sustitución como las de siempre, en las que ninguno de nosotros ganamos pero alguien se beneficia. Que el beneficio sea crematístico para algún allegado a alguien de la corporación municipal, como fue el caso del bodrio ese que nos endilgó Corina frente al Náutico y que representa un señor sentado sobre unas morrocotudas almorranas, o simplemente más ajustado a la carencia de gusto de cualquier político ascendido por su partido para representar a los ciudadanos, es lo de menos. Porque lo verdaderamente esencial es cambiar; cambiar lo que sea por lo que sea, pero cambiar.
Si hasta hemos cambiado las dunas de Samil por un espacio con vocación de sustituir a la playa a base de inventarse “ríos navegables”, un remedo tipo “famobil” de la ría y trasmutar la arena de las dunas en losetas más caras, ¡qué no podremos esperar de quienes deciden que lo que estaba aquí lucirá mejor allí! Corina, que también juega, considera oportuno cambiar el Plan Nouvel por la fuente cibernética, cuatricrómica, polifónica y mega guay.
De la capacidad crítica del alcalde sabemos que hay muy poco que decir; pero como portador de un ingenio sin calificativos, Caballero resulta casi insuperable. Miren ustedes por donde, el autor de la nueva escultura la había llamado “Feil”; a Caballero enseguida le entró en funcionamiento el aparato de las coincidencias y cayó en la cuenta de que aquella era la escultura apropiada: “¡Se llama FEIL, como el FEIL!”. O sea que para que todo encaje (no tengo idea de cómo), levantamos un monumento al Fondo Estatal de Inversión Local (FEIL) y nos deshacemos de esos hierros que no sabemos muy bien a qué venían.
Y, ahora, voy yo y me cabreo porque están sustituyendo la historia por las ocurrencias de un alcalde desnortado. La escultura retirada y de momento en paradero desconocido fue encargada como homenaje y recordatorio a que en Balaídos se celebró el Mundial de Fútbol de 1982. Se supone que con clara vocación de permanencia en el tiempo y el espacio, la escultura tiene un sentido; la que la sustituye, al parecer, sólo se justifica porque el astuto autor la ha bautizado con el nombre del Fondo con cuyo dinero le habrán pagado.
Miren ustedes, señores munícipes, dejen de marearnos con trasmutaciones injustificadas; dejen de gastarse nuestros dineros en sus inútiles ocurrencias, y pónganse a hablar de lo que nos interesa. Y entre las cosas que nos importan un pito están los gustos personales del alcalde, del teniente de alcalde o de cualquiera de sus conmilitones, porque no les pagamos para que se aprovechen y nos hagan la ciudad a su gusto, sino para que se anden con un poco más de cuidado a la hora de hacernos las cosas al nuestro.
A lo mejor, preguntando podrían enterarse de algo.
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