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31/01/2011

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COINCIDENCIAS SIGNIFICATIVAS

A principios de 1971 llevaba yo algunos meses haciendo un meritoriaje “sui generis” en la emisora local de la REM, La Voz de Vigo. Tras dejar listo el primer informativo del día, a las nueve de la mañana, solía tomarme un café y un cruasán en la cafetería Marbella, que entonces estaba en Colón, un … Continuar leyendo "COINCIDENCIAS SIGNIFICATIVAS"

COINCIDENCIAS SIGNIFICATIVAS
A principios de 1971 llevaba yo algunos meses haciendo un meritoriaje “sui generis” en la emisora local de la REM, La Voz de Vigo. Tras dejar listo el primer informativo del día, a las nueve de la mañana, solía tomarme un café y un cruasán en la cafetería Marbella, que entonces estaba en Colón, un poco más abajo del edificio de la Caja de Ahorros Municipal de Vigo que ya dirigía Julio Fernández Gayoso.
Por entonces era alcalde de Vigo Antonio Bernardino Ramilo Fernández-Areal, quien poco antes había sustituido a Rafael J. Portanet Suárez en la presidencia de la corporación municipal. Se comentaba entonces (no sé si sería exacto) que la caída de Portanet, quien disponía de “carta blanca” otorgada por el entonces Ministro de Gobernación, el todopoderoso general Camilo Alonso Vega conocido como don Camulo, se había precipitado por un enfrentamiento con la Hermandad de Alféreces Provisionales. Por lo visto, Portanet había decidido cumplir el acuerdo corporativo de dedicar una calle al “Alférez Provisional” colocando por sorpresa el correspondiente rótulo en lo que era la Bajada a la Estación. La decisión no gustó en el ámbito de los ex combatientes, que esperaban una vía de más categoría, y tras un estentóreo enfrentamiento verbal con Portanet en la Alcaldía la Hermandad viguesa removió los sentimientos de un general, destacado en la guerra civil desde la que había ascendido partiendo de Alférez Provisional. El resultado fue, por lo visto, la sustitución de Portanet por Ramilo. Claro que ya llovía sobre mojado, después del escándalo del frustrado pelotazo urbanístico de la margen izquierda de la Gran Vía, del que Portanet se salvó por los pelos, y la acusación por cohecho a su corporación por la concesión a Vitrasa del servicio de transporte colectivo de viajeros, que obligó a Ramilo a presidir una gestora que completó los puestos vacantes de los concejales condenados por el citado cohecho.
El caso es que Ramilo también tenía la costumbre de tomarse un cafelito mañanero en la barra del “Marbella”, que acompañaba indefectiblemente con dos churros y un vaso de agua. Muchas veces coincidíamos y, sin que él supiese de qué iba yo, se ponía a largar cosas que no diría ante un periodista.
Un “gol” urbanístico
En aquellos primeros meses del 71, Ramilo preparaba el que sería Primer Plan General de Ordenación Urbana de Vigo, y tuvo a bien alardear ante mí de su habilidad para “mejorar” el PGOU ante el Director General de Urbanismo, Emilio Larrodera. La hábil negociación concluyó, según el alcalde, metiéndole un gol a Larrodera para que aceptase que la calle Sanjurjo Badía, que la Dirección General de Urbanismo pretendía de “edificación alta abierta”, pasase a regirse por la ordenanza de “edificación alta cerrada”. De la diferencia entre una y otra puede dar idea el evidente “cierre” actual de aquella vía.
Ramilo, antiguo alumno del colegio “Santiago Apóstol” que regían los Jesuitas en aquella calle, proporcionó a la Compañía de Jesús un saneado negocio al incrementar sustancialmente el valor de los terrenos que poseía. No pasó mucho tiempo hasta que los Jesuitas vendieran la parte de su finca lindante con Sanjurjo Badía. Faltaría más. Y allí se construyó lo que ustedes pueden comprobar dándose un paseo por aquel tubo de la risa en que se convirtió la calle.
Una curiosidad de aquel PGOU que tardaría algunos años en ser actualidad, era que ya se contemplaba en él un paso elevado para comunicar Lepanto con Gran Vía. Todavía no se había decidido el trazado de la Autopista del Atlántico que la haría entrar en la ciudad sobrevolando la calle Alfonso XIII y discurriendo a la altura de un segundo piso a lo largo de Lepanto. Pues fue esa previsión del PGOU de Ramilo la que permitió concebir aquel acceso de la autopista a la ciudad, el “scalextric”, que nunca llegó a usarse para ello pero ofreció durante algún tiempo una atalaya sobre Urzaiz (antes José Antonio, antes Urzaiz) y un magnífico paseadero para las necesidades de los perros domésticos.
De derribar el scaléxtric se encargaría Manoel Soto Ferreiro, quien se hizo retratar a finales de mayo de 1986, junto al entonces ministro de Obras Públicas, Javier Sáez de Cosculluela, con un “pico” neumático en actitud de perforar la piel de aquella estructura de hormigón. Luego, ambos se dieron una vuelta por Redondela, donde ya reinaba Jaime Rey, y donde pocos días después se celebraría la tradicional fiesta de “La Coca”.
Decía no sé quién que no hay casualidades, sino coincidencias significativas, que son “algo más que mera casualidad”, según K. G. Jung.
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