Unos por otros

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Artículos de Antonio Ojea publicados entre 15/09/2008 y 01/01/2012

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LA GUINDA

Unos por otros

LA GUINDA

COMO UN PERRO

COMO UN PERRO
Por lo visto, cada cierto tiempo alguien advierte que algo está en peligro y, si no tiene nada mejor que hacer, pone en marcha una campaña salvadora. Un día son las ballenas, otro el lince ibérico y otro el mismísimo idioma castellano. Algunas de esas campañas están pefectamente justificadas porque lo que se pretende proteger está, efectivamente, en peligro. Y, también, algunas veces el peligro está en los mismísimos protectores.
Ésta va de idiomas y del peligro que corre, aunque muchos no lo vean, la lengua de Cervantes. Es una evidencia, por mucho que haya quien se niegue a verlo por simple incultura o indocumentación. Yo me apunto al bando de los que temen por el futuro del castellano, aunque me parece que los últimos adalides de esta campaña tienen una berza de no te menees.
En mi socorro, voy a traer hasta aquí al mismísimo Gabriel García Márquez que, por lo que decía no hace mucho en “El País”, todos los días sufre un sobresalto: “Cada mañana es un desastre; sufro como un perro”, dice. Y, ¿por qué sufre Gabo? Pues porque al leer los periódicos se ve asaltado por barbaridades lingüísticas, morfológicas, sintácticas y conceptuales. Él dice que es porque “actualmente, los periodistas no tienen tiempo de escribir”. Pero yo creo que no es por falta de tiempo, sino porque esto de escribir es “una vaina” que se retroalimenta. Uno tiende a escribir como lo que lee. Y ¿qué es lo que leen hoy algunos periodistas?: en general, a otros periodistas. Aunque lo peor no es lo que leen, en caso de que lean, sino lo que escuchan.
Efectivamente, el castellano está en peligro y habrá que acudir al rescate. Pero no es por culpa del gallego, el catalán o el euskera; ni por las políticas de “inmersión” o de “normalización” de esas puñeteras comunidades autónomas que parecen no querer una “España Una y no Cincuentayuna”, sino porque en los periódicos y en las emisoras de radio y de televisión cada vez se exige menos ser versado en el idioma que se utiliza.
De entrada, me deja estupefacto la forma en que han tomado carta de naturaleza expresiones tan cautelosas como “bastante” o “un poco”, colocadas justo delante de cualquier frase. Son cautelas de incapaces, que creen protegerse contra la discrepancia, relativizando. Así, resulta que aquí se está proscribiendo, de facto, cualquier “muy”. “La fiesta fue bastante divertida” deja, efectivamente, mucho más margen que decir que ha sido “muy divertida”, pero es que hay fiestas “muy divertidas”, ¿o no? Por lo visto, aquí se trata de no mojarse mucho.
Esa sobreprotección del propio juicio nos permite asistir a expresiones como que una señora está “un poco embarazada”, y se corresponde con lo que en alguna ocasión he llamado “loquesismo”; es decir, colocar un “lo que es”, delante de cualquier definición. No sé por qué hay tanta gente a la que le parece correcto decir que “tenemos que ir por lo que es el parque”, con lo fácil que es decir “tenemos que ir por el parque”.
Y, por si no quedase claro que este tipo de comportamientos están poniendo en peligro el idioma castellano, déjenme que les relacione algunas expresiones escuchadas en la tele, por presentadores, opinadores o entrevistados:
“Con tanta lluvia luego se abre aquí un sobacón”(encuesta callejera en Televigo)
“Ahora está en un impás de espera”(fascinante pleonasmo de una mona locutora, en la tele)
“Me pones en un membrete(A. Lecquio, con la Campos)
“Así no puede desplegar toda su amalgama de golpes” (locutora en retransmisión de tenis, en la 2; ¿se imaginan la amalgama?)
“Con el efectivo de embellecer la ciudad” (bustoparlante femenino en informativo de Televigo).
 “Es una situación infortuita” (árbitro Andújar Oliver, en “La sexta”, supongo que al asaltarle dudas sobre si “infortunada” o “fortuita”).
¿Está o no en peligro el castellano?

Pues eso; que yo también sufro como un perro.

ANTONIO OJEA

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