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09/01/2011

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CUANDO EL SEXAGENARIO CASCOS SE PASEÓ POR VIGO

A Cascos, que este año cumplirá los sesenta y cuatro, le molestó no poco que el alcalde de Oviedo le llamara sexagenario, lo que consideró un insulto quizás porque su ahora tercera esposa, la coruñesa María Porto, tiene veintidos años menos y él pretende comportarse como uno de cuarenta.

CUANDO EL SEXAGENARIO CASCOS SE PASEÓ POR VIGO

Corría el mes de Noviembre del año 2006 cuando las calles de Vigo acogieron, en un espectaculra despligue, las veintidos esculturas gigantes del artista polaco alemán Igor Mistoraj.

Una muestra urbana que ya había pasado por Granada, Valencia y Palma y que posteriormente se trasladaría a otras ciudades españolas con el apoyo económico de la Caixa, que corría con todos los gastos de traslado y montaje de las piezas. Mientras que los ayuntamientos del Partido Popular de las ciudades visitadas abonaban a Aqualium Arte, la empresa de Alvarez Cascos y su señora, un alto canon por acoger las piezas en sus calles (unos meses antes, en Febrero del mismo año, trajeron a Caixanova otra muestra, en este caso de pintura)

Negocio redondo, sin costes y con grandes beneficios, a eso se dedicaban el ex vicepresidente de gobierno de Aznar y su tercera consorte, María de la Hoz Porto. Una chica que comenzó como recepcionista de una galería de arte internacional y que, tras su emparejamiento con Cascos, terminó por convertirse en gran promotora de arte internacional callejero. Cuyo nombre completo, con el de la Hoz incluido, se debe a que su padre, José Antonio Porto, destacado guionista del cine español, siendo un comunista convencido quiso así hacer una especie de homenaje a la causa, eso se dice.

Pero quien le iba a decir a él que la chica, ya crecidita, tiraría por el otro lado y se uniría a un destacado representante de la más pedernal derecha pepera, verdadero martillo pilón en lo suyo.

Con los rendimientos obtenidos en aquella y otras exposiciones itinerantes –  en conjunto estimados en unos cinco millones de euros desde 2004 – la pareja montó sociedades dedicadas a negocios inmobiliarios.

EL PRINCIPAL RESPONSABLE DEL DESASTRE DEL PRESTIGE

 A un tipo tan hosco como Alvarez Cascos no se le puede suponer mayor sensibilidad hacia las artes plásticas, por lo que cabe suponer que su implicación en estas andanzas se debió, más bien, a su contrastada afición por las señoras jóvenes, en este caso mezclada con clara apetencia de beneficios mercantiles. Apoyada también la inciativa en su condición de relevante miembro del Partido Popular.

Aficionado a la caza, el por entonces ministro de Fomento se encontraba de cacería con Fraga, a mediados de Nviembre de 2002, en una finca de Fernández Tapias, el día que el petrolero Prestige anunció dificultades y pérdida de carga frente a las costas de Galicia. Cuando tanto a él como a Fraga se les comunicó la situación, ninguno de los dos quiso abandonar en aquel momento la actividad cinegética (es famosa la respuesta telefónica de Fraga a Rajoy, ministro de la Presidencia: "Estoy con uno de los mayores expertos en el transporte de hidrocarburos", refiriéndose a Fefé)

Tras por fin haber empaquetado la escopeta, fue el propio Alvarez Cascos el que tomó la peor de las decisiones posibles y contraria a cualquier dictamen técnico: alejar el barco de la costa, con lo que, al partirse en dos y hundirse, se multiplicaron las dimensiones del desastre posterior, llegando el crudo incluso a las costas de Francia. Eso sí, lo hizo incitado por el alcalde de A Coruña, que logró de esta manera evitar la más lógica de las opciones: meter el barco, cuando aun se podía, en el puerto de la ciudad herculina y trasvasar allí su carga a las instalaciones de la refinería.

Posteriormente, en un consejo de ministros celebrado en A Coruña – como en los tiempos de Franco -, Vázquez logró convencer al gobierno de Aznar para la construcción de un aberrante puerto exterior definido como "puerto refugio", cuando casi todo el mundo sabe que los únicos puertos refugio que existen son los naturales y que nunca podrá ser utilizado como tal un puerto artificial ubicado en la zona más batida de la costa, de mar violento, con frecuencia azotada por los temporales. 

En 2003, para premiar su destacado papel y responsabilidad en el mayor desastre ecológico padecido por nuestro país y uno de los mayores que tuvieron lugar nunca en Europa, Manuel Fraga Iribarne, como presidente de la Xunta, tuvo a bien conceder Francisco Alvarez Cascos la medalla de oro de Galicia.   

Solo seis años más tarde, Alvarez Cascos y su señora coruñesa, María de la Hoz Porto, trajeron a Vigo no chapapote, sino arte en la calle. También recompesado en metálico; pero esta vez contante y sonante, del que repica en cuenta corriente.

 
¿Y la foto de Perly arriba? Pues nada, para que no se diga que nos olvidamos de ella. La ponemos así, tan guapa y sonriente, porque, como alcaldesa de entonces, fue la perfecta anfitriona de los Alvarez Cascos, amable, atenta y detallista. Encantada de poder ofrecer a los vigueses la presencia de la pareja. Y, por supuesto, cumplió en tiempo y forma a cargo a las arcas municipales.

Una de las razones que se apuntan para explicar el esperpéntico regreso de Cascos a la política es que ya no le iba tan bien el circo de los negocios de arte itinerante por feudos del PP, ni los inmobiliarios, en un entramado conformado por nueve empresas.

Sin embargo, el patrimonio acumulado por la pareja ronda, según coincidentes informaciones aparecidas en distintos medios, los ocho millones de euros.

R.EIRAS
 

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