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CUANDO FERNÁNDEZ SOUSA Y PAZ ANDRADE JUNTOS TRILEARON A DON MANUEL

La foto tiene más de dos décadas, es de 1996. La antigua Pescanova se encontraba por primera vez al borde del precipicio, en una situación financiera crítica y a punto de ser absorvida por la multinacional holandesa Unilever.

CUANDO FERNÁNDEZ SOUSA Y PAZ ANDRADE JUNTOS TRILEARON A DON MANUEL

Ante la coyuntura tan extrema a los dos colegas al mando, siempre los más listos, los que habían conducido la empresa a la ruina técnica, a Manuel Fernández Sousa y Alfonso Paz Andrade no se les ocurrió otra cosa que recurrir a Manuel Fraga, supremo presidente de la Xunta de Galicia, para que acudiera en su auxilio.

Fraga se prestó y ellos montaron el numerito cara a la prensa. Para recibirlo, se enfundaron batas blancas y se colocaron unos ridículos gorritos alpinos de inspiración tirolesa, distinguiendo con otro similar a Don Manuel, también con el logo de Pescanova. En la fotografía se aprecia como le venden la moto en forma de caja de langostinos, un envase probablemente lleno de papeles mentirosos y de facturas, falsas unas y otras que estarían sin pagar. Una especie de timo a base de muchas estampitas.

Fraga se dejó embaucar y, en una insólita decisión por parte de un gobierno autonómico, reflotó la compañía pesquera con la suscripción de 800 millones de pesetas en obligaciones de la empresa, lo que venía  a ser el 84% de la inversión del Igape aquel año. Unos fondos públicos en realidad aportados por todos los gallegos que sirvieron para, en aquel momento, salvar a la ya pésimamente gestionada Pescanova que así podría retener sus inversiones foráneas, esto en evidente perjuicio de otras empresas gallegas administradas de otra manera y asumiendo de verdad sus riesgos.

Lo que tuvo, además, otras derivaciones: como consecuencia de la operación pudo entrar posteriormente Caixagalicia en Pescanova para, de manera paulatina, llegar a hacerse con más del 20% de la compañía y convertirse así la desaparecida entidad coruñesa en primer accionista de la misma.
                                   
Lo que también le sirvió a Paz Andrade para, convenientemente, colocarse en el consejo de administración de Caixagalicia, llegando a ocupar la vicepresidencia y de esta manera gozar de unos magníficos créditos preferentes destinados o no a sus diversas inversiones.

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En los años siguientes el colchón financiero de Caixagalicia lo utilizaron los irresponsables de Pescanova para persistir en sus machadas empresariales, las que con el tiempo terminaron por llevar a la empresa a la quiebra definitiva.

Los cargos a los que ahora se enfrentan Fernández Sousa y Paz Andrade son los siguientes:

Falseamiento de cuentas, información financiera adulterada, estafa, alzamiento de bienes, blanqueo, insolvencia punible, falsedad en documento mercantil, uso de información relevante e impedimiento de la actuación del organismo superior.

Sumado todo ello (el número de facturas falsas emitidas en los años anteriores a 2013 e incorporadas al sumario parece ser que asciende a unos cuantos miles) tras el juicio que se celebrará en los próximos meses a estos presuntos delincuentes, reconocidos funambulistas financieros siempre en el alambre, su actuación al frente de Pescanova les puede suponer por separado a ambos – también a otros imputados que actuaban a su servicio – un buen puñado de años de cárcel, ya que se estima que el fiscal solicitará hasta treinta de condena.

En el caso concreto de Alfonso Paz Andrade, en el año 2012 vendió un paquete de 200.000 títulos al precio de 15 euros cada uno, por un montante entorno a los tres millones de euros.

Y en 2013, poco antes de la quiebra definitiva de la antigua Pescanova, otro de 150.392 acciones a un precio similar, por lo que se embolsó otros 2,5 millones.

Todos los pequeños accionistas que no tenían la misma privilegiada información interna que el personaje hoy encausado y que, tras comprobar que sus títulos valían en realidad nada, perdieron sus ahorros en la antigua Pescanova estarán hoy deseando que se celebre cuanto antes ese juicio y que resulte en las más contundentes condenas para los imputados.

R. EIRAS

Tras el rescate de la empresa en 1996 a cargo de la Xunta de Galicia, las relaciones de la Pescanova de Fernández Sousa y Paz Andrade con el Partido Popular siguieron siendo magníficas.
Tanto que en 2005 la Xunta se disponía a permitir a la compañía la construcción de una macroplanta de producción de rodaballo en un espacio natural protegido, el de Cabo Touriñán, en la Costa da Morte.
Una barbaridad que ni siquiera contaba con estudios medio ambientales previos, un proyecto que finalmente se pudo evitar gracias a la derrota electoral de Fraga en Junio de aquel año. Sin embargo, tras los comicios, el gobierno de los Populares, estando todavía en funciones, tuvo la desverguenza de aprobarlo.

La pretendida salvajada ecológica tuvo que ser revocada por el nuevo gobierno bipartito que, a continuación, debió enfrentarse a las amenazas de Fernández Sousa, el cual, a pesar de que se le ofrecieron otras ubicaciones alternativas, terminó por engatusar al ejecutivo portugués, llevándose, con ayudas oficiales, la planta a la localidad de Mira, entre Aveiro y Figueira da Foz.

Lo que terminó, naturalmente, en un nuevo desastre empresarial.

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