En portada

Artículo publicado

12/01/2014

vigoempresa vigoempresa

Comparte en

DE GAIÁS AL OBRADOIRO EN BICICLETA

No podemos conocer la reacción de Manuel Fraga desde su morada en el firmamento de los pequeños aspirantes a faraones contemporáneos. Su llamada "Ciudad de la Cultura" y la gran Compotela de Xelmírez quedarán unidas el día 14 de Septiembre, jornada de la última etapa de la Vuelta a España, por un virtual cordón umbilical protagonizado por ciclistas internacionales de piernas depiladas. Puede que le moleste.

DE GAIÁS AL OBRADOIRO EN BICICLETA

Es algo que nunca podía haber imaginado Manuel Fraga, a quien de niño en su Vilalba natal, de la que su padre fue alcalde en la dictadura de Primo de Rivera, le llamaban "cu gordo". Un Fraga que, debemos suponer, jamás montó en una bicicleta. Resulta difícil visualizarlo de jovenzuelo incluso pedaleando forzadamente en llano, no digamos cuesta arriba o cuesta abajo.

Sus mayores hazañas físicas publicadas fueron, ya siendo mayor, el famoso baño de Palomares, en 1966; y, mucho más recientemente, el enfundarse para una foto la camiseta del Deportivo, que era su equipo.

De todas formas, de manera bastante estrafalaria, tergiversada a pedales, se cumple una parte del sueño que Fraga tuvo en vida: terminar por ser referenciado junto con Xelmírez, el inventor en el Siglo XII – junto con la orden de Cluny, el Papa Calixto II y el monarca Alfonso VII – del Camino de Santiago. El arzobispo Diego Xelmírez fue el gran arquitecto de la Compostela que surgió entonces y que con el transcurrir de los siglos se fue convirtiendo en lo que es hoy, una ciudad de referencia universal.

LA CIUDAD DEL FARAÓN DE VILALBA

Fraga gobernó Galicia a lo largo de 15 años, entre 1990 y 2015, a partir de mayorías absolutas siempre sustentadas en los votos con frecuencia "carrexados" de las comarcas más atrasadas, sobre todo del interior, donde el déficit cultural se puede considerar endémico.

En lugar de destinar partidas presupuestarias para intentar paliar este problema en forma de dotaciones para la educación, creación de nuevos centros de enseñanza, mejorar el nivel de las universidades, invertir en investigación, etcétera, a Fraga no se le vino a la cabeza mejor idea que crear su "Ciudad de la Cultura", un complejo de dimensiones dinosáuricas encargado al arquitecto americano Peter Eisenman y que se tragó cientos de millones de euros. Cuyo mantenimiento, paralizadas las obras tras su desaparición de la escena política, sigue siendo una tremenda losa para las presupuestos de la Xunta.

Sólo a un personaje tan desmesurado como Fraga, en realidad un enfermo, en una senilidad todavía más aquejada de ego perverso y ansias de posteridad, se le podía haber ocurrido construirse – con el dinero de todos los gallegos – su propia y artificial "Ciudad de la Cultura" junto a una ciudad como Santiago de Compostela, que es cultura de siglos en sí misma.

MIL DOSCIENTOS GAITEROS EN SU TOMA DE POSESIÓN

En el mes de Septiembre los ciclistas de la Vuelta a España finalizarán su recorrido en la mismísima Plaza del Obradoiro, tras diez kilómetros contra reloj desde la "Ciudad de la Cultura" de Fraga. Hay que esperar que sean tan puntuales como lo era Don Manuel.

Aunque igual no está muy contento Iribarne de segundo en su cielo o purgatorio. Puede que piense que la celebración de esa ruta de la ciclocultura se trata de una burla que le ha tocado en justicia por sus actos de demencia terrenal.

Mejor, sin duda, le gustará recordar el 5 de Febrero de 1990, la fecha de su primera toma de posesión, en la que llenó el Obradoiro con 1.200 gaiteros e hizo repartir 500 litros de queimada. Con el mayor propósito, ocho siglos después, de darle en las narices y en la orejas a Diego Xelmírez.

Ahora aquí estoy yo, debió pensar Fraga. Esto ya es mío; pero además te voy a fastidiar la historia con una nueva ciudad de la cultura mucho mejor.  Una ciudad que, desviando fondos que deberían ser destinados a la mejor educación de los gallegos, manteniendo a muchos en la ignorancia, me va a a seguir dando votos en el más allá.

Servidor primero de un dictador (Franco), posteriormente amigo de un tirano (Castro) y siempre admirador confeso de un sátrapa (el dominicano Joaquín Balaguer), los sueños faraónicos de Fraga los seguiremos pagando todos. Un Fraga que, desde luego, no alcanzará la gloria póstuma a la que aspiraba a través de su "Ciudad de la Cultura". De los gaiteros a los ciclistas.

J.L. FRAGOSO

¿Y DEL PASO DE LA VUELTA POR VIGO?
DE ESO YA HABRÁ TIEMPO PARA COMENTAR


Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Print this page