Punto de Mira

Artículo publicado

18/09/2020

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El hombre de la roca

Parece un cormorán casi al anochecer. Le gustaría tener alas negras, abrirlas y volar calmo, solitario sobre las aguas silenciosas sin olas dela Ría

El hombre de la roca

Se puede adivinar que no lleva mascarilla aunque sí boina bien calada; y sabe que el gran crucero entrando no es tal, que se trata de un espejismo. Prefiere recordar un pasado cercano, quizás también imaginar y temer un futuro nada lejano. Ya jubilado, estará probablemente pensando en el mañana que  aguarda a los suyos. O no, quién sabe.

Su pequeño mundo ha cambiado y se encuentra derivando de una manera incierta; pero el hombre de la roca tiene la Ría con sus Cíes, que para él son protectoras. Esto no se va a alterar. Lo percibe, por eso se ha subido a la roca. Para mimetizarse, meditar, respirar, confortarse.

Aunque el coronavirus se quede por largo tiempo, hay esperanza. Al para este hombre que tuvo la inspiración – cuestión de sabiduría vital – de subirse a una roca para seguir siendo él y así aprovechar para sentir unos momentos mágicos.

Qué bien estábamos, habrá pensado en algún momento. Y no lo sabíamos.

Pero tenemos los vigueses la suerte de vivir junto a una Ría como la nuestra, de la que, de distintas maneras y cada día, todos formamos parte. Como muy bien ha entendido el hombre de la roca.

El gran crucero será un espejismo. Pero todo lo demás es real y otros barcos siguen entrando por Cíes con mercancías de procedencia lejana para después irse con diferentes manufacturas locales. Lo seguirán haciendo.

V.E

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