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EL HOMBRE QUE NOS ENSEÑÓ
A RECOLECTAR SETAS

Al contrario que en otras zonas del país como Cataluña o País Vasco, siempre de gran tradición en su consumo, donde incluso existen acotados de setas, también de otros lugares de España, por ejemplo Soria o Zamora, de gran riqueza micológica, los hongos silvestres no se recogían en Galicia hasta los años setenta del siglo pasado. Una riqueza natural y gastronómica que se perdía todos los años.

EL HOMBRE QUE NOS ENSEÑÓ | A  RECOLECTAR SETAS

En la fotografía Cantharellus Cibarius, setas también conocidas como rebozuelos o cantarelas, para muchos aficicionados simplemente ´cantas´, dependiendo del año bastante abundantes en nuestros montes. De pequeño tamaño crecen en grupos y son muy apreciadas por su delicado sabor.

El señor que parece tan antiguo era todo un personaje en su época. Es Antonio Odriozola Pietas, quien jamás llevaba corbata pero siempre una camelia en la solapa, al que por estas fechas se le debe hacer todos los años un homenaje en forma de recuerdo porque fue el hombre que introdujo en la provincia de Pontevedra la afición a la recogida de setas cuando llega el Otoño, una actividad que caló muy especialmente en Vigo y su entorno.

Vasco de Vitoria-Gasteiz, nacido en 1911, a mediados de la década de los sesenta obtuvo destino como bibliotecario de la Misión Biológica de Lourizán, en Pontevedra. Se trataba de un reconocidísimo bibliógrafo experto en imprenta española de los siglos XV y XVI, una autoridad en este campo, autor de publicaciones que son imprescindible referencia para el estudio de incunables.

Allá por los años setenta las setas seguían siendo en Galicia ´pan do demo´para las gentes del mundo rural. Y a los de ciudad ni siquiera se les ocurría salir al campo a recoger aquellos sospechosos, potencialmente peligrosos frutos de la tierra. Por eso, cuando Antonio Odriozola organizó un cursillo de carácter semanal para el conocimiento de las setas en el auditorio de la Caja de Ahorros de Vigo al principio acudían cuatro gatos por completo ignorantes aunque curiosos de la micología. Al tiempo que proclives a la´buena gastronomía, ya que sabían que algunas setas del campo se comían en otros sitios y que además estaban muy buenas. Eso fue seguramente lo que los atrajo a los cursillos.

El , al principio, escaso número de futuros aficionados se fue incrementando poco a poco gracias al boca a boca respecto a las enseñanzas de Odriozola acompañadas siempre de diapositivas y ejemplares reales. Aquel singular señor incidía en un par de normas básicas: «recoger sólo aquellas setas comestibles que se conozcan muy bien» y «saber reconocer igual de bien las variedades venenosas».

Los alumnos comenzaban recolectando dos, tres, cuatro especies, para, paulatinamente, ir aumentando el catálogo. Y todos tenían en casa el único par de libros de micología, con sus correspondientes fotografías o dibujos, que existían entonces. Libros de los que se acompañaban en las primeras incursiones para identificar las setas in situ.

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Poco después, en 1977, nació en Vigo A Zarrota – nombre gallego para la lepiota, una de las pocas setas que se consumían en algunos lugares de las Rías Baixas – como primera sociedad o agrupación micológica de Galicia. Y la afición, junto con los conocimientos, se fue extendiendo en nuestra ciudad y en toda la provincia. Hasta hoy, que ya hay en Vigo tantas personas que llegado este tiempo de Otoño caminan los montes en busca de sus ejemplares favoritos, aunque seguimos estando muy lejos de catalanes y vascos.

Todo comenzó con aquel recordado Antonio Odriozola – fallecido en Pontevedra en 1987, atropellado por un trolebús delante de su casa – que dejó un gran legado no sólo en lo referente a las setas. Como la Exposición Internacional de la Camelia, una flor por la que sentía pasión.

(Este artículo fue originalmente publicado hace años. Esa Exposición Internacional de la Camelia, que además llevaba el sobrenombre de su promotor, Antonio Odriozola, ya no se celebra)

R. EIRAS

PERO ESTÁ LA LACRA DE LA BASURA EN LOS MONTES

Lo peor es que los recolectores de setas son año tras año testigos de una deplorable costumbre que padece el mundo rural de Galicia, que lleva a los paisanos a arrojar todo tipo de deshechos al monte como espacio que ellos consideran un vertedero, desde viejos electrodomésticos hasta colchones, pasando por envases de plástico o de aluminio y variedad de sorprendentes objetos.

Puesto que estas personas se dedican a agredir un entorno natural en el que nacieron, viven y no merecen, no vendría mal una fuerte campaña desde la Xunta de Galicia para concienciar y tratar de erradicar un comportamiento que nos debe avergonzar a todos los gallegos.

 

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