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Artículo publicado

02/06/2018

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LA TRUCULENTA HISTORIA
DEL PAZO DA TOUZA
Que en su día compró y restauró
Manuel Pestana

Lo adquirió en 1982. A lo largo de catorce años se dedicó a rehabilitarlo para hacerle recuperar su esplendor, invirtiendo en ello mucha dedicación y grandes sumas de dinero. Pero sólo pudo disfrutarlo dos años, porque un día de Julio de 1998, encontrándose enfermo y en cama, recibió orden de lanzamiento del mismo a instancias de su mujer y su hijo, Manuel Pestana da Silva Sanjurjo.

LA TRUCULENTA HISTORIA |  DEL PAZO DA TOUZA | Que en su día compró y restauró | Manuel Pestana

´ Yo trabajé con ilusión continuada hasta que fuí expulsado ´

Es una frase que se encuentra en el libro POR DIGNIDAD en el que se basa este artículo, un volumen que resulta todo un dolorido manifiesto personal – publicado en 2001 – por el que Manolo Pestana González quiso dar a conocer como fue desposeído de sus bienes, vejado, maltratado y finalmente desalojado del Pazo da Touza por sus propios hijos, los actuales propietarios que ahora se apellidan Pestana da Silva Sanjurjo.

Manolo Pestana era todo un personaje en el Vigo de los años sesenta y setenta. Gran aficionado a los automóviles, fue el fundador, en el seno del Aero Club, de la Escudería Vigo y del Rally Rías Bajas que se convirtió en un acontecimiento deportivo de alcance nacional e internacional con gran repercusión mediática, un acontecimiento que la ciudad vivía con pasión. De forma paralela, con el tiempo Pestana logró reunir una notable colección de coches clásicos, en total veintisiete, de míticas marcas históricas como De Dion Bouton, Hispano Suiza o Rolls Royce, los cuales tenía la intención de legar a la ciudad para así iniciar un Museo del Automóvil. Pero no pudo ser.

Hijo de un ciudadano portugués que a principios del siglo pasado apareció por Vigo para hacer tratos comerciales y nieto de un pequeño industrial conservero llamado Floro González, con planta en el muelle de Canido, se dedicó desde muy joven a negocios casi siempre relacionados con el sector de la automoción, para con los años conseguir levantar un considerable patrimonio del que acabó siendo despojado por su propia familia, mujer e hijos.

Ya próximo al final de sus días se sintió obligado a escribir el libro que tituló ¡Por Dignidad!  El cual, publicado en 2001, tuvo no poco impacto en algunos sectores de la ciudad, en el que se narraba – de manera compleja, puesto que Pestana carecía del don de la escritura – el expolio y la humillación sufrida en las últimas décadas.

Aportando toda clase de documentos para mostrar el trato vejatorio e injusto, en ocasiones inhumano desde un punto de vista afectivo, que recibió de su familia a partir de una demanda de separación tramitada por su mujer en 1987. Demanda de la que se enteró cuando, al regreso de un viaje de Bilbao, se encontró en su oficina con la notificación del juzgado.

Pero también con la caja fuerte abierta y desaparecidas escrituras de propiedad y documentos, además de todas sus cuentas bancarias a cero.

Lo que fue posible y sucedió porque su esposa, con la que había matrimoniado a finales de los cuarenta, contaba desde 1958 con un documento notarial con los más amplios poderes.

COMPRA, RESTAURACIÓN Y EXPULSIÓN DEL PAZO

Antes, en Diciembre de 1982, Manolo Pestana había realizado la compra del Pazo de A Touza que se encontraba en estado de semi abandono, rodeado de una finca de 28.000 metros cuadrados.

A lo largo de catorce años se dedicó a llevar a cabo la restauración total y rigurosa  del exterior y una completa remodelación del interior, empresa en la que empleó muchísimo dinero. Unas obras que en 1987, estando ya sus bienes retenidos tras la separación matrimonial, debieron permanecer paradas un tiempo por falta de efectivo.

Por fin, en 1996, cuando ya contaba con setenta y cinco años, pudo instalarse en el pazo, en el que también se alquilaban habitaciones. Era su sueño, el retiro para la vejez. Una ilusión que duró bien poco: con fecha 23 de Julio de 1998 el juzgado emitió una orden de lanzamiento que al ejecutarse lo sorprendió enfermo en cama, inmovilizado por una fuerte crisis diabética. La expulsión definitiva se produjo ocho días más tarde, el 31 de Julio.

Paralelamente, sus familiares le comunicaron que si estaba enfermo se fuera al Sergas y en ambulancia.

Y en ambulancia, en efecto, tuvo que salir de la propiedad.

La causa legal del desalojo fue que, aunque la mitad de la propiedad seguía siendo suya por gananciales, el comisario dirimente decidió otorgar la administración del pazo a la esposa. La cual, a su vez, aconsejada por su hijo mayor Manuel –  según su padre el verdadero promotor y muñidor de todas las operaciones – decidió alquilarlo por un periodo de diez años a una empresa hostelera.

El dolor y la degradación de verse arrojado por sus propia familia y de semejante manera de lo que había recuperado con tanto empeño, el refugio para la última etapa de su vida, fueron para él muy difíciles de sobrellevar, como narra en el libro. Se vió obligado a trasladarse en régimen de alquiler a una casa próxima.

LA ESTRATEGIA DE LA DESTRUCCIÓN PATERNA

Aquí se cuenta la historia narrada en el libro muy por encima, puesto que es harto compleja y profunda; pero todo indica que Manolo Pestana sufrió y fue el epicentro de una conspiración de sus descendientes dictada, según él, por el odio y la codicia. Un ensañamiento provocado por rencores y quizás también, en el caso de su hijo Manuel, más conocido por Cuco, debido a traumas de la infancia que derivaron en una extrema aversión hacia el padre que había levantado un considerable patrimonio familiar que sus descendientes en todo caso heredarían. Se trata de una historia digna de libreto de ópera trágica o de trama shekasperiana.

Al actualmente de nombre completo Manuel Pestana da Silva Sanjurjo le dedicó su padre párrafos como el siguiente:

“Y en cuanto a este hijo que fue artífice de tanto rencor, odio y perversidad, el auténtico promotor de tanta usura y avaricia por obtener el máximo rendimiento económico con el alquiler del pazo y hacerlo precisamente a un plazo mínimo de diez años, para tener la seguridad de que su padre ya nunca pudiera recuperarlo, y ante esta cruel realidad, solo me sale una única palabra: repugnancia (…) y verguenza por tener un hijo de esta catadura moral (…) Y sólo Dios sabe lo que para un padre cuesta decir lo que acabo de expresar”

El detonante de todo lo anterior puede haber sido el ansia de recibir dinero antes de la herencia; pero aderezado con los mencionados afanes de represalia impulsados por resentimientos acumulados. Partiendo de una justificación para activar la destrucción del padre: tenía en Barcelona una amiga – asimismo casada – a la que durante décadas dedicó unos diez días al año que transcurrían en Menorca. Ese fue el pretexto que provocó la demanda de separación.

Manolo Pestana era un hombre inteligente, inquieto y emprendedor, apasionado de sus cosas, en ocasiones demasiado, con sus virtudes y defectos. Es muy posible que en algún momento o en distintos momentos hiciera daño a sus más allegados, aunque también se prestó generosamente para ayudar mediante sustanciales favores económicos a diversos miembros de la familia de su esposa. En cualquier caso consideró que no merecía, mucho menos por parte sus propios vástagos, y siempre según su narración, un trato tan degradante y con tal ensañamiento como el que padeció en la recta final de su vida.

Por eso sintió la necesidad de hacer pública su última trágica peripecia vital. Para, tras ser maltratado hasta extremos difíciles de entender y despojado de casi todo, reivindicar lo que le quedaba: su dignidad.

Una historia, siempre a partir de la versión que da Manuel Pestana, realmente insidiosa. La amargura y el lamento de un hombre que se vio destrozado por su propia familia.

Manolo (Cuco),  María Jesús (Chiqui) y Gabriel Pestana Sanjurjo,  se añadieron posteriormente a sus originales apellidos ese ´da Silva´  que incrustaron entre Pestana y Sanjurjo como una especie de herencia extra, un ´da Silva´ que en realidad no les correspondía directamente, que es de lejana procedencia de la familia portuguesa paterna. Con la conciencia tranquila o no.

Lo que, desde luego, leído lo leído, no cabe interpretar como un tributo póstumo al progenitor. Más bien debieron pensar que suena bien en sociedad, que da cierto empaque. 

Y que todo el asunto del padre, su desahucio o expulsión del Pazo da Touza y la publicación del libro ¡Por Dignidad! eran cosas que quedaban como muy lejanas.

J.GOMEZ F.

Ver también: “¡POR DIGNIDAD!” EL LIBRO QUE NO PUDIERON ESCONDER


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