En portada

Artículo publicado

21/09/2014

vigoempresa vigoempresa

Comparte en

EL RENACIMIENTO DEL ALBARIÑO GRACIAS A LOS PAZOS Y LA LITERATURA

Los dos amigos de la foto tuvieron mucho que ver en la recuperación del vino de las Rías Baixas a partir de los años cincuenta del siglo pasado. José María Castroviejo y Alvaro Cunqueiro fueron sus primeros y grandes publicistas cuando el Albariño era todavía escaso y sólo apreciado por algunos buenos catadores, entre los cuales ellos eran de los más destacados.

EL RENACIMIENTO DEL ALBARIÑO GRACIAS A LOS PAZOS Y LA LITERATURA

A partir de 1850 aparece en Galicia el Oidium y más tarde el Mildiu. En la segunda mitad del Siglo XIX sucesivas plagas de estos hongos cuando no había conocimientos ni medios para combatirlos destruyeron el 99% de las 25.000 Has de las variedades blancas autóctonas que existían en la provincia de Pontevedra. La devastación de los viñedos en el sur de Galicia – en la provincia de Ourense todavía tenía mayor importancia económica – fue la causa principal del empobrecimiento de la población rural y de la masiva emigración de campesinos hacia América.

Todavía a mediados del Siglo XX no llegaban a 200 las hectáreas de cepas de Albariño que se habían recuperado o que habían sobrevivido en algunas fincas paciegas y de paisanos celosos de su herencia aunque no conscientes por entonces de su verdadero potencial, ignorantes de que el Albariño es una de las grandes variedades blancas del mundo. Por eso, la mayoría de las siete mil hectáreas de viñedo replantadas en la provincia lo fueron con variedades híbridas de baja calidad; pero mucho más resistentes a las enfermedades.

Por entonces el Albariño sólo se bebía en pazos, privilegiadas casas aldeanas y algunas tascas vetustas de Cambados, donde también lo vendían para llevar, casi siempre de cosecha propia. Era un vino para muy entendidos degustadores.

Por aquellos años, concretamente en 1953, Bernardino Quintanilla, señor de pazo, retó a su amigo Ernesto Zárate, señor de lo mismo, a una cata para dilucidar cuál de sus albariños era mejor. E invitaron a una especie de cena-concurso a otros cosecheros. La sorpresa fue que ganó el vino del paisano José Rodiño Oubiña, procedente de su finca Carballal, que al igual que los otros estaba elaborado con uvas de cepas centenarias.

Eso sí, en los tres años siguientes se impuso el vino de Ernesto Zárate, el cual, muy caballerosamente, decidió retirarse permanentemente de la competición.

LA MEJOR LITERATURA PARA PROMOCIONAR UN VINO EXTRAORDINARIO

El número de catadores convocados ya se había incrementado considerablemente y entre los fijos al encuentro de Cambados se encontraban un par de brillantes individuos, la entente formada por Alvaro Cunqueiro y José María Castroviejo, ambos, por junto o por separado, siempre con ánimo de probar cuantas botellas de vino les pusieran delante, para después charlar, fantasear y un par de días más tarde, ya medio recuperados, ponerse a escribir.

Cunqueiro y Castroviejo consiguieron además la colaboración para su empeño promocional del extraordinario articulista y gastrónomo catalán Néstor Luján, siempre dispuesto a venir a Galicia a comer y beber. Su debilidad eran los bogavantes autóctonos, que aun los había, abiertos y todos sus jugos resaltados tras una pasada por la plancha. Como lo invitaban y además le gustaba no poco aquel blanco tan diferente y novedoso, después divulgaba desde la revista Destino, de la que era director, las maravillas del Albariño naciente.

Así, Castroviejo y Cunqueiro, con la significativa contribución externa de Luján, fueron desde sus respectivas columnas los primeros grandes lanzadores de un vino que, por su gran calidad y escasez, también por la literatura que lo acompañaba, se fue convirtiendo en una especie de mito cuyas botellas trataban de conseguir los mejores aficionados.

Y aquí hay que decir que, inclinación por el Albariño aparte, Alvaro Cunqueiro, aunque mindoniense de pro, tenía familia con profundas raíces en Cambados, de donde era natural su padre.

LA PRIMERA VERDADERA FIESTA Y EL PAPEL DE FRAGA IRIBARNE

Creciendo continuamente a lo largo de una década, la del Albariño siguió siendo una fiesta privada aunque cada año más concurrida, por lo que fue cambiando de emplazamiento de pazo a pazo con mayores dimensiones de jardín para poder acoger al creciente número de asistentes.

Por allí aparecía a comienzos de los sesenta un personaje llamado Manuel Fraga Iribarne, amigo y sobre todo admirador de Alvaro Cunqueiro. Un catedrático de Derecho Político que por Madrid andaba haciendo carrera dentro del Régimen, en el que ya ocupaba cargos como el de Director del Instituto de Estudios Políticos (en tiempos de Franco existían esas cosas, aunque a algunos les extrañará) Tenía además una faceta parrandera que le salía cuando libaba: le gustaba, aunque con cierto distanciamiento en público, la fiesta y también la cultura del vino. Acudía casi todos los años al encuentro de la cata del Albariño.

A principios de los 60 la fiesta dejó de ser privada, convirtiéndose en una celebración para todos. Nacía la verdera Fiesta del Albariño. Y en esto a Fraga Iribarne lo nombraba el Caudillo Ministro de Información y Turismo, en el año 1962. Su protagonismo presidiendo la Fiesta en 1965 resultó, por la gran repercusión mediática que tuvo, clave para dar a conocer el vino de las Rías Baixas a nivel nacional.

Al año siguiente su ministerio adquirió el Pazo de Bazán para convertirlo en Parador Nacional del Albariño.

DENOMINACIÓN DE ORIGEN

El vino comenzaba a ser conocido y las plantaciones aumentaban en extensión de forma constante. Pero faltaba el gran empujón, el definitivo, que se produjo en 1988 con el nacimiento de la Denominación de Origen Rías Baixas – antes, desde 1980, una denominación específica – englobando las subzonas de O Salnés, Condado y Rosal, admitiendo para la elaboración de los blancos otras variedades autóctonas, aunque la proporción de Albariño nunca debe ser menor del setenta por ciento.

La Denominación partió con catorce bodegas y tan sólo 237 Has de viñedo, que en 2001 ya eran 2408 Has, mientras que las bodegas – en una evidente muestra de minifundio – superaban las ciento cincuenta. En la actualidad se superan las 4.000 Has. Y el vino está reconocido como lo que es, uno de los grandes blancos del mundo, implantado en importantes mercados exteriores.

Los detractores de Fraga – al que se le pueden, desde la memoria, echar en cara tantas cosas y algunas bien graves – lo acusaron, en un momento dado, de convertir la Fiesta del Albariño en una gran celebración propagandística de Alianza Popular primero y del Partido Popular después. Lo cual es cierto, como también que Fraga tenía muy buenos anclajes en O Salnés, donde los grandes capos contrabandistas de tabaco como "Terito" Otero o "Nené" Barral contribuían con considerables sumas a las arcas de su partido, además de organizarle cuchipandas y aportar un gran número de votos. Pero también deberían ellos aceptar y agradecer que el Albariño se dio a conocer y su cultivo despegó en buena parte gracias al apoyo de Manuel Fraga cuando todavía se llamaba Fraga Iribarne. Y que ese apoyo personal y político continuó posteriormente. Aunque sólo fuera por aquello de que es de bien nacidos, etcétera.

R. EIRAS

Ver también:EMPRESARIOS VIGUESES DEL ALBARIÑO


Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Print this page