Crónicas de otro Vigo

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El muelle de hierro

Crónicas de otro Vigo

El muelle de hierro

El tiempo de los trasatlánticos

El tiempo de los trasatlánticos

Hasta sólo hace unas décadas el Atlántico se cruzaba por vía marítima. Aquellos barcos eran los que cubrían las rutas entre Europa y los países de América, y en el caso de Vigo fueron los que trasladaron a cientos de miles de emigrantes gallegos hacia la diáspora.

En los tiempos de la emigración, en la primera mitad del Siglo XX, el puerto de Vigo era el de mayor tráfico de este tipo buques y el que embarcaba un mayor número de pasajeros de toda la península, por delante de Lisboa.

Algunos de aquellos barcos, como el Alcántara de la postal que reproducimos – también otros más recientes, los Santa María, Aragón, Arlanza, Monserrat y otros muchos de los años sesenta y setenta del pasado siglo -, permanecen en la memoria colectiva de los vigueses mayores de cincuenta años.

Una historia de trasatlánticos y emigración que se remonta a finales del Siglo XIX y principios del XX.

Un enorme éxodo

El Alcántara pertenecía a la Royal Mail Steam Package, en Vigo nombrada la Mala Real, para simplificar la pronunciación, sin el menor ánimo peyorativo. Tras la Segunda Guerra Mundial, y hasta avanzados los años 50, realizaba, junto a su gemelo Asturias, el viaje a Bahía, Río, Santos, Montevideo y Buenos Aires. La emigración hacia América, sobre todo desde Galicia, constituía un gran mercado para la “Mala Real”, como se conocía por aquí a la compañía británica, por lo que sus barcos destinados a estas líneas llevaban nombres españoles.

Un éxodo que conoció sus picos más elevados a principios del pasado siglo. Por ejemplo, en el año 1913 se despacharon en Vigo 733 trasatlánticos – coincidiendo algún día seis en puerto -, en los que embarcaron 44.301 pasajeros, más de la mitad con destino a la Argentina.

Los vapores pertenecían a compañías alemanas, francesas y británicas, principalmente.

Tras la Segunda Guerra Mundial, después de un largo paréntesis provocado por la Guerra Civil española y la contienda europea, se produjo una segunda gran oleada migratoria. Entre 1951 y 1960 partieron 226.000 personas; pero el principal destino ya no era Argentina, que seguía siendo muy importante, sino Venezuela.

En 1952 se produjeron 174 escalas, que fueron 283 en 1954. A partir de entonces la emigración comenzó a descender, aunque aun se mantuvo unos años. Fue cuando, a mediados de los 50, comenzaron a aparecer los primeros cruceros, al principio los mismos barcos que antes eran dedicados a la emigración, como el mismo “Alcántara” o el “Arcadia”. En 1954 llegaron por mar a la ciudad 5.046 turistas, muy lejos de los 100.000 actuales.

El negocio de la emigración

En aquellas épocas se daba la paradoja de que siendo Vigo la única ciudad gallega de vocación industrial y con capacidad para crear trabajo, cuyas fábricas evitaban una mayor sangría migratoria, era también la que en mayor medida se beneficiaba mercantilmente de la salida de cientos de miles de gallegos hacia América.

El movimiento de la emigración era un gran negocio para muchos que se quedaban. Para las pensiones y mesones próximos al puerto, por ejemplo, también para los que se dedicaban a abastecer a los buques.

Pero lo era, sobre todo, para las compañías consignatarias, muchas de las cuales estaban en manos de la burguesía local de origen catalán. En torno a 1910 ejercían su actividad en Vigo una veintena de agencias de consignación. Una de ellas era Durán, fundada en 1878, que representaba a la “Mala Real”. Y otra Antonio Conde, que se hacía cargo de los barcos de las navieras francesas Chargeurs Reunis y Compagnie Generale Trasatlantique.

Aparte de las mencionadas, operaban en Vigo otras doce compañías de navegación europeas, entre ellas las alemanas Nerdents Eder Lloyd y Nord Deutcher Lloyd. La estatal Compañía Trasatlántica Española, en cambio, omitía el puerto de Vigo, como casi siempre que ocurrían estas cosas debido a presiones procedentes del norte.

Por fin, a finales de 1928 el Marqués de Comillas inauguró la tan reclamada línea entre Vigo y Nueva York y otros vapores de la compañía comenzaron a ofrecer conexiones con Filipinas tocando antes en Port Said, Colombo y Singapur.

Interesante enlace: Los buques “Alcántara” de la Mala Real Inglesa”

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