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14/03/2020

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El TIEMPO DE LOS TRASATLÁNTICOS
(en los tiempos de la emigración)

No eran, ni mucho menos, hoteles de lujo flotantes como lo son los cruceros de hoy. Tampoco sus pasajeros eran turistas. Y sus singladuras resultaban largas, para muchos excesivamente largas, tanto que durarían toda la vida para aquellos emigrantes que nunca conseguieron regresar

El TIEMPO DE LOS TRASATLÁNTICOS | (en los tiempos de la emigración)

Hace unas décadas el Atlántico se cruzaba por vía marítima en unos barcos eran los que cubrían las rutas entre Europa y los países de América y que en el caso de los que partían de Vigo para trasladar a cientos de miles de emigrantes gallegos hacia la diáspora.

En la primera mitad del Siglo XX el puerto de Vigo era el de mayor tráfico de este tipo buques, el que embarcaba un mayor número de pasajeros de toda la península, por delante de Lisboa.

Algunos de aquellos trasatlánticos, como el Alcántara de la postal que reproducimos, y también otros que le siguieron, como los Santa María, Aragón, Arlanza, Monserrat y otros que todavía navegaban en los años sesenta y setenta del pasado siglo y que permanecen en la memoria colectiva de los vigueses mayores de cincuenta años.

Una historia, la de los trasatlánticos y la emigración, que se remonta a finales del Siglo XIX y principios del XX.

Un enorme éxodo

El Alcántara pertenecía a la británica Royal Mail Steam Package, en Vigo conocida por la Mala Real para simplificar la pronunciación y sin el menor ánimo peyorativo. Tras la Segunda Guerra Mundial y hasta avanzados los años 50 realizaba, junto a su gemelo Asturias, el viaje a Bahía, Río, Santos, Montevideo y Buenos Aires. La emigración hacia América, sobre todo desde Galicia, constituía un gran mercado para la «Mala Real», por lo que sus barcos destinados a estas líneas llevaban nombres españoles.

Un éxodo que experimentó sus picos más elevados a principios del pasado siglo. Por ejemplo, en el año 1913 se despacharon en Vigo 733 trasatlánticos – coincidiendo algún día seis en puerto -, en los que embarcaron 44.301 pasajeros, más de la mitad con destino a la Argentina.

Otros vapores pertenecían a compañías alemanas, francesas.

Tras la Segunda Guerra Mundial – después de un largo paréntesis provocado por la Guerra Civil española y la contienda europea – se produjo una segunda gran oleada migratoria. Entre 1951 y 1960 partieron 226.000 personas; pero el principal destino ya no era Argentina, que seguía siendo muy importante, sino Venezuela.

En 1952 se produjeron 174 escalas, que fueron 283 en 1954. A partir de entonces la emigración comenzó a decrecer, aunque se mantuvo unos años. Fue cuando, a mediados de los 50, comenzaron a aparecer los primeros cruceros, al principio los mismos barcos que antes eran dedicados a la emigración, como el mismo Alcántara o el Arcadia. En 1954 llegaron por mar a la ciudad 5.046 turistas, muy lejos de los números actuales.

El negocio de la emigración

En aquellas épocas se daba la paradoja de que siendo Vigo la única ciudad gallega de vocación industrial y con capacidad para crear trabajo, cuyas fábricas funcionaban evitando una mayor sangría migratoria, era también la que en mayor medida se beneficiaba mercantilmente de la salida de cientos de miles de gallegos hacia América.

El movimiento de la emigración resultaba un gran negocio para diversos sectores. Para las pensiones y mesones próximos al puerto, por ejemplo, también para los que se dedicaban a abastecer a los buques.

Pero lo era, sobre todo, para las empresas consignatarias en manos de la burguesía local. En torno a 1910 ejercían su actividad en Vigo una veintena de agencias de consignación. Entre ellas las de la familia Durán, fundada en 1878, que representaba a la «Mala Real». Y otra era Antonio Conde, que se hacía cargo de los barcos de las navieras francesas Chargeurs Reunis y Compagnie Generale Trasatlantique.

Operaban en Vigo otras doce compañías de navegación europeas, entre ellas las alemanas Nerdents Eder Lloyd y Nord Deutcher Lloyd. La estatal Compañía Trasatlántica Española, en cambio, omitía el puerto de Vigo, debido a presiones ejercidas desde A Coruña.

Aunque, por fin, a finales de 1928 el Marqués de Comillas inauguró la tan reclamada línea entre Vigo y Nueva York y otros vapores de la compañía comenzaron a ofrecer conexiones con Filipinas tocando en Port Said, Colombo y Singapur.

Artículo muy relacionado: TIEMPOS DE EMIGRACIÓN

 

Y un interesante enlace: Los buques «Alcántara» de la Mala Real Inglesa»

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