En portada

Ella se llamaba Perly

En declaraciones de hace unos meses a un diario local, Corina, alcaldesa de Vigo por rebote político, aseveraba: "el paso a la política lo dí desde lo social".

Corina Porro Martínez, natural de El Ferrol (1953), auxiliar de enfermería, llegó a Vigo a comienzos de la década de los 80 siguiendo a un marido cirujano que había conocido en el hospital ferrolano donde él, natural de Guitiriz (Lugo), comenzaba su carrera profesional. Posteriormente se trasladaron a Barcelona, y de allí a nuestra ciudad.
Efectivamente, “lo social” fue una de las primeras preocupaciones de Perly, como era conocida cuando llegó a Vigo. Para introducirse en “lo social”, primero se dedicó a organizar tertulias en cafeterías, para posteriormente iniciarse en el Aero Club en la práctica del golf, actividad que hasta entonces le era ajena.
Primeros escarceos políticos
Al tiempo que practicaba los movimientos del “swing”, Perly – que viene de “Perlita”, según ella misma se encargó de explicar en su momento – lucía palmito ante veteranos y atentos jugadores a lo largo y ancho -la bola no siempre va recta – de los nueve hoyos del pequeño campo de Peinador.
En el golf, además de sociales, también es posible amagar aproximaciones políticas, por lo que Perly decidió acercarse a un conocido periodista con buenos contactos en Santiago. Eran los tiempos del famoso tripartito y en la Xunta mandaba en realidad José Luis Barreiro, quien había traicionado a la entonces Alianza Popular y a Fraga. Ejerciendo de “manager”, consiguió para su consorte un puesto en la Consellería de Sanidad, como subdirector general de Ordenación Sanitaria.
Más golf en procura económica
Al hombre parece que le gustaba más la práctica de la medicina que la gestión sanitaria, así que en unos meses abandonó el cargo y regresó el Xeral.
Pero por entonces Perly ya tenía otras metas: tras provocar un conflicto en el seno del Aero Club emprendió, junto con algunos otros socios, la aventura de fundar un campo de golf en las alturas de Domaio. La finalidad, aparte de “lo social”, era fundamentalmente económica: ganar dinero mediante la construcción de una urbanización anexa, vendiendo antes el campo.
Para conseguir subvenciones, las visitas de Perly a despachos de la Xunta en Santiago eran frecuentes. Fue célebre la frase con la que se anunciaba, “Hola, soy Perly”, dando por hecho que la conocían; y, sobre todo, se comentaban no poco sus provocativos cruces de piernas en los mullidos sofás xunteiros.
Naufragio anunciado
El Golf Domaio, fundado en 1989, no salía adelante, medio funcionaba entre conflictos de todo tipo, algunos muy graves con los vecinos del lugar. Y Perly volvió a utilizar a su ex marido, promocionándolo hasta la presidencia de la Federación Gallega de Golf con la evidente intención de mandar ella.
Tampoco le duró mucho este puesto, porque pronto el Golf Domaio y su urbanización, un proyecto demasiado ambicioso, mal dimensionado para las posibilidades de sus promotores, se vino abajo con estrépito, también con escándalo, como más de uno había anunciado. Lo peor es que un numeroso grupo de personas de Vigo, atrapados inversores, vieron esfumarse su buen dinero, en algunos cantidades bastante altas. No pocos se consideraron estafados: “fue un intento de timo por parte de unos mangantes además malos, porque perdieron ellos y los que pusimos los cuartos”, recuerda uno de los perjudicados.
Como consecuencia, Perly tuvo que experimentar como sus pocos bienes – que esperaba incrementar – eran embargados, también los de su hermano José Antonio Porro, que ejercía de secretario de aquella sociedad.
Ingreso en política municipal
La situación económica de Perly Porro era bien comprometida, también lo referente a “lo social”, ya que debió soportar un amplio rechazo en los círculos sociales vigueses de los que había pretendido formar parte.
Decidió que la política municipal sería una buena salida, por lo que, en el año 1999, cameló a Manolo Pérez para que la llevara en su lista. Así fue, y con el número nueve pudo ingresar en el Ayuntamiento. Eso sí, con el sueldo de concejala embargado por un juzgado.
La intensa actividad que siguió como edil – junto con otras ocupaciones paralelas – terminó por costarle el matrimonio. Cosa que no pareció importarle mucho, dado que ahora sus objetivos personales estaban por encima de los aspectos familiares. Mientras, el tiempo jugó a su favor, desmarcándose ella del desgaste de Manolo Pérez como alcalde. Llegado el momento, supo aprovechar la baza que le proporcionó el enfrentamiento de Pérez con Santiago para acercarse a Manuel Fraga.
Corina Porro Martínez, de escasa formación, osada y ambiciosa, siempre utilizó armas femeninas para situarse en cualquier circunstancia. Esto le resultó todavía más fácil con un Fraga ya muy mayor, remotos los recuerdos galanes de otros tiempos. Es evidente que de haber sido Perly un hombre con las mismas prestaciones intelectuales – carencias y limitaciones – también hubiera llamado la atención de Don Manuel. Pero de otra forma: lo hubiera hecho desaparecer de su presencia de inmediato. Pero aquella rubia atrevida y solícita encandiló al decadente ex presidente de la Xunta evocándole, quizás, él sabrá que vivencias.
En la Consellería de Bienestar Social encontró la ya Corina, por recomendación del propio Fraga, lo que la consellería precisamente le ofrecía: bienestar social, otra vez “lo social”. Los problemas económicos resueltos, pudo además conseguir que unos empresarios del sector le construyeran una casa en Domaio, según se dice en muy buenas, inmejorables condiciones. Precisamente en Domaio, aunque no junto al campo de golf, que hoy es propiedad de unos coreanos, sino sobre la orilla de la Ría. Por supuesto, ya no practica ese deporte. La actual Corina, la antigua Perly, está mal vista en ese entorno, no sería bien recibida. A ella, a estas alturas, también le dará igual. Su vida es otra y con diferentes amistades.
Posteriormente, en 2003, Fraga la nominó candidata a la alcaldía de Vigo, que obtuvo pasados unos meses tras las elecciones al romperse el gobierno bipartito de Psoe y Bloque por obra del mal recordado Pérez Mariño.
Vigo es ciudad abierta, receptiva.
Demasiado en ocasiones. Como en este y en otros notorios casos de personas dedicadas a la política concebida como productiva forma de vida.
“La política es servicio”, también manifestó Perly en diferente oportunidad mediática. ¡Menudo morro!

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Print this page