En portada

Artículo publicado

28/07/2018

vigoempresa vigoempresa

Comparte en

EN AQUEL CANIDO DE ENTONCES
(Y también: El Enclave Social y Gastronómico del antiguo Cochón)

No han transcurrido tantos años, algunos más de cincuenta. En los 60 del siglo pasado, Canido era un peculiar núcleo de veraneo ocupado de mediados de Junio a mediados de Septiembre por unas cuantas familias viguesas y otras foráneas que allí tenían casas que el resto de año permanecían deshabitadas.

EN AQUEL CANIDO DE ENTONCES | (Y también: El Enclave Social y Gastronómico del antiguo Cochón)

De acuerdo con las crónicas, el primer chalet de Canido lo construyó para sus veraneos el arquitecto Gómez Román sobre la playa de Fuchiños, en el año 1926.

Después, con el tiempo, irían llegando los Cominges, Vázquez de Parga, Portanet, Molins, Núñez. Una Cominges, Carola, se casó con Ramón Beamonte,  ingeniero de caminos madrileño que en los años cincuenta se había convertido en importante constructor y empresario. Gran aficionado al “turf”, era uno de los principales propietarios en el hipódromo de la Zarzuela con una cuadra de más de veinte purasangres. Poseía también una conocida bodega en el Puerto de Santa María.

Con el primer núcleo de veraneantes de Canido ya conformado, la llegada en Junio de los Beamonte, con toda su parafernalia de vehículos y personal de servicio, se convertía en un gran acontecimiento.

Los automóviles, tan escasos en la época, eran absolutamente necesarios para veranear en Canido, aunque también se llegaba a su preciosa y cuidada estación mediante aquel tranvía costero que unía Vigo con Baiona, tan añorado ahora.

OTROS NOMBRES Y PERSONAJES

Entre los conocidos vigueses que disfrutaban de los largos veranos en Canido se encontraban los Romero Fadrique con la matriarca Cucuta al frente poniendo orden y sentido entre la extensa prole.

También los Rey, en sus dos ramas. Y los Quirós, Cerqueira, Borrás, López Valcárcel, Alvarez Novoa, Eraso, Amado…, entre otros. Constituían como una gran familia estacional.

No eran los únicos ´madrileños´ los Beamonte. Estaban también los Echenique y sus parientes López Mancisidor. Y los ReusGuisasola, así como la familia de José Miguel Ruiz Morales, desde 1966 embajador de España en Colombia y uno de los más destacados estudiosos del Camino de Santiago, entonces tan desconocido.

En aquella ya tupida colonia veraniega no faltaban personajes peculiares. En realidad lo eran, de una manera u otra, casi todos. Pero de entre ellos debemos destacar a Tante Portas, conservero que años más tarde, por azares de la vida y de los negocios que no fueron bien, terminó por convertirse en pintor ´naif´ de gran éxito entre la sociedad viguesa. En los setenta y tantos expuso en Madrid, en una galería llamada ´Arte Libre´, en la calle Ríos Rosas, propiedad de un joven vigués. Apadrinado por la mismísima Cucuta Fadrique, logró vender toda la obra. Tante era, entiéndase esto como halago, un desastre campechano y querido por todos.

Y de los jóvenes por entonces rondando los veinte años hay que mencionar dos duetos singulares, el conformado por Pancho Rey Junior y Pepito Quirós; y el también muy compenetrado de Vicente Vieitez y José López Mancisidor. Los primeros eran divertimento para aquellas chicas bien educadas a las que se acercaban en plan cariñoso con susurradas suaves palabras conteniendo altas procacidades que tenían como principal objetivo tratar de escandalizar y de paso llevarse un bofetón como premio, que era lo que en realidad buscaban, sobre todo Pepito. Y los segundos, que desde muy temprana edad gozaron de bien merecida fama de superespabilados en lo suyo, terminaron por montar con variable fortuna una sucesión de chiringuitos financieros en Madrid. Para más tarde introducirse en negocios de producción cinematográfica el primero; y el segundo enfilar nueva ruta vital y empresarial por Filipinas y México.

Sin olvidarnos de Cristina López Mancisidor, hermana de José, un auténtico bellezón que años más tarde, con su nuevo apellido Macaya, se convirtió en una reina de la buena sociedad internacional de la isla de Mallorca.

Era un Canido en el que los habituales se encontraban todos los veranos en la playa de Fuchiños. Llegada la segunda semana de Septiembre, tras casi tres meses de convivencia y variados estímulos estivales, se cerraban las casas y las familias regresaban a sus vidas y quehaceres del resto del año.

Ahora es otra cosa, una zona residencial con unos cuantos nuevos ricos y otros a los que les gustaría serlo incorporados. Pero los descendientes de los Beamonte siguen manteniendo el espíritu: regresan todos los veranos. O al menos era así hasta hace un par de años.

APORTACIONES DE UN LECTOR.- Tras publicarse este artículo, un lector que vivió aquel singular mundo veraniego nos envió algunas acotaciones que fueron muy bien recibidas, que se agradecen y reproducimos:

“La llegada de los Beamonte era, efectivamente, el copón. Cadillac dorado, Alfa Romeo de entonces… Los tres barcos, la Pinta, el Pacuvi y el Pinguino… Y “la balsa”, un trampolín flotante que se colocaba a cien metros de la playa cuando llegaban y se retiraba cuando se iban. El padre, Ramón Beamonte, aparecía sólo unos días, al principio, porque después se iba a Biarritz por su cuenta el resto del verano”

“A Cristina López Mancisidor, hoy Macaya, la llamaban “la Venus” y cada día se ponía un traje de baño distinto. Aguto Fadrique terminó por regalarle un foxterrier”

Nota.- No es la modelo de la foto. Cristina era mucho más completa y espectacular.

“Carola Cominges, esposa de Ramón Beamonte, tenía reclinatorio en primera fila de la iglesia de Liñares. Comandaba a las señoras que daban clases a las obreras de las fábricas de conservas… Una de ellas, que se llamaba Filomena, medio se rebeló un día: “a clase he de ir porque teño que cobrar (si no, no le pagaban), pero hanse de foder que NON vou a aprender a leer”

“Pancho Rey era la monda… Barco enorme, grandes fiestas, whisky a tutiplén…”

Un artículo de J.VÁZQUEZ

VER: EL ENCLAVE SOCIAL Y GASTRONÓMICO DE COCHÓN 

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Print this page