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En la fiesta de Moll

Por fin se quiso presentar en sociedad el editor del Faro, Javier Moll, presidente de Prensa Ibérica. Lo hizo a lo grande, con enorme foto en primera y saludando al Rey, acompañado de su esposa, Arantza Sarasola, que es la vicepresidenta del grupo.

La actual empresa celebró con una gran traca final los fastos de los 150 años de vida del periódico. El Sr.Moll, sin embargo, hace poco mas de dos décadas nada tenía que ver con la edición de periódicos. Por entonces trabajaba para el Banco Atlántico en su oficina de San Sebastián.

En 1982, ya en Canarias, conoció a Lorenzo Olarte, el controvertido político de entonces. También se estaba constituyendo el Banco de las Islas Canarias. Fueron dos factores claves para que Moll – que es aragonés, aunque su apellido sea catalán – entrara en el negocio periodístico mediante la compra de Prensa Canaria, propietaria de Diario de Las Palmas y La Provincia.

Tras la llegada del PSOE al poder, Alfonso Guerra decidió que las cabeceras de los diarios que habían pertenecido al antiguo régimen – la llamada “Prensa del Movimiento” -, aquellos que todavía sobrevivían y que continuaban en propiedad del Estado, pasaran a otras manos. Manos relacionadas con el Partido Socialista, naturalmente.

En otras palabras, que fueron privatizados por el “felipismo-guerrismo” imperante. En el año 1984, Moll y sus socios se llevaron la parte del león: La Nueva España, de Oviedo; Información, de Alicante; y Levante, de Valencia.

La operación resultó redonda, pues los periódicos, adquiridos en subasta, resultaron casi gratis para lo que cuesta un periódico. Y como eran rentables pasaron a constituir la necesaria base financiera para levantar un importante grupo periodístico.

LA ADQUISICIÓN DEL FARO

En 1986, Javier Moll adquirió el Faro de Vigo, quizás la mejor de todas sus operaciones, un verdadero diamante ya tallado y por un precio ridículo, dada su implantación y consolidada rentabilidad publicitaria, una verdadera mina a cambio de unos millones de duros de la época.

No sólo eso, con el decano de la prensa española compró una parte muy importante de la historia y del patrimonio cultural de la ciudad. Un periódico que siempre había pertenecido a vigueses desde su fundación en el año 1853 pasaba a formar parte de un grupo editorial ajeno a la ciudad.

Es verdad que la cabecera Faro de Vigo cumplió 150 años; pero el actual periódico de Prensa Ibérica tiene sólo diecisiete, los que transcurrieron desde que lo adquirió el empresario aragonés.
LA RELACIÓN DEL NUEVO FARO CON VIGO

Como resulta lógico, la relación del Faro con Vigo cambió a efectos empresariales, ya no sometidos a partir de entonces a la condición de “vigués” del periódico.

Sin embargo, la nueva empresa pudo seguir explotando la gran identificación de los lectores con su diario de toda la vida, muchos de ellos lo siguen considerando como el periódico de Vigo, algo propio.

En esto radica buena parte de la gran fortaleza del Faro de Vigo actual. Aprovecha que para un alto porcentaje de lectores sea algo parecido a una “biblia” del viguismo.

Cuando no es así, como se demostró en repetidas ocasiones. La penúltima con el asunto del puerto.

Para el nuevo Faro de Vigo, para Prensa Ibérica, están primero los intereses empresariales y después los de la ciudad en la que nació el periódico.

Esto es legítimo, hay que reconocerlo. Otra cosa es que, junto con su prepotencia, sea buena táctica cara al futuro, al enfrentarse a otros estamentos poderosos de la ciudad.

Total, que espectacular la gran gala final del Sr. Moll. Vino a Vigo para decir bien alto y claro: aquí estoy yo y el Faro de Vigo me pertenece. Y este que me acompaña es el Rey.

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