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17/01/2011

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Qué: Preparación del Referéndum de la Ley Orgánica del Régimen. Quién: Yo mismo. Cómo: Escribiendo direcciones de “cabezas de familia”, en sobres. Cuándo: Verano de 1966. Dónde: Secretaría Local del Movimiento de Vigo, en el edificio Pardo que más tarde ocuparon las Magistraturas de Trabajo. Por qué: Suspendí el curso Selectivo de Ciencias en la … Continuar leyendo "EN LAS CLOACAS DEL RÉGIMEN"

EN LAS CLOACAS DEL RÉGIMEN
Qué: Preparación del Referéndum de la Ley Orgánica del Régimen.
Quién: Yo mismo.
Cómo: Escribiendo direcciones de “cabezas de familia”, en sobres.
Cuándo: Verano de 1966.
Dónde: Secretaría Local del Movimiento de Vigo, en el edificio Pardo que más tarde ocuparon las Magistraturas de Trabajo.
Por qué: Suspendí el curso Selectivo de Ciencias en la Universidad de Santiago (entonces quería ser arquitecto).
Hacía calor aquel mes de julio, pero bajo los altísimos techos de las dependencias del edificio con vistas a la Puerta del Sol resultaba francamente soportable. Allí me recluyó mi padre y allí pude comprender hasta qué punto aquellos aires de represión, que sólo conocía de oídas, se reflejaban en las dependencias del soporte ideológico del franquismo.
Mi padre se había alistado en el ejército de Franco para combatir a los que habían retirado el crucifijo de la escuela de su madre, maestra en la remota aldea de Gresande (Lalín). Al regresar de la guerra, en la que siendo Alférez Provisional fue herido por una granada de mano del tipo “laffite” en la Batalla del Ebro, cerca de Gandesa, cuando, junto a un capitán que murió por la explosión y al frente de su compañía, pretendía tomar una escarpada loma de la Sierra de Pándols fieramente defendida por unidades del “Ejército Popular”, se adhirió a lo que ya Franco había convertido en Falange Española Tradicionalista y de las JONS.
Aquel episodio bélico se produjo el 1 de noviembre, día de Todos los Santos, y desde entonces su madre lo conmemoraba como el de su segundo nacimiento, porque aquella granada llenó su cuerpo de tanta metralla que aún no se había desprendido de ella cuando se casó unos años más tarde. Mi abuela Acacia decía siempre que mi padre fue salvado por la intercesión de toda la Corte Celestial a la que según ella debo yo mi existencia.
Mi padre no fue un falangista de “primera hora”, no era un “camisa vieja”, pero su concepto de la honestidad y la coherencia le impulsó a integrarse en aquella FET y de las JONS una vez acabada la contienda. En 1966 ostentaba el oscuro y no remunerado cargo de secretario del secretario local del Movimiento, que en aquel momento creo que era un tal Garabatos, de nombre Antonio, José Antonio o José María.
Así que allí me recluyó mi progenitor aquel verano del 66, con la encomienda de ponerme al día en las asignaturas suspendidas y, de paso, colaborar en la preparación de aquel Referéndum organizado por Fraga Iribarne para mayor gloria del “Invicto Caudillo” que, por una “Gracia” de Dios, nos tocó en suerte a las generaciones de posguerra. Lo del Referéndum consistía en ir escribiendo a mano en unos sobres el nombre y dirección de todos los inscritos en el censo electoral de Vigo, para introducir luego una papeleta con el “SI” y dejarlos dispuestos para su reparto postal y su posterior introducción en urna en diciembre.
Un fichero increíble
Lo que nunca llegó a saber mi padre es que aquel “retiro” significó el despertar de mi conciencia política, como consecuencia de ponerme en contacto con el más increíble fichero onomástico que llegué a conocer. Hasta entonces, ni me había planteado ir más allá de lo que representó resultar elegido Delegado del Curso Selectivo de Ciencias el año anterior, justo en los momentos en que la oposición estudiantil al régimen había declarado la guerra al Sindicato Español Universitario (SEU), que finalmente sería disuelto en 1965. Pero, paradójicamente, así se iba gestando la oposición al Régimen de quienes no vivimos la “Guerra Incivil”.
En el noble edificio, toda la fachada que se asomaba a la Puerta del Sol estaba ocupada por un rosario de dependencias comunicadas entre sí. Y en todas ellas, unos muebles de madera que ocupaban las paredes desde el suelo hasta el techo contenían las fichas de puede que todo hijo de vecino de Vigo. Desafortunadamente no recuerdo ni un nombre ni más anotaciones de aquellas fichas que frases como “solicitó el Certificado de Adhesión al Régimen en fecha…”, o términos como “afecto” o “desafecto”. Había allí, en aquellas pequeñas fichas de cartulina blanca y rayada, la vida y milagros de decenas de miles de vecinos, con precisiones sobre antecedentes personales y políticos, actividades profesionales y consideraciones subjetivas del ilustrador de cada ficha. El fichero, elaborado a base de delaciones, confidencias y apreciaciones personales de gentes afectas al régimen, era custodiado por su creador, el Movimiento Nacional.
Pasaron los años y, con ocasión de ocuparme de la coordinación general del primer Plan Estratégico de Vigo y su Área de Influencia (PEVA), siendo alcalde de Vigo Carlos Alberto González Príncipe, consideré oportuno advertirle de la existencia de aquel archivo imprescindible para cualquier prospección histórica. Pero de ese archivo, que estoy convencido de que sigue en poder de Falange Española (en cualquiera de las modalidades con las que sigue transitando por esta democracia), nunca más se supo, aunque nadie me va a sacar de la cabeza que jugó un papel importante en la logística del intento de golpe de estado del 23-F, dada la gran cantidad de información política y social que contenía y del que, probablemente, podría haberse nutrido (o compartido) el servicio de información de la Brigada Político Social de la policía franquista, que hubiera vuelto por sus fueros en caso de triunfo de la intentona golpista.
Que yo sepa, nadie se ha preocupado de rescatar una buena parte de la información administrada por las instituciones de las cloacas del Régimen, como la contenida en aquel ingente fichero que, con toda seguridad, tampoco ha sido destruido por sus tenedores y sigue activo, como los de centenares de otras poblaciones. Dejo esta digresión extra periodística como reto para investigadores, si es que mi memoria de nuestra historia reciente pudiera resultar de utilidad a cualquier historiador.
Y, si no, pues ya está dicho.
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