Punto de Mira

Artículo publicado

16/01/2011

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GALICIA EN LA INCULTURA

Los acaudalados indianos, los hermanos García Naveira, que a comienzos del siglo veinte decidieron construir en su villa natal de Betanzos un delirio decorativo con intención didáctica, conocido como el Pasatiempo y también el Capricho Enciclopédico, lo hicieron con su propio dinero.

Don Manuel Fraga, en cambio, cuando inició su Ciudad del Faraón en las afueras de Santiago lo hizo echando mano del dinero de todos los gallegos. Un planteamiento con unos costes impresionantes nada acordes con los presupuestos de un país que no es precisamente rico en el contexto europeo. Una especie de dinosaurio arquitectónico a mayor gloria posterior del que para algunos siempre será el ex presidente eterno de la Xunta de Galicia.

Un mamotreco vacío de contenidos en las proximidades de una verdadera ciudad que está llena de ellos, Santiago de Compostela, que sí es cultura, cultura de siglos y referencia en Europa. La Ciudad de Fraga ni hacía falta ni nos la podíamos permitir. Como se acaba de demostrar al ser inaugurada en precario, con sólo dos de los cinco edificios proyectados finalizados y tras haberse tragado unos cientos de millones de euros cuyo verdadero monto está aun por determinar. 

UN INCULTO AL FRENTE DEL PROYECTO

La misión de poner en marcha esa llamada Ciudad de la Cultura y coordinar políticamente su construcción se la encargó Fraga a un estrecho colaborador de muchos años, al Conselleiro de Cultura más inculto que haya pasado por San Caetano, Jesús Pérez Varela, un turbio personaje, periodista como pecado original, que había dirigido un diario de extrema derecha durante la Transición, al que se le relacionó con la trama golpista civil del 23 F y que se dedicaba mayormente, también con fondos ded la Xunta, a manipular la información emitida por los medios de comunicación gallegos.

Del conselleiro Pérez Varela se recuerdan sus lagunas y meteduras de pata, como creer que Ainhoa Arteta era un duo pop (Ainhoa y Arteta), o explicar en el parlamento gallego que la empresa audiovisual que había montado paralelamente a su actividad de conselleiro solo producía pingues beneficios…, entendiendo él, porque así le sonaba, que pingues eran pequeñitos.

Este personaje fue el encargado de coordinar, a lo largo de años, los trabajos de la Ciudad de la Cultura.

CUANDO TIRAMOS BURROS AL RÍO

Si Fraga Iribarne hubiera sido un gobernante prudente, que nunca lo fue, hubiera sido sensible a la realidad social y cultural de Galicia y empleado el dinero de su Ciudad de la Cultura en necesidades perentorias:

Tenía su lógica que Galicia en tiempos de Fraga contara con un Conselleiro de Cultura tan ignorante, porque el nuestro, aparte de poco desarrollado en el aspecto económico, es un país subdesarrollado en el plano cultural, en el que padece graves deficits.

Es evidente y sería mucho mejor para todos reconocerlo, para poner los medios destinado a corregirlo: en Galicia se tira todo tipo de basuras, incluidos viejos enseres, a los montes; se queman esos montes todos los veranos; se destroza el paisaje con construcciones inacabadas; se destruye el patrimonio artístico y tantos etcéteras. Incluso, además de todo tipo de objetos, se tiran burros a los ríos con una piedra al cuello.

Que no son cosas propias de país culto, todo lo contrario: profundamente inculto, incluso un poco bárbaro.

En este contexto, el de un país necsitado, un gobernante sensato – Fraga nunca lo fue – no se hubiera decidido por construir su Ciudad de la Cultura, sino por dedicar esos cientos de millones de euros – dicen que ya van por los cuatrocientos- enterrados en Monte Gaiás a

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La inacababa Ciudad de la Cultura la acaban de inaugurar, en compañía del sucesor de Fraga, Núñez Feijoo, los príncipes de España. Para pasmo y orgullo de los que queman montes y arrojan animales domésticos a los ríos, los mismos que consideraban a Fraga un "padrecito" y por eso le votaban masivamente en las áreas más atrasadas.

Unas áreas subdesarrolladas que son como una losa al cuello de Galicia. En todos los sentidos.
 
Y en el político porque en democracia todos los votos valen lo mismo.

Pero todavía mayor barbaridad es el Puerto Exterior de A Coruña 

 

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