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Artículo publicado

01/04/2003

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Gayoso y Caixanova

Nació el 8 de Diciembre de 1931. Cuando sólo contaba dieciséis años comenzó a trabajar en la que entonces se denominaba Caja de Ahorros Municipal de Vigo. A los treinta y dos se convirtió en el más joven de los directores generales de las cajas españolas. Ahora es el más veterano.

Gayoso y Caixanova

¿Cómo alguien que inició su trayectoria profesional como auxiliar administrativo, sin estudios superiores, se convierte tan pronto en director general de una entidad de ahorro? Hay que tener en cuenta que las antiguas Cajas eran muy diferentes a las actuales. De pequeño tamaño, de ámbito geográfico limitado por ley, estaban menos profesionalizadas y no se encontraban propiamente integradas en el sistema bancario.

Además, por entones, el presidente de una caja de ahorros municipal era siempre el alcalde de turno, a su vez nombrado a dedo por el régimen franquista.

Como primer mandatario municipal, en los últimos años de la década de los sesenta ejercía el controvertido Portanet, quien adoptó al joven Gayoso como hombre próximo y de confianza dentro de la institución. Se trataba de un funcionario eficaz, servicial, cuyo padre trabajaba a las órdenes del alcalde en el ayuntamiento; y, sobre todo, era la persona que, fuera de horario laboral, le llevaba a Portanet las cuentas de algunas de sus actividades empresariales. También a otros industriales de la ciudad.

Cuando llegó al ayuntamiento Antonio Ramilo, Gayoso ya se encontraba bien situado dentro de la Caja, al tiempo que contaba con influyentes valedores en su círculo externo. Durante la siguiente etapa, en 1974, supo maniobrar para ser nombrado director general, cargo que ya no abandonaría.

La sombra alargada que viene de arriba

Tras cincuenta y cinco años trabajando en la entidad, casi treinta de los cuales en el puesto de mando, Julio Fernández Gayoso tenía que haber pasado a situación de retiro a finales de 1996, cuando cumplió los sesenta y cinco. Sin embargo, como consecuencia de una especie de golpe interno estatutario, consiguió dos sucesivas extensiones de mandato que le mantienen en el cargo.

El hombre que vivió la transición a Caixavigo, que pilotó la fusión de las cajas del sur, que lleva tres décadas al frente, es lógico que considere la institución como algo propio. Es su empresa, y cuesta abandonarla.

No hace mucho, en un medio de comunicación gallego le preguntaron por las diferencias entre Caixanova y Caixa Galicia. La respuesta fue bien explícita: “No se parecen absolutamente en nada. Como decía un experto americano en management: las empresas y las organizaciones son la sombra alargada de una persona; para bien o para mal”.

Pues bien, en este caso para mal, es evidente que ambas instituciones no se parecen ni en tamaño – Caixa Galicia es la cuarta de España, encontrándose Caixanova en el puesto doce del mismo ránking por recursos ajenos -, ni en gestión, ni en imagen. Y mientras Caixa Galicia tuvo un incremento de casi un 9% en los beneficios del último ejercicio, que sumaron 165 millones de euros, los beneficios de Caixanova cayeron en el 2002 un 45%, para un total de 53,1 millones.

La “sombra alargada” que menciona el director general se percibe, por ejemplo, al entrar en el patio de operaciones de la sede central de Caixanova, donde se tiene la impresión de retroceder treinta años en el tiempo. Nada parece haber cambiado desde entonces en unas instalaciones que hoy resultan anticuadas y hasta un poco lúgubres.

Lo que se corresponde con el atraso operativo de una entidad que, en nuevas tecnologías, camina muy por detrás, a remolque, de otras instituciones similares, con la correspondiente falta de agilidad para los tiempos que corren.

Las aficiones del director general

La principal inclinación de Gayoso, de toda la vida, es su dedicación al trabajo. Por eso manifiesta con orgullo que se levanta al alba, incluso antes del alba, a las cinco y media de la mañana. Asegura que está en su despacho dos horas más tarde, a las siete y media, para tener una primera reunión con sus más estrechos colaboradores, casi siempre con José Luis Pego, uno de los subdirectores generales, el hombre de máxima confianza.

Pero hay otro Gayoso para los momentos de ocio con la familia y los amigos. Es el que canta boleros acompañado de una vieja guitarra y mucho sentimiento, con las Cíes al fondo. Su preferido, con el que suele terminar sus recitales, es el titulado “Cabaretera”, original del portorriqueño Bobby Capó.

Los sábados por la mañana juega al tenis. Y presume: “soy muy perro en la pista, es muy difícil ganarme, porque soy muy táctico y agoto al contrario”. Si él lo dice, así será. Aunque los mal pensados cavilarán que no todos sus contrincantes se esfuerzan de verdad por ganar, esas cosas pasan. En todo caso, tiene mérito, pues carece de la técnica que da el practicar un deporte desde la juventud.
Aparte del trabajo, los boleros, el tenis y el chocolate, del que es gran degustador y todo un experto, Julio Fernández Gayoso se siente, por encima de todo, amante de su familia. En 1959 contrajo matrimonio con Ana María Mediero Fernández. Tiene tres hijos varones, una hija y cinco nietos.

Su otro matrimonio fue, obviamente, con la antigua Caja de Ahorros Municipal, con los frutos de Caixavigo y la fusión de Cajas que dio lugar a Caixanova.

La última cuenta de resultados

Gayoso vivió con intensidad su momento de gloria cuando fue nombrado doctor “honoris con causa” por la Universidad de Vigo que la institución que dirige contribuyó decisivamente a crear. Ahora aguarda impaciente la llegada de otros dos grandes acontecimientos que volverá a protagonizar: la próxima inauguración del nuevo Centro Social; y la posterior y muy deseada visita de los reyes.

Lo malo es ese reciente manchón de la última cuenta de resultados, esa considerable caída de un 45% en los beneficios respecto al ejercicio del año anterior, que él achaca al mal comportamiento de la bolsa en una coyuntura internacional poco favorable, circunstancia, sin embargo, que afectó menos a Caixa Galicia, la cual, como dijimos, aumentó sus beneficios en casi un 9%.

Según pudo saber esta revista, es más cierto que el socavón se debió, en buena parte, a una poco afortunada gestión de la División Comercial, la que pilotan Gegrorio Gorriarán y Alberto Míguez, desde la que se impulsó la participación de la entidad en importantes operaciones financieras a unos tipos de interés por debajo de lo que exigía la buena práctica de la cautela bancaria.

De eso se ha acusado en algunas ocasiones a Gayoso, de no saber rodearse de los mejores colaboradores. Algunos van más allá y le achacan precisamente eso: su dilatada permanencia como director general se debe a su habilidad para prescindir de colaboradores brillantes, de relegarlos o derivarlos hacia funciones poco comprometidas

El futuro de Caixanova

Otra de las imputaciones que se le hacen a Julio Gayoso es que la extinta Caixavigo no supo, en su momento, conectar ni involucrarse con el tejido industrial de la ciudad, con sus empresarios, perdiendo oportunidades de crecimiento.

En los años ochenta y noventa, Caixavigo dejó de aprovechar las oportunidades que le ofrecía la capacidad industrial de la ciudad, por lo que no alcanzó la dimensión que se podría esperar de su entorno. En consecuencia, tampoco aportó a la ciudad el apoyo a su desarrollo que cabría haberle exigido. Naturalmente, en beneficio de otras entidades bancarias.

Por otro lado, ¿cómo está preparando Gayoso la sucesión? Entre los “coroneles” de su “politburó”, el delfín parece ser el ya mencionado José Luis Pego. Otro miembro del mismo, Luis Carrera Pásaro, excelente profesional de probada valía en el mundo financiero – procedente de la antigua Caixa Ourense, y al que, como resultado de la fusión, Gayoso no tuvo otro remedio que aceptar en su equipo – , es, precisamente, el que se ve marginado, sin que sus opiniones cuenten mucho en las decisiones del equipo directivo.

Un futuro, el de Caixanova, que no sería en absoluto deseable que pasara por una fusión con Caixa Galicia. Por un lado, porque Vigo se quedaría sin esta institución; por otro, porque se daría en Galicia una excesiva concentración de poder económico, muy susceptible de ser manipulado desde el poder político. Además, y sobre todo, se perderían las ventajas que para el mundo empresarial gallego, la actividad cultural, los clientes de a pie, se derivan de la competencia entre ambas cajas.

Recordemos la frase de Gayoso: “las empresas y las organizaciones son la sombra alargada de una persona”.

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