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16/02/2019

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LA MUY VIGUESA HISTORIA DEL SNIPE

El día 11 de junio de 1934 pudo ser un día cualquiera, y creo que ya nadie recuerda qué lo hizo significativo. Ese día “trasponía la boca sur de las Islas Cíes aquella mini embarcación, a la cual le estaba encomendado el papel de introducir una modalidad distinta del deporte de navegar a vela en nuestra nación”, tal como narraba, en carta dirigida a su amigo Salvador Alonso Giménez Cuenca, el que fue introductor en España de la clase “Snipe”, Antonio Ruiz Martínez.

LA MUY VIGUESA HISTORIA DEL SNIPE

Un reportaje de ANTONIO OJEA

Originalmente publicado el 31/03/2004

La historia comenzaría en los años 15 o 16 del pasado siglo en un entorno propicio para el desarrollo de la navegación a vela: el último tramo del río Miño. Por entonces surcaban las aguas que se mezclan con las del mar las típicas embarcaciones de la zona hispano-portuguesa del Baixo Miño “que navegan a vela y remo, son de amura baja y proa alzada, como las góndolas venecianas, pero, por carecer de orza de deriva, no permitían realizar rumbos de ceñida”.

El doctor Ruiz Martínez, que frecuentaba la casa solariega de sus antepasados cerca de Camposancos, tenía por entonces una idea recurrente: superar a vela la barra de la desembocadura del Miño y dedicarse a la pesca deportiva en el estuario del río. Habría de esperar algunos años para encontrarla forma en que podría construirse una embarcación ligera, de orza retráctil, que resultara útil para navegar en los mínimos fondos del estuario.

Así dio, en la biblioteca del Real Club Náutico de Vigo, con el número de la revista norteamericana “The Rudder” correspondiente a junio de 1931, en la que el ingeniero naval Crosby “publicaba los planos y diseños de una embarcación que juzgamos muy útil para nuestros deseos”. Un compañero emigrado a los EE.UU. sirvió para facilitarle el folleto explicativo titulado “How to build a Snipe” (como construir un snipe). El resultado fue el Toñete, primer barco de aquella nueva forma de navegar a vela, que debería ser servida por unas embarcaciones de regatas, de fácil transporte, de reducido costo y cuyas normas de construcción las hicieran resistentes al mar y al paso del tiempo.

Navegando por el Atlántico

Y así fue cómo el día 11 de junio de 1934 Jesús Padín Simó y Paulino Martínez Portela se lanzaron al Atlántico para completar la travesía entre la desembocadura del Miño y la ría de Vigo.

Con esa singladura se abría la puerta a una modalidad distinta del deporte de navegar a vela en España, que pocos años después haría de la de Vigo la primera flota de este tipo.

Aquel prototipo, bautizado con el nombre del primer hijo del doctor Ruiz Martínez serviría para que, poco después, los Astilleros Lagos, del constructor Fernando Lagos Carsi, materializasen las primeras unidades de la clase Snipe que se harían en España. Los tres primeros barcos se llamaron “Celmar”, “Lika” y “Sur”.

Pero la incipiente la clase habría de interrumpir su difusión por culpa de la guerra civil, y no sería hasta bien entrado el año 1939 cuando se relanzaría. En julio de ese año, el general Moscardó, primer Delegado Nacional de Deportes, se encargó de realizar en Santiago la tradicional ofrenda al Apóstol. De la reunión celebrada con él saldría, poco tiempo después, la decisión de adoptar la clase como única y económica, sujeta al control de la Federación y de la “Snipe Class International”. El R.C.N. de Vigo recibió la encomienda de organizar las distintas flotas que ya habían proliferado por el litoral español, y el doctor Ruiz Martínez fue nombrado primer secretario de la clase snipe.

El inmediato éxito del Snipe

Así ocurrió que la Escuela Naval Militar de Marín, que entonces regía el almirante Nieto Antúnez, convocó una reunión de los clubes náuticos de toda España que puso sobre las aguas de la ría de Pontevedra a más de 150 embarcaciones de las distintas clases de la vela deportiva, en una de las más memorables regatas realizadas en las aguas gallegas.

Del éxito de la clase puede dar idea el hecho de que, en 1942, había registrados en España 579 barcos de la clase, agrupados en 42 flotas, lo que colocaba a la vela deportiva española de la clase en la segunda del mundo, detrás de la de los EE.UU.

Aquella obsesión por traspasar la barra del Miño para abrazar la línea infinita del horizonte atlántico dio a la vela española un campeón de Europa y dos veces del mundo, y posibilitó la formación de centenares de patrones de lo que hoy conocemos como vela ligera. Dentro de cinco meses, habrán pasado ya 70 años desde que el “Toñete” apareciese por la boca sur de la ría de Vigo para iniciar una singladura que exigiría de Vigo y su Museo del Mar algo más que un recuerdo de aquellos “Sur”, de Massó, o los “Chuvias”, de Cholo Armada, que llevaron el nombre de Vigo por los siete mares.

Por si sirviera de estímulo, cabe reseñar que aquel prototipo, el “Toñete”, fue ofrecido al Museo de las Atarazanas, de Barcelona, y exhibido en el Salón Naútico de la capital Catalana en su edición de 1976. ¿Podrá regresar algún día a las aguas que lo vieron nacer y en las que todavía pueden verse algunas aves de las que le dieron nombre? Snipe es como se denomina en inglés la común “agachadiza”.

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