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OTRA REFERENCIA DE CUBA EN VIGO

La obra empresarial de Moises Alvarez O´Farril, nacido en la isla de padre orensano y madre afroantillana

Antes que Citroën, la primera industria de nuestra ciudad fue, por encima del astillero de Barreras, la cerámica. La fábrica de Alvarez, en Cabral, se convirtió en la más importante de España y llegó a emplear a más de 5.000 personas, llevando el nombre de Vigo por el mundo.

Moisés Alvarez O´Farril era un mulato subido nacido en Cuba, hijo del emigrante orensano Manuel Alvarez y de la afrocubana de apellido irlandés Clara O´Farril, cuyo nombre, quizás, tendría algo que ver con el color menos intenso de la piel.

Manuel Alvarez viajó a La Habana en 1917, contrajo matrimonio, tuvo a su primer hijo y ya en 1922 regresó a Vigo para iniciar su aventura empresarial viguesa: una industria dedicada a objetos de decoración en el barrio de Casablanca, muy cerca de donde hoy se encuentra el Corte Inglés.

Fue en 1927 cuando se decidió a crear Manuel Alvarez e Hijos (MAHSA), para comercializar artículos de cristal, porcelana y loza. En 1938 se traslada a Cabral con el objetivo de ampliar instalaciones, y ya en 1941 comienza la actividad industrial, con las fábricas Santa Clara, dedicada a la producción de porcelana, en referencia a su esposa cubana pero que también era el nombre de la localidad en la que se asentó en la isla; y Vanosa, que fabricaba de envases de vidrio. 

EL HIJO, MOISÉS ALVAREZ O´FARRIL

El joven Moisés Alvarez fue enviado a una importante empresa alemana de cerámica a trabajar como aprendiz, lo que le proporcionó conocimiento de la maquinaria y técnicas de producción.

Su regreso a Vigo coincidió con la primera etapa de las instalaciones de Alvarez en Cabral, que se convertirían en unos magníficos edificios obra del arquitecto Francisco Castro Represas, ejemplo destacado de arquitectura industrial racionalista. Se puede decir que Moisés Alvarez O´Farril fue el gran impulsor de la obra iniciada por su padre: importa equipos, impulsa la producción y crea nuevas marcas, como Royal China y Casablanca. Y así nace el Grupo de Empresas Alvarez (GEA), que en 1962 llegó a facturar por encima de los 5.000 millones de pesetas, contando con 5.000 trabajadores.

Por entonces Citroën daba sus primeros vacilantes pasos en Vigo. Mientras GEA montaba una propia red comercial en España que llegó a alcanzar, en 1963, los 34 establecimientos, algunos de ellos en lugares tan emblemáticos como la Gran Vía madrileña.

GRAN EXPANSIÓN Y DECADENCIA 

La década de los sesenta fue excelente para la familia Alvarez. Su empresa, en franca expansión, era, con diferencia, la primera industria cerámica de nuestro país. Fue, a comienzos de esa década, cuando entra en funcionamiento la fábrica de Alfares de Ponte Sampaio (Pontesa), en Arcade. Una industria modernísima, con un alto grado de automatización, dedicada a la fabricación de loza.

Y ya en 1969 se inaugura Moahsa, en Coruxo, que produciría loza para la hostelería. Pero con la llegada de los años setenta se acercaba el fin y el desastre: sobrevino una crisis económica derivada de los precios del petróleo, Moisés Alvarez O´Farril enfermó y la dirección quedó en manos de sus dos hijos.

El Grupo de Empresas Alvarez, quizás sobredimensionado en aquella circunstancia económica, empezó además a sufrir la competencia de otras empresas del sector y, consecuentemente, a reducir considerablemente su cuota de mercado. Una industria que producía gran calidad; pero en aquellos momentos muy mal gestionada.

PARA UN TRISTE EPÍLOGO 

Cuando en 1975 falleció - muy joven, todavía no contaba con sesenta años - Moisés Alvarez O´Farril el fin ya estaba muy cerca. Ante la situación que afectaba a miles de trabajadores, en 1976 el INI se hizo cargo de GEA. Con enormes pérdidas, dos años después la plantilla quedó reducida a 3.000 personas. Una fuerza de trabajo que se fue reduciendo de manera drástica: 1.700 en 1989 y poco más de 1.000 en 1990.

Al final, fracasado un plan de viabilidad, el Instituto Nacional de Industria optó por la privatización. El Grupo de Empresas Alvarez quedó en manos de un holding valenciano. Y a partir de ahí los conflictos hacia el abismo: las fantásticas instalaciones de Cabral terminarían por convertirse en edificios abandonados y ruinosos, aunque esa es otra historia llena de penosas historias.

Pero sirva esta reseña de homenaje a Moisés Alvarez O´Farril, el mulato cubano orensano y vigués que creó la primera gran industria en nuestra ciudad antes de Citroën. Que está injustamente olvidado cuando, no hace tanto tiempo, fue uno de los grandes impulsores de esta ciudad.     

Los productos cerámicos de Alvarez, en especial su loza, siguen siendo una referencia de calidad. En Internet existe un comercio de sus vajillas y otros elementos, que se anuncian como vintage, auténticas piezas de coleccionistas.

BLAS CAÑADA

Ver también:
LA GRAN HUELLA DE CUBA EN VIGO   

19/12/2010