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LA RECUPERACIÓN DEL ALBARIÑO MEDIANTE LA LITERATURA

Era una variedad minoritaria y medio abandonada

Los dos colegas de la foto, destacados agitadores culturales a su manera y en su época, tuvieron mucho que ver con el rescate del vino de las Rías Baixas que se produjo a partir de mediados del siglo pasado. José María Castroviejo y Alvaro Cunqueiro fueron sus primeros y grandes publicistas cuando el Albariño era todavía escaso y sólo apreciado por algunos buenos catadores, entre los cuales ellos eran de los más destacados. Por separado, frecuentemente a dúo, entre ambos eran capaces de consumir cada año una significativa parte de la más seleccionada producción de aquellas lejanas, pequeñas y prometedoras vendimias.

A partir de 1850 aparece en Galicia el Oidium y más tarde el Mildiu. En la segunda mitad del Siglo XIX sucesivas plagas de estos hongos - cuando no había conocimientos ni medios para combatirlos - destruyeron el 99% de las 25.000 Has de las variedades blancas autóctonas que existían en la provincia de Pontevedra.

La similar devastación de los viñedos de la provincia de Ourense tuvo una mayor importancia importancia económica, ya que fue la principal causa del empobrecimiento de la población rural y de la masiva emigración de los campesinos del interior hacia América.

CEPAS QUE SOBREVIVIERON REFUGIADAS EN LOS PAZOS

Todavía en los años cincuenta del Siglo XX no llegaban a 200 las hectáreas de cepas de Albariño que se habían recuperado o que habían sobrevivido en algunas fincas paciegas y de paisanos celosos de su herencia aunque no conscientes por entonces de su verdadero potencial, ignorantes de que el Albariño era y es una de las grandes variedades blancas del mundo. Por eso, la mayoría de las siete mil hectáreas de viñedo replantadas en la provincia lo fueron con variedades híbridas de baja calidad; pero mucho más resistentes a las enfermedades.

El Albariño sólo se bebía en pazos, privilegiadas casas aldeanas y algunas vetustas tascas de Cambados, donde también lo vendían para llevar, casi siempre de cosecha propia. Era un vino para entendidos.

Por aquellos años, concretamente en 1953, Bernardino Quintanilla, señor de pazo, retó a su amigo Ernesto Zárate, señor de lo mismo, a una cata para dilucidar cuál de sus albariños era mejor. E invitaron a una especie de cena-concurso a otros cosecheros. La sorpresa fue que ganó el vino del paisano José Rodiño Oubiña, procedente de su finca Carballal, que al igual que los otros estaba elaborado con uvas de cepas centenarias.

Eso sí, en los tres años siguientes se impuso el vino de Ernesto Zárate, el cual, muy caballerosamente, decidió, tras el tercer galardón, retirarse permanentemente de la competición.

LA MEJOR LITERATURA PARA PROMOCIONAR UN VINO EXTRAORDINARIO

Con las sucesivas ediciones, el número de catadores convocados ya se había incrementado considerablemente y entre los fijos al encuentro de Cambados destacaban un par de brillantes individuos, la entente formada por Alvaro Cunqueiro y José María Castroviejo, ambos siempre con el mejor ánimo de probar cuantas botellas les pusieran por delante para después charlar, fantasear y un par de días más tarde, ya medio recuperados, ponerse a escribir.

Cunqueiro y Castroviejo consiguieron además para su empeño promocional la colaboración del extraordinario articulista y gastrónomo catalán Néstor Luján, un habitual en eso de venir a Galicia a comer y beber. Su debilidad eran los bogavantes autóctonos, que aun los había, presentados con todos sus jugos resaltados tras una pasada por la plancha. Como lo invitaban y además le gustaba no poco aquel blanco tan diferente y novedoso, pues divulgaba desde la revista Destino, de la que era director, las maravillas del Albariño naciente.

Así, Castroviejo y Cunqueiro, con la significativa contribución externa de Luján, fueron desde sus columnas los grandes promotores de un vino que, por su gran calidad y escasez, también por la literatura que lo acompañaba, se fue convirtiendo en una especie de mito cuyas botellas trataban de conseguir los mejores aficionados.

Y aquí hay que decir que, inclinación por el Albariño aparte, Alvaro Cunqueiro, aunque mindoniense de pro, tenía familia con profundas raíces en Cambados, de donde era natural su padre.

LA FIESTA DEL ALBARIÑO Y EL PAPEL DE FRAGA IRIBARNE

Creciendo continuamente a lo largo de una década, la del Albariño siguió siendo una fiesta privada aunque cada año más concurrida, por lo que fue cambiando de emplazamiento de pazo a pazo con mayores dimensiones de jardín para poder acoger al creciente número de asistentes.

Por allí aparecía a comienzos de los sesenta un personaje llamado Manuel Fraga Iribarne, amigo y sobre todo admirador de Alvaro Cunqueiro. Se trataba de un catedrático de Derecho Político que andaba por Madrid haciendo carrera dentro del Régimen, en el que ya había conseguido ser Director del Instituto de Estudios Políticos, que en tiempos de Franco existían estas cosas tan raras como inútiles entonces, aunque a algunos les extrañará. Tenía además, una faceta parrandera a su manera, la que le salía cuando libaba: le gustaba, aunque con cierto distanciamiento en público, la fiesta; y también el entorno del vino y sus derivaciones. Acudía casi todos los años al encuentro de la cata del Albariño.

A principios de los 60 la fiesta dejó de ser privada, convirtiéndose en una celebración para todos. Nacía la verdera Fiesta del Albariño. Y en esto a Fraga Iribarne lo nombró el Caudillo Ministro de Información y Turismo, en el año 1962. Su protagonismo presidiendo la Fiesta en 1965 resultó, por la gran repercusión mediática que tuvo, clave para dar a conocer el vino de las Rías Baixas a nivel nacional.

Al año siguiente su ministerio adquirió el Pazo de Bazán para convertirlo en Parador Nacional del Albariño.

En la actualidad, celebrándose en la primera semana de Agosto, se calcula que acuden por esas fechas a Cambados unas ciento cincuenta mil personas.

NACE LA DENOMINACIÓN DE ORIGEN

El vino comenzaba a ser bien conocido y las plantaciones aumentaban en extensión de forma constante. Pero faltaba el gran empujón, el definitivo, que se produjo en 1988 con el nacimiento de la Denominación de Origen Rías Baixas - antes, desde 1980, era una Denominación Específica - englobando al principio las subzonas de O Salnés, Condado y Rosal, admitiendo para la elaboración de los blancos otras variedades autóctonas, aunque la proporción de Albariño nunca debe ser menor del setenta por ciento.

La Denominación partió con catorce bodegas y tan sólo 237 Has de viñedo, que en 2001 ya eran 2408 Has, mientras que las bodegas - en una evidente muestra de minifundio - superaban las ciento cincuenta. En la actualidad se superan las 4.000 Has. Y el vino está reconocido como lo que es, uno de los grandes blancos del mundo, implantado en importantes mercados exteriores.

Los detractores de Fraga Iribarne - al que desde la memoria se le pueden echar en cara tantas cosas, algunas bien graves - lo acusaron en su momento de convertir la Fiesta del Albariño en una gran celebración propagandística de Alianza Popular primero y del Partido Popular después. Lo cual es cierto. Ccomo también que Fraga tenía muy buenos anclajes en O Salnés, donde los grandes capos contrabandistas de tabaco como "Terito" Otero o "Nené" Barral contribuían con considerables sumas a las arcas de su partido, además de organizarle cuchipandas bien regadas y aportar un gran número de votos. Pero, al mismo tiempo, se debe aceptar y agradecer que el Albariño se dio a conocer y su cultivo despegó en buena parte gracias también al apoyo de Manuel Fraga cuando todavía se hacía llamar Fraga Iribarne.

Respecto a Alvaro Cunqueiro, unos políticos de la Xunta que, como es bien sabido, son por lo general y en su conjunto gente poco instruída y carentes de sensibilidad, cometieron la ignominia de ponerle su nombre a un macro hospital en Vigo que además es un desastre en su funcionamiento.

Cuando lo que él se merecía era un centro etnográfico con biblioteca.



R. EIRAS

Ver también:EMPRESARIOS VIGUESES DEL ALBARIÑO




07/08/2016