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CUANDO A CORUÑA
/COMO SIEMPRE BUSCANDO
SU MEJOR Y MAYOR BENEFICIO/
SALVÓ LA RÍA DE VIGO

Ocurrió en los primeros años sesenta y desde entonces los vigueses nos sentimos muy agradecidos a los herculinos

La fotografía corresponde a una vista parcial de las instalaciones de la refinería coruñesa con la ciudad herculina al fondo. Un enorme complejo industrial contaminante que en un principio estaba destinado a la Ría de Vigo para instalarse junto a Monte Ferro, concretamente sobre la playa de Patos.

La historia es la siguiente: a finales de los cincuenta un emigrante gallego en Lisboa natural de Ponte Caldelas convertido en un magnate internacional del negocio petrolero, de nombre Manuel Cordo Boullosa, anunció que, en sociedad con una compañía norteamericana, se disponía a solicitar permiso para construir una refinería en la Ría de Vigo, concretamente junto a Monteferro, sobre terrenos que daban a la playa de Patos.

De inmediato reaccionaron los poderes coruñeses moviendo todos sus resortes en el régimen de Franco para paralizar el proyecto de Vigo y llevar a cabo en su ciudad uno similar pero de propiedad estatal, contrapuesto al vigués, que era privado e internacional. Entre las influencias a las que recurrieron se encontraba la de Doña Carmen, tan agasajada en A Coruña, la cual, se dijo en su momento, jugó un papel importante. Mientras que los responsables del puerto no dudaron en presentar una documentación que incluía una carta marítima modificada - por decirlo así - en la que no aparecía una aguja rocosa que dificultaba las maniobras de grandes buques y cuya existencia provocaría años después, en 1976, el desastre del Urquiola. Tras aquello, fue entonces cuando la volaron.

VIGO, QUE ENTONCES SE SINTIÓ DESFAVORECIDO, RESULTÓ EL GRAN BENEFICIADO

En Vigo la pérdida de la refinería se consideró una pésima noticia, pues casi nadie en aquel momento interpretaba que la instalación de un monstruoso complejo refinero en Patos desgraciaría para siempre la Ría y muy concretamente el litoral hoy residencial y turístico entre Saiáns y Baiona, esta villa condenada. Pero es que por entonces las sensibilidades y las formas de ver las cosas eran muy distintas.

Era un Vigo, el de finales de los cincuenta y principios de los sesenta, en pleno gran impulso porque - gracias a la existencia de una Zona Franca, aunque también, no se debe olvidar, a las gestiones de un gran vigués como fue Félix Santamaría - en 1958 llegó Citroën, que en 1960, ya en Balaídos, contaba con más de quinientos trabajadores y producía miles de vehículos.

Lo que coincidía con los primeros pasos de Pescanova, creada en 1960. El futuro de la industria pesquera partir de las operaciones en lejanos caladeros y del invento del pescado congelado se presumía, como así fue, espléndido.

Mientras que A Coruña, ciudad administrativa en la que faltaba iniciativa empresarial privada, las únicas industrias eran estatales: la Fábrica de Armas y la Fábrica de Tabacos. Por eso quisieron una refinería, también estatal.

UNA REFINERÍA EN LA RÍA HUBIERA TENIDO UNAS CONSECUENCIAS TERRIBLES

Gracias a los poderes herculinos de entonces tan bien relacionados con el régimen de Franco y que sabían aprovechar los veraneos del dictador en el Pazo de Meirás que la ciudad le había regalado se salvó un privilegiado litoral. En realidad, toda la Ría de Vigo.

Hay que agradecérselo eternamente a los jerifaltes franquistas de A Coruña, porque de no ser por su intervención el proyecto de Corgo Boullosa y sus socios americanos hubiera salido adelante y en Patos tendríamos hoy enormes chimeneas en ocasiones expandiendo emisiones malolientes, en un entorno de enormes tuberías y gigantescos depósitos de combustible. Con muelles adentrándose en la Ría y grandes petroleros contaminando con su sola presencia, además del riesgo de accidentes.

Una salvajada que se evitó desde A Coruña, cuya gran industria de refino de petróleo fue definitivamente adjudicada en 1962 e inaugurada en 1964.

Esto sucedió precisamente en unos años en los que Vigo comenzó a crecer de manera espectacular camino de convertirse en la primera ciudad de Galicia. No existiría el Parador de Baiona, que se inauguró en 1967, ni la Ría con las Islas Cíes que la guardan sería el destino turístico que es hoy, mientras que Nigrán se hubiera convertido en un pueblo más industrial que pesquero con un enorme foco de contaminación presidiendo el municipio.

Por todo lo cual, en este caso, debemos estar los vigueses bien reconocidos a la ciudad que se dice herculina. Sin olvidar, que no conviene, que a lo largo de los dos últimos siglos desde allí siempre se hizo todo lo posible por detener el desarrollo de nuestra ciudad.

Llevándose la refinería era lo que de nuevo pretendían. Pero la cosa les salió muy al revés.

Muy agradecidos debemos estar; pero sin olvidar otras cuestiones. 

R. EIRAS

VER TAMBIÉN:
EL DISPARATE DEL PUERTO EXTERIOR DE A CORUÑA
Publicado el 03/07/2011


01/07/2017