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EL SANTÍSIMO CRISTO DE LA VICTORIA
ALIAS ´EL MAGNÍFICO´

Así se llamaba uno de los audaces y bien armados barcos corsarios con base en Vigo que contaban con aguerridas tripulaciones y que a finales del Siglo XVIII se dedicaban a esta actividad casi siempre tan rentable

En el último tercio del Siglo XVIII la villa marinera de Vigo giraba en torno al bullicioso mundo pesquero y comercial que se había originado en el arenal de la Ribera del Berbés. Corrían tiempos de enfrentamientos bélicos con Inglaterra y la actividad corsaria, que estaba perfectamente regulada, se consideraba parte de la contienda en el mar, ya que servía para apresar naves, causar bajas al enemigo y perjudicarlo en su abastecimiento y comercio.

En 1779, el reconocimiento por parte de España y Francia de las provincias secesionistas de América del Norte provocó un nuevo enfrentamiento con Inglaterra y su nación aliada Portugal. Fue entonces cuando Buenaventura Marcó del Pont - el primer comerciante e industrial catalán radicado en Vigo, que también inició la industria del salazón - obtuvo permiso real para armar barcos corsarios.

Eran aquellas unas naves ´piadosas´, bajo advocación de figuras religiosas, las que detentaban patente de corso. Se llamaban San Carlos, Cristo de la Buena Victoria o Virgen del Portal, nombres digamos que oficiales; pero que eran siempre más conocidas por sus alias, a saber: ´El Atrevido´, ´Los Tres Hermanos´ y ´La Liebre´, que así eran nombradas, respectivamente, las naves de arriba.

Hasta que se firmó la Paz de Versalles en 1873 los barcos de Marcó del Pont capturaron numerosos barcos mercantes ingleses y portugueses cargados con géneros tales como sal, especies, aceite, paños, cueros o trigo que se desembarcaban y era comercializados en el entorno de la Ribera del Berbés.

EL CORSO ERA UN EXCELENTE NEGOCIO Y UNA FUENTE DE RIQUEZA PARA EL PUERTO

La arriesgada actividad corsaria podía ser muy rentable siempre que los vientos de la suerte soplaran a favor. Y contaba Vigo con la ventaja de una situación geográfico estratégica ideal para que sus barcos se beneficiasen del tráfico entre Portugal e Inglaterra. El negocio, en resumen, marchaba casi siempre bien, resultando un considerable dinamizador de la economía local, un factor que impulsó el crecimiento del comercio y de la población, ya que, no siendo Marcó del Pont el único armador dedicado a la actividad, nuestro puerto llegó a contar con una numerosa y poderosa flota.

En los últimos años del Siglo XVIII, ya en tiempos de Carlos IV, se volvieron a dar las circunstancias bélicas apropiadas. De los nuevos barcos con patente de corso, uno recibió el nombre de Santísimo Cristo de la Victoria, conocido por ´El Magnífico´; y otro el de Santísima Trinidad, cuyo alias desconocemos. Aunque el orgullo de la flota era el Príncipe de la Paz, éste sin alias, con nada menos que 200 toneladas de arqueo, veinte cañones y una tripulación de 150 hombres bien dispuestos para los abordajes.

Todo está muy bien contado en el libro "La Ciudad y los Días", de José María Alvarez Blázquez, el mejor investigador de nuestra historia, narrada por lo ancho y también por lo menudo en un libro salido de imprenta en 1960, editado por Ediciones Monterrey y que es un tesoro editorial. Que ahora se puede encontrar, en gallego, recuperado por Edicións Xerais (VER AQUÍ)

(Las reseñas y efemérides originales de ´La Ciudad y los Días´ fueron apareciendo originalmente en una sección de Faro de Vigo en los tiempos en que el diario estaba dirigido por Leal Insúa, allá por los años cincuenta del siglo pasado. Más tarde todo el material fue recopilado para ser editado por el propio autor y así entregado al público en forma de libro)

Gracias a los éxitos de la flota corsaria viguesa, Buenaventura Marcó del Pont recibió después altos honores de la Corona, lo que posteriormente redundaría en gran beneficio para Vigo, ya que, gracias a sus gestiones, en 1794 el puerto consiguió por fin el derecho - que tanto había reclamado sin éxito anteriormente - a traficar libremente con todos los países americanos.

BLAS C.

Ver también:
BUENAVENTURA MARCÓ DEL PONT. El catalán que inventó Vigo.

Fuente:
LA CIUDAD Y LOS DÍAS
de Xosé María Alvarez Blázquez


24/03/2017