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EL DESARROLLO DE CANIDO COMENZÓ EN EL SIGLO XIX COMO ENCLAVE O COLONIA INDUSTRIAL

Resulta interesante la evolución de este enclave ahora urbano y residencial que forma parte de la parroquia viguesa de Oia y que hasta 1904 perteneció a la villa de Bouzas. En el Siglo XIX era un pequeño y aislado núcleo rural y marinero en el cual, a finales de esa centuria, primero se instaló una industria cordelera.

A Canido y su costa de Toralla casi sólo se podía acceder por mar, pues no existía ninguna carretera de la costa y el enlace con la de Baiona era únicamente apto para caballerías y carros de bueyes.

En semejante aislamiento, la mejor comunicación por Vigo era por mar, a una hora de vapor, aunque tampoco contaba Canido con muelle. A pesar de lo cual - con su propio embarcadero - allí se instaló en el año 1884 la Cordelera Ibérica, un emprendimiento del catalán Tomás Mirambell junto con dos socios del mismo origen y con maquinaria de vapor importada de Inglaterra, de donde también procedían los técnicos que la manejaban. Una industria que fue viento en popa hasta 1898, pues a partir de entonces dejó de llegar la materia prima que venía de Filipinas. Cerró en 1903. (Ver aquí la referencia: CORDELERA IBÉRICA)

LAS FÁBRICAS DE CONSERVAS

Pero ya antes contaba la playa de Canido con actividad industrial, mediante una planta de salazón que iniciaron en 1844 los "fomentadores" Agustín Curbera y Gerónimo Riera i Amat.

Más tarde, otro Curbera, Guillermo Curbera Tapias, al que sucedería su hijo, Guillermo Curbera Solleiro, en el año 1900, inició en el mismo emplazamiento la fabricación de conservas de pescado mediante el sistema de cerrado hermético inventado en la Bretaña francesa. Iniciativa a la que se sumaron otros empresarios, aunque con pequeñas industrias que tuvieron corta vida. Entre ellos varios ciudadanos franceses, como los que formaron la sociedad "Dignan Gautier y Compañía"; y posteriormente Henri Chancerelle, bretón que montó fábricas en distintos puntos de las Rías Baixas.

En 1910 comenzó un periodo de crisis debido a la escasez de sardina, de modo que en 1915 solo sobrevivía la industria de Curbera. Y así fue  hasta principios de la década de los veinte, cuando, recuperado el nivel de capturas, se instalaron en Canido Floro González Sieiro y Antonio Cerqueira, ambos salazoneros procedentes del arenal de Coia. El segundo era descendiente del ciudadano y comerciante portugués, natural de Caminha, Joáo Baptista Cerqueira Matos, que se había casado e instalado en Vigo.

Por su parte, Floro González era un singular personaje orensano de O Carballiño, el cual, pese a padecer una acusada minusvalía física, también montó un molino eléctrico, un aserradero de madera y un taller de puntas y clavos.

Estas tres plantas, las de Curbera, Cerqueira y Floro González fueron las que se mantuvieron en actividad hasta los años ochenta.

SIN MUELLE HASTA LA DÉCADA DE LOS CUARENTA

Unas fábricas que recibían del mar su sustento de producción a través de la playa, pues Canido no contó con muelle hasta los inicios de los años cuarenta.

Era un mundo marinero e industrial que convivía con el marcadamente rural y agrario de la zona alta de la parroquia de Oia, donde en el pasado habían abundado las plantaciones del lino - de ahí Los Liñares - que se utilizaba para producir tejidos artesanales en primarios telares.

Y un pequeño mundo que cambió notablemente con la llegada, en 1926, del tranvía-tren de Vigo a Baiona, que vertebró toda la costa y prestó un servicio fundamental a las sucesivas parroquias y al Val Miñor. La carretera desde Samil no se inauguraría hasta bastante más tarde, cuando en 1953 entró en servicio el puente sobre el Lagares. Fue por entonces cuando se empezó a desarrollar, en el entorno de la playa de Fuchiños, la estación de veraneo que con el tiempo daría lugar a la actual zona residencial.

De los aquellos pioneros del Canido de carácter industrial hay que mencionar siempre a los miembros de la familia Riera, los descendientes de aquel Gerónimo Riera que con Guillermo Curbera inició la primera industria de salazón, de los cuales varios pasaron a dedicarse a la hostelería. Como es bien sabido, uno de ellos, Javier Riera, fue un hombre fundamental no sólo para el desarrollo de la planta de Citroën en Balaídos - que en su época, debido a su iniciativa y gracias a sus gestiones, pasó a ser centro piloto productor de modelos en exclusiva - sino también de la industria auxiliar de la automoción, al ser Riera el impulsor de Ceaga (Clúster de Empresas de Automoción de Galicia)

Ya retirado, allí vive frente a la playa, prácticamente en el mismo lugar en el que se asentaron sus ascendientes catalanes a finales del Siglo XIX. La figura de Javier Riera, un auténtico pata negra de Canido cuya trayectoria de alguna manera viene a personificar el salto industrial de Vigo de las conservas a la automoción.

VER AQUÍ:
CUANDO CANIDO SE CONVIRTIÓ EN UN NÚCLEO DE VERANEO

Y TAMBIÉN:
EL ENCLAVE SOCIAL Y GASTRONÓMICO DE "COCHÓN"




Para una mayor y excelente información sobre la historia de San Miguel de Oia y Canido, en un gran trabajo de su autor, Bernardo Vázquez, ver aquí:
MEMORIA DE OIA


B.C




13/09/2017