Cr贸nicas de otro Vigo Una secci贸n de Blas Calzada

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"Cable Ingl茅s", la cerveza y los vinos de Oporto


Empleados del Cable Ingl茅s en una foto de familia laboral.

La Great Estern Telegraph Company, que se encargaría de tender cables submarinos para la telegrafía entre las Islas Británicas y el continente europeo; y posteriormente de conectar Europa con Africa, Asia y América, se fundó en el año 1872, como resultado de la fusión de varias empresas.

Uno de los cables de la Eastern enlazaba Porthcurno con Vigo; y Vigo con Carcavelos, en Portugal, desde donde partían otros hacia el Mediterráneo y hacia Brasil. De esta manera, nuestro puerto era punto de partida de las comunicaciones de España con América.

En la Calle Real - posteriormente se trasladarían - se ubicaron en 1873 las primeras oficinas viguesas de la Eastern Telegraph, enseguida bautizada aquí como Cable Inglés. A partir de entonces, a lo largo de muchas décadas, la colectividad de empleados de la compañía británica hizo sentir su presencia en la vida social y económica de la ciudad.

Deportes y cerveza

Es bien sabido que los ingleses del Cable trajeron la novedad de algunos deportes. Por eso Vigo fue pionera en Galicia en contar con canchas de tenis – de hierba, por supuesto -; y también la primera ciudad donde se practicó el tenis de mesa, en un principio considerado actividad elitista y propia de los clubs más distinguidos. Esto, aparte del fútbol, naturalmente, un deporte de equipo y balón que por entonces los ingleses daban a conocer fuera de sus islas.

Pero es que, además, esta presencia británica aportó a la ciudad una industria tan singular entonces como una fábrica de cerveza propiedad de un tal Mr. Hyde. En la edición del 8 de Mayo de 1875, un cronista urbano informaba al respecto:

“La fabricación de cerveza ha sido emprendida por Mr.Hyde, quien acumulando una excelente clase de materias primas para su elaboración, ha logrado dar cima a una justa y honrosa competición con la cerveza del extranjero, tanto por su buen gusto como por el “spirit” del líquido, de fermentación completa y acabada”.

Al parecer, según otras crónicas, la novedosa cerveza era considerada capricho de jóvenes modernistas – un poco pijos, diríamos ahora -, en especial de aquellos que frecuentaban una sociedad llamada “Gimnasio”, unos considerados snobs que también fumaban tabaco, preferiblemente egipcio.

Vinos de Oporto

Los ingleses del Cable propiciaron, asimismo, la aparición de otra industria del sector bebidas, la que nació de un pequeño despacho de vinos propiedad de un ciudadano de origen portugués de apellido Bandeira, establecimiento que se encontraba justo al lado de las oficinas cableras ya instaladas en el edificio de Bárcena, en Velázquez Moreno esquina Policarpo Sanz.

Parece ser que el señor Bandeira expendía excelentes caldos de Oporto, y es bien sabida la afición de los británicos estos vinos. Total, que gracias a aquella perseverante clientela al señor Bandeira le fueron muy bien las cosas, hasta el punto de que, con el tiempo, el despacho se convertiría en gran bodega, e incluso los vinos de Oporto con la etiqueta Antonio Bandeira llegaron a ser, hasta los años 80 del siglo pasado, una referencia en el mercado nacional de bebidas, con notable presencia en las estanterías de los bares.

El gran solar y las abandonadas naves de las Bodegas Bandeira, donde se elaboraba y embotellaba un peculiar vino de Oporto se encuentran en el barrio del Calvario, esperando destino urbanístico.