Cr贸nicas de otro Vigo Una secci贸n de Blas Calzada

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La isla de San Sim贸n fue clave para el desarrollo inicial del puerto

La mayor parte de los vigueses de hoy piensan que la isla de San Sim贸n que preside el bello entorno del fondo de la R铆a siempre estuvo all铆 como privilegiado ornato de la naturaleza y cumpliendo 煤nicamente ese papel excepto cuando sirvi贸 de prisi贸n en una desgraciada 茅poca no tan lejana, durante la guerra civil.


Pero no es así. O no es sólo así, puesto que a la isla se le debe el primer impulso importante y posterior desarrollo del puerto de Vigo gracias a que allí se instaló, en 1842, un lazareto, el Lazareto de San Simón, que significó el punto de inflexión para la Ría que a partir de entonces se convirtió en punto de escala de obligada cuarentena para todos los barcos que quisieran acceder a cualquier puerto del noroeste peninsular. 

Se produjo un extraordinario movimiento marítimo con entradas y salidas de cientos de buques todos los años, lo que estimuló antiguos y promovió nuevos negocios de consignación, aprovisionamiento, reparación de barcos y un considerable etcétera.
 
 
De tal modo que a lo largo de los doce años que siguieron a su inauguración, entre 1842 y 1854, fonderaron en la Ría nada menos que 2.349 naves de todas las banderas para pasar, con sus tripulaciones y viajeros, aquella necesaria cuarentena y evitar así la difusión de enfermedades importadas.

Vigo, con su Ría, se dio así a conocer como gran puerto del Atlántico, un refugio seguro en todo timpo, lo que hay que agradecer en muy buena parte al médico Taboada Leal, quien, ya en el año 1829, comenzó a predicar la necesidad del  establecimiento sanitario. Los hechos habían venido a darle la razón en 1834, cuando en todas las poblaciones del litoral se desató una fortísima epidemia de cólera morbo - al parecer, procedente de Inglaterra y traída por una escuadra de guerra portuguesa -, que en Vigo alcanzó una especial virulencia, produciendo un considerable número de muertos.
 
El proyecto lo desarrolló el mismo Taboada Leal inspirándose en los lazaretos de Marsella y Estocolmo, por entonces considerados los mejores de Europa.
 
Como siempre ocurría cuando se trataba de Vigo - y sigue ocurriendo, que ejemplos actuales no faltan -, el gobierno de la nación se mostró muy remiso a disponer de los fondos necesarios para su construcción, por lo que su inauguración sufrió notables retrasos. Una actitud, en realidad, debida a la oposición de otras ciudades gallegas, Pontevedra y A Coruña concretamente, que trataban de impedir, a base de influencias políticas, que el lazareto se instalase en nuestra Ría.

Hasta que tuvo que intervenir la iniciativa privada viguesa por medio de un importante industrial de la época, otro ciudadano destacado del Siglo XIX, Norberto Velázquez Moreno, de origen riojano, quien aportó de su pecunio particular los caudales que se necesitaban para que el establecimiento pudiera convertirse en realidad.

Se puede afirmar sin ninguna duda que el puerto de Vigo recibió su gran y definitivo impulso gracias al Lazareto de San Simón.