Cr贸nicas de otro Vigo Una secci贸n de Blas Calzada

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El muelle de hierro

Se encontraba en las Avenidas, en el arranque de la actual calle Concepci贸n Arenal a la altura del solar que ocupa el edificio de la Xunta.


Se trataba de una estructura de en forma de T con dieciocho metros de ancho y dieciocho en la cabeza, con una línea útil de atraque de 348 metros y que vino a sustituir a otro anterior construido en madera.

Fue fruto de la iniciativa privada de empresarios de la ciudad, como casi siempre sucede en Vigo. Su inauguración, en 1893, se consideró todo un acontecimiento. Unas instalaciones muy necesarias entonces porque Vigo, a pesar del intenso tráfico en su puerto, carecía de verdaderos muelles. Que no se construían debido a que los cuantiosos ingresos que generaba el movimiento de buques que se dirigían a América con pasajeros de la emigración el gobierno los destinaba a la construcción del puerto de A Coruña.

El flamante muelle funcionó a la largo de tres décadas, hasta que en Enero de 1922 un gran temporal con vientos huracanados del norte y noroeste provocó que un barco fondeado en la Ría quedara sin gobierno y fuera a estrellarse contra las instalaciones.

"Parece que la naturaleza, que nos ha colocado en situación privilegiada, quiso, en un momento de indignación, dar un fuerte aldabonazo al poder Central para que atendiera de una vez lo que no quiso oir, desatendiendo las justas reclamaciones de este laborioso pueblo", así escribió un indignado cronista local al día siguiente.

LA VISITA DE PRIMO DE RIVERA

Aquel poder central, representado en Galicia desde A Coruña, siguió haciendo caso omiso.

Tuvo que ser la llegada de un gobierno duro, menos influenciable por las cacicadas e interesados tejemanejes localistas, la que provocó un cambio de rumbo en aquel estado de cosas. Así, el gobierno del general Primo de Rivera, que a finales de 1922 había tomado las riendas del poder mediante un golpe de estado bien visto por el monarca Alfonso XIII, fue el que decidió dotar a Vigo de las infraestructuras portuarias que precisaba, asignando los fondos necesarios - 34 millones de pesetas de entonces - para comenzar las obras. 

Unas obras de construcción del puerto que debían realizarse de acuerdo con el proyecto del ingeniero jefe del mismo, Eduardo Cabello Ebrentz, al que dedicaremos otro capítulo, que llevaban catorce años esperando por su provisión presupuestaria.

Tras haber asignado el gobierno los fondos, en Julio de 1924 apareció por Vigo el propio Miguel Primo de Rivera, tributándole la ciudad un extraordinario recibimiento.