Cr贸nicas de otro Vigo Una secci贸n de Blas Calzada

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La calle del Pr铆ncipe

Nombrada as铆 en honor de Alfonso XII

Tras la demolici贸n de las viejas murallas que envolv铆an el Casco Vello, en 1861 se inici贸 la construcci贸n de las primeras calles del Vigo moderno, comenzando por la del Pr铆ncipe, en honor al futuro rey Alfonso XII, que hab铆a nacido en 1857.


La vieja postal que se reproduce debe corresponder a los años veinte. Y como se puede observar, la fotografía debió ser tomada un día de buen sol, probablemente al mediodía. Escasos viandantes, un solitario automóvil - tampoco había muchos por entonces - y no circulaba ningún tranvía.

En aquella Calle del Príncipe de finales del Siglo XIX y primer tercio del Siglo XX se encontraban la Oficina de Correos; las dependencias de la estación telegráfica de la compañía británica Eastern Telegraph, aquí rebautizada como "Cable Inglés"; las diversas representaciones consulares; y la agencia de la Royal Mail Steam Packet, en lenguaje local conocida como "Mala Real". Además de una fábrica de chocolate, comercios y la Oficina de Sanidad del Puerto. Una calle principal de pequeña ciudad; pero muy internacional, debido al puerto.

Pasados unos años tras la guerra civil, la calle del Príncipe se convirtió en un paseo, en una "calle mayor" a la que acudían los vigueses a pasear a última hora de la tarde. De la Puerta del Sol a Urzáiz y vuelta, gente más bien gris, sin demasiados motivos de regocijo, de todas las edades, caminaban ante el edificio donde se encontraban los juzgados y la prisión de la ciudad - el actual Museo de Arte contemporáneo - queriendo ser totalmente ajenas, o tratando de aparentarlo, a lo que allí dentro ocurría. Una cárcel en pleno centro de la ciudad. A los presos les llegarían los rumores de la calle, doble castigo.

Era la prolongada postguerra que duraría demasiado tiempo. Sin embargo, en la calle del Príncipe funcionaban buenos establecimientos propiedad de comerciantes zamoranos o maragatos: los Carbajo, Bravo o Romero, dedicados a los textiles; o zapaterías como la de Cruces. La famosa pastelería Las Colonias; la mercería La Favorita; o la tienda de comestibles de Costas. Entre otros, prácticamente cada edificio un comercio, como ahora.

Uno de ellos, muy popular, que más tarde se trasladaría a Marqués de Valladares, dedicado a bisutería y juguetes, se llamaba Tobaris, en torno al cual llegó a circular mucho más tarde, ya superado el franquismo, una curiosa leyenda urbana: su propietario, que era un rojo superviviente y disimulado, quiso realizar un personal desafío a la dictadura de los vencedores deciendo llamar así a su negocio, Tobaris, como una deformación de Tovarich... O sea, que Tobaris, según esa leyenda, se llamaba en realidad Camarada.

De ser cierto el cuento, de buena se libró aquel osado comerciante, que muy bien pudo, por su jueguecito, haber terminado en una de las celdas del presidio al final de la calle.