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LA ESTUPIDEZ HUMANA
Pablo Lago
Escribo bajo la influencia de las bajas presiones y las bajas pasiones: la bomba atmosférica que afecta a Galicia y muy especialmente a las Rías Baixas y la borrasca humana provocada por el indigno comentario de la diputada en el Congreso Rosa Díez a cuenta de los gallegos y su peyorativa escala del gentilicio. La borrasca atmosférica me provoca hastío en medio de un invierno ostentoso en lluvias y temporales, que mantiene enmohecidos hasta los sentidos y, la otra, la ciclogénesis política de Rosa Díez me causa estupor e indignación.
Imaginemos que en la escala del peyorativo término, en el peldaño más bajo, la señora Díez identifica al gallego con el indeciso de la escalera y en el más alto al tonto cuya acepción está a punto de desaparecer del DRAE . Seguimos en la incógnita de saber qué quería decir Su Ilustre Diputada porque como explicación de su calificativo se refirió al tópico de la indecisión del gallego para conceptuar a ZP- indecisión que en realidad está en los otros porque él, el gallego, sabe perfectamente cual es su orientación y utiliza ese recurso como cautela ante lo no domesticado- pero apeló al sentido del humor de los paisanos de Cunqueiro para encajar la andanada léxica como si de una malévola broma se tratase, lo que parece indicar que detrás de la justificación se esconde la verdad: la certificación de que sus palabras no reflejan únicamente una torpeza del habla sino el fiel convencimiento de un pensamiento íntimo que identifica lo gallego con la ignorancia y el atraso, imagen asociada históricamente a los habitantes de este país que han hecho y hacen lo indecible para hacerla desaparecer de la opinión pública.
Pero, ante la avalancha de críticas, Rosa Díez se retrató en su contrarréplica para contestar a las reacciones adversas provocadas por su descalificativo: habló de muestra de intolerancia- ¡estupor!-, complejo de inferioridad – el sambenito- , y, ¡oh, cielos!, de perturbación nacionalista, ese fantasma que la acompaña en sus noches de vigilia desde su transmutación en UPyD, en ese camino recorrido desde el socialismo con parada en un progresismo hecho a la medida de la señora Díez cuyo comportamiento hiere y desacredita el propio concepto político. Todo antes que hacer un acto público de humillación pidiendo disculpas.
Al parecer, las palabras de Rosa Díez han provocado alguna deserción en sus filas en Galicia, tímida reacción apenas perceptible en sus principales dirigentes que han optado por el silencio o han disculpado lo dicho por su jefa política, atenuando su trascendencia o atacando por desmesuradas las críticas generadas. Me pregunto con qué arsenal dialéctico se va a atrever UPyD a presentarse a unas elecciones en Galicia después de que su líder nos haya condenado ante la opinión pública, igualándonos con el abominable hombre de León, ese ZP de cuernos y rabo que nos lleva por la calle de la amargura en estos tiempos de zozobra, crisis y hundimiento generalizado de la esperanza.
Óscar Wilde decía que no hay otro pecado que la estupidez, y Rosa Díez ha pecado abiertamente contra la ley de la solidaridad, el respeto y la generosidad. Es una cuestión de educación pero “malo será” que en el pecado no lleve también su penitencia.
07/03/2010
