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EL CRISTO Y CITROËN

En tiempos como los que nos han tocado, con ateos que presumen de serlo por todas partes, en el gobierno de la nación y en el gobierno municipal, cuando el matrimonio de homosexuales se considera algo normal, la Iglesia padeciendo serios problemas de vocaciones y credibilidad y el escarnio de escándalos internacionales debido a la proliferación de curas pedófilos, viviendo en una sociedad en la que se están perdiendo los más tradicionales valores, de una globalización que a través de Internet extiende por el mundo las peores inmoralidades y las más abyectas prácticas, el Cristo de la Victoria, imperturbable, sigue reinando sobre Vigo.


Un Cristo de la Victoria entre cuyas decenas de miles de fieles se cuentan no pocos descreídos, un amplio porcentaje de católicos no practicantes que, trascendiendo motivos religiosos, acuden no a una procesión sino a una manifestación en muestra de profundo viguismo. Son vigueses y siguen a su Cristo, el verdadero emblema de la ciudad.

En teoría, nadie que no sea vigués entenderá muy bien, por mucho que se lo intenten explicar, lo que significa la procesión del Cristo de la Victoria. Menos aun si le dicen que se trata de un rito multitudinario que tiene mucho de profano. Una enorme procesión de aires pueblerinos en una gran ciudad moderna y cosmopolita. Complicado.

Sin embargo, el francés Pierre Ianni, el director de la planta del Grupo PSA Peugeot Citroën en Vigo, sí parece que lo captó. Cuando el 1 de Marzo de 2007, ya han transcurrido más de tres años, tomó posesión de su cargo, aquí mismo se dijo que, a pesar de su primera apariencia de señor distante, se convertiría en un vigués más. Pronto decidió representar personalmente a la factoría en el Club Financiero, y también aprendió a gozar de la Ría realizando cursos de navegación a vela; pero lo que no podíamos esperar es que terminara portando el pendón en la procesión del Cristo de la Victoria por las calles del Casco Vello. Un vigués de pura cepa.

Así se unen el Cristo y Citroen, los dos pilares de Vigo, el espiritual y el económico, ambos identitarios, puesto que los vigueses también consideran a la planta de Citroen como algo propio, que figura en la camiseta del Celta como podría figurar el Cristo.

En estos tiempos en que los crucifijos desaparecen de las aulas y de otros lugares, no estaría de más, Pierre Ianni quizás lo considere, que grandes paños con la imagen del Cristo presidiesen las naves de Citroen. Nada que ver con la religión, por supuesto. Como divisa y blasón de viguismo. Con un lema: al Cristo rogando y en la cadena montando. 

En todo caso, como vigueses, gracias Monsieur Ianni. Por el gesto. Está Usted en su casa, en su ciudad. En la que, como director de esa Citroën que se dispone a emprender una nueva y prometedora etapa en la producción, está claro que marcará Usted una época.

Pierre Ianni sustituyó a un vigués de nacimiento, Javier Riera; y ya es, como tantos miles antes que él, un extraordinario vigués de adopción.

V.E.


  

01/08/2010

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