Crónicas de otro Vigo

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El muelle de hierro

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El muelle de hierro

II Guerra Mundial y submarinos alemanes en Vigo

II Guerra Mundial y submarinos alemanes en Vigo

Una censura que imperaba sobre todo para un tráfico que ofialmente no existía, el de los submarinos alemanes que utilizaban la Ría de Vigo para abastecerse de combustible y víveres y también para ser reparados. Los U Boots que patrullaban esta zona del Atlántico y que entraban y salían por las Cíes aprovechando las horas nocturnas, de modo que en los primeros años de la contienda la Ría se convirtió en una especie de base germana en país oficialmente neutral.

En Vigo se encontraba asentada una influyente colonia alemana y las tripulaciones de los submarinos contaban con tres residencias para su descanso: el Colegio Alemán; otra en un chalet de la calle del Pino; y la tercera en una finca próxima a la desembocadura del Verdugo, en la ensenada de San Simón.

(En la foto de abajo el edificio del Colegio Alemán recién construido en ubicación sobre lo que es hoy calle de Torrecedeira)

Parte de los suministros se los proporcionaban a los U Boots los numerosos mercantes alemanes, unos 60 buques de recalada habitual, que frecuentaban el puerto para cargar mineral de wolfram. También navíos de guerra aparecían esporádicamente, entre ellos el famoso acorazado “Deutchsland”, que permaneció unos días fondedado a la altura de la Guía.

El wolfram – procedente de yacimientos del norte e interior de Galicia, también del norte de Portugal – lo precisaba la industria de guerra alemana para, entre otras aplicaciones, endurecer el blindaje de sus carros de combate. No sólo se cargaba en los mencionados mercantes del Reich, también en otros de bandera de conveniencia.

Todos eran esperados fuera de la Ría por naves de guerra británicas, las cuales, a su vez, estaban amenazadas por los submarinos. A unas doce millas de las Cíes reposan en el fondo del mar las evidencias de aquellos combates.

El régimen de Franco era pro Eje y una buena parte de los industriales vigueses lo eran también. En esta situación, algunos de los muchos anglófilos que había en la ciudad – debido a las largas relaciones de nuestro puerto con Gran Bretaña – se vieron en la coyuntura de ejercer labores que se pueden calificar de espionaje, informando sobre la presencia y movimientos de los barcos alemanes.

Por esa razón, años más tarde, Estanislao Durán recibió del gobierno británico una alta condecoración “por los valiosos servicios prestados durante la guerra a la causa de las libertades”.

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