En portada

Artículo publicado

04/02/2007

vigoempresa vigoempresa

Comparte en

Quizás también te interese Quizás, también te interese

FRAGALANDIA

En portada

31/08/2019

FRAGALANDIA

La Alameda de siempre

La Alameda es hoy sobre todo una zona residencial en el centro de la ciudad. Pero sus orígenes e historia son quizás desconocidos para muchos vigueses.

La Alameda de siempre

En el último tercio del Siglo XIX la ciudad, liberada de las murallas que rodeaban el casco viejo, se expandía con la apertura de las nuevas calles que hoy conocemos como Policarpo Sanz, Colón, Príncipe o Urzáiz, al tiempo que, en una fiebre constructora, se levantaban los grandes edificios de cantería que promovían los principales industriales de la plaza.
La urbanización del espacio que hoy ocupa la Alameda y sus alrededores se llevó a cabo sobre terrenos ganados al mar. Es decir, sobre un gran relleno. Resultó larga y complicada, con varios proyectos que no llegaron a realizarse, hasta que en 1876 fue autorizado el propuesto por Joaquín García Olloqui, todo un peculiar personaje lleno de facetas que, además de promotor urbanístico, fue, entre otras diversas actividades, diplomático en Egipto y también, hay que decirlo, un pésimo poeta y dramaturgo, aunque, eso sí, muy popular en su tiempo.
Vida social en el parque
Aquella Alameda formaba parte del emprendimiento privado, impulsado por García Olloqui, denominado «Nueva Población», iniciado en 1870 y que incluía las calles aledañas. En realidad, fue concebida al modo de los antiguos parques de las ciudades inglesas, rodeada por una verja de hierro con accesos que se cerraban al anochecer y para uso exclusivo de los residentes que habían adquirido propiedades en la urbanización.
Pero esta situación cambió pocos años después, en 1876, cuando el ayuntamiento de entonces decidió que debía convertirse en un espacio público y enseguida se convirtió la Alameda en el salón urbano de Vigo, centro de la vida social callejera y el lugar del que presumían los vigueses de finales del XIX y principios del Siglo XX ante los visitantes ilustres.
La ciudadanía bien vestida iba a pasear, a ver y dejarse ver en un espacio que era especialmente frecuentado los jueves y domingos, jornadas amenizados por las actuaciones de una banda de música. Mientras unos paseaban, otros optaban por las sillas que alquilaba la Casa de Caridad.
En 1890, la estatua de Méndez Núñez ya se encontraba exactamente en el mismo lugar donde se alza hoy, con el mismo estanque con fuente de hierro a su espalda.
Por motivos que desconocemos, corriendo 1925 se talaron los grandes árboles primigenios que conformaban la Alameda y se plantaron nuevas especies y plantas ornamentales, dándole un aspecto muy próximo al actual. Por fin, en el año 1930 recibió su nombre oficial, el de Plaza de Compostela.
Blas Cañada

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Print this page