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La Cantina del Puerto

Abierta desde hace algo más de cincuenta años, “La Cantina” del Puerto Pesquero de Vigo es uno de los locales de hostelería con más personalidad de la ciudad.

La Cantina del Puerto

Fabada o chinchos de primero, y churrasco o rapante de segundo, puede ser el menú que un día cualquiera pone a disposición de sus clientes este bar que, por su emplazamiento en el mismo puerto de O Berbés, es de los pocos que no cierra sus puertas ni de día ni de noche.
Bajo la apariencia de una cafetería normal y corriente, La Cantina es testigo a diario de todo lo que sucede en el Puerto; sus cuatro paredes, hoy reformadas, enmarcan desde las vivencias de los marineros del Gran Sol o de bajura hasta las considerables cifras de negocio que hablan y manejan los ejecutivos, y es que todos ellos comparten este mismo espacio común para parar a tomar un café.

Paco Oliveira Dias, portugués afincado en Vigo desde hace más de treinta años, árbitro de la Liga de Veteranos los fines de semana, es su encargado desde hace siete años. Paco llega a las siete de la mañana, una de las “horas punta” del día y junto a otros cuatro camareros, comienza a servir el “desayuno económico” que por 1,75 euros se ofrece en un horario poco usual, de cuatro a once y media de la mañana.
En muchas ocasiones los desayunos de croissant y café se sustituyen por bocadillos de calamares o de asado con queso, e incluso por los platos combinados que se ofrecen en la carta las 24 horas del día.
Ya a la una del mediodía, el menú que han ideado y elaborado las dos cocineras de La Cantina empieza a servirse por 5,90 euros, aunque son numerosos, sobre todo los que tienen más prisa, los que se conforman con la tapa de fabada que acompaña la caña o vermut del aperitivo.
Partidas de cartas y dominó

Antes de que la antigua Cantina fuera echada abajo y se reconstruyera en octubre de 2004 el edificio actual en el que hoy se ubica, las partidas de cartas empezaban muy temprano, a eso de las cuatro y media de la mañana, cuando los marineros que iban llegando pedían su primera caña o su primer cubata. Hoy, esas partidas matinales se han sustituido por otras al caer la tarde; y en vez de pescadores, son empresarios procedentes de los edificios colindantes los que echan su partida, los que “mueven la pasta”, según Paco.
El dominó es otro de los pasatiempos tradicionales en La Cantina, un entretenimiento que también mantiene ocupadas las mesas durante horas y que se juega, hoy todavía y ya con la ley antitabaco en vigor, pitillo en mano, porque, como dice Paco, ni siquiera se plantearon hacer de La Cantina un espacio «sin humo», teniendo en cuenta que más del 90% de los clientes del bar fuman.
Trato más que personal

Lo que más llama la atención nada más poner un pie en La Cantina es la relación que existe entre clientes y empleados. Paco es, sin lugar a dudas, el nombre que más se escucha allí; no deja de sonar desde que empieza hasta que termina el encargado su jornada laboral. Pero él sabe dominar la situación; sabe cómo quiere el café cada uno sin necesidad de pregúntarselo, es más, lo ordena según los va viendo cruzar el umbral de la puerta, aunque muchos sí recriminan que debería servirse algo más frío, y es que, según comenta Paco, las prisas son «el pan de cada día» de este lugar.
Entre bromas y alguna que otra conversación algo subida de tono, se percibe que Paco goza del respeto de todos los que pasan por allí, y es que sin duda es la paciencia una de sus mejores virtudes, porque como él mismo explica, la gente del mar es a veces muy complicada y «hay que tener mucha psicología para tratar con ellos».

Texto y foto: MARTA PASTOR

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