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LA IMPORTANCIA DE LA INCLUSIÓN
En España, ¿el deporte va bien?

En la practica del deporte durante las etapas de formación, la inclusión debe primar sobre la exclusión, lo que con frecuencia no ocurre

LA IMPORTANCIA DE LA INCLUSIÓN | En España, ¿el deporte va bien?

En la fotografía, Pau Gasol y Rafa Nadal, excepcionales deportistas, ejemplo de valores

LA IMPORTANCIA DE LA INCLUSIÓN

– El objetivo que debe primar en todas las escuelas es que todos los alumnos-as, en función de sus características y habilidades, tengan las mismas posibilidades de alcanzar su máximo nivel.

– Es obvio que no todos aprenderán las enseñanzas recibidas de igual forma.

– Unos destacarán más que otros, y en cada momento será fácil hacer una clasificación con las evaluaciones de las distintas asignaturas.

– Pero en el caso de la educación física o deportes, habitualmente, se va más allá de la evaluación. La formación de equipos representativos de cada centro escolar atiende más al aspecto competitivo que al inclusivo, lo que conlleva un grave problema discriminatorio.

– La competición desde edades muy pequeñas implica que, con el sistema actual, los alumnos menos dotados se quedan fuera de  los entrenamientos específicos, los que se suelen hacer para preparar las competiciones, en las que por supuesto no participan.

– En cursos sucesivos, las posibilidades de que cambie la situación de los no seleccionados serán lógicamente menores, con lo cual aumentará su grado de desánimo y rechazo a una actividad que los excluye. Consecuencia: ya hay estudios realizados por expertos e instituciones que reflejan porcentajes elevados de jóvenes de 13 años, (un 32%), que expresan su rechazo a cualquier actividad deportiva.

– Si nos fijamos en nuestro país, en el que equipos de fútbol, baloncesto o balonmano están considerados entre los mejores del mundo, y competidores como Nadal, Carolina Marín, Gasol, Mireia Belmonte, Garbiñe Muguruza, Fernando Alonso o Javier Gómez Noya, entre otros, están entre los deportistas más destacados del planeta, parece descabellado afirmar, que en España el deporte va mal. Sin embargo, si tenemos en cuenta:

– Que España es de los países que encabeza la obesidad infantil.

– Que figura entre los que menos horas dedica a la semana a hacer ejercicio en su jornada escolar.

– Que en edades tempranas, el desánimo sobre el deporte alcanza altos porcentajes como antes reseñamos.

– Que en la etapa universitaria se obliga a elegir entre estudios o deporte, en contraste con la compaginación existente en otros países.

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Todo lo anterior nos lleva, evidentemente, a afirmar que en España el deporte no va bien.

– No va bien el deporte aficionado, el que todos-as deberíamos practicar y pocos lo hacen. Un hábito saludable que a cualquier edad y nivel nos produciría satisfacción, llenaría parte de nuestro ocio y nos mejoraría la salud.

– Una controversia que nace de confundir deporte profesional con deporte aficionado, dos conceptos con nombres similares, pero objetivos diferentes.

– En uno prima la competitividad llevada a su grado extremo, lo que exige que se convierta en profesión, una profesión limitada en el tiempo.

– En el otro, la superación personal, el ocio, el divertimento y el sentirse bien, son metas que permiten compaginarlo con cualquier otra actividad (estudios, trabajo), adaptándolo a los distintos momentos de nuestras vidas.

Esta gran diferencia entre el éxito del deporte profesional y el fracaso del deporte aficionado nos lleva a reflexionar sobre lo desestructurado de éste y sus errores más relevantes:

– Por un lado, el poco tiempo de dedicación y escasa importancia en el programa escolar.

– Por otro, el error de concepto en el objetivo de la enseñanza.

– No se trata solo de sacar figuras ni de obtener victorias, sino, principalmente, el conseguir que todos-as los alumnos-as consigan alcanzar su mejor nivel en función de sus capacidades, que adquieran gusto por la actividad deportiva, que estén motivados y que adquieran hábitos saludables, los que les van a permitir en el futuro disfrutar de una buena salud.

– Esto es obvio que se puede cambiar; pero para ello hace falta voluntad política y una mayor cultura deportiva de la sociedad.

Soluciones hay, aunque tiempo no…, porque la obesidad y la salud no esperan.

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