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Artículo publicado

10/01/2015

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LA ISLA DE SAN SIMÓN FUE CLAVE PARA EL DESARROLLO DE NUESTRO PUERTO

Sorprende siempre al fondo de la Ría por su cambiante belleza reposada; pero son muchos los vigueses, también redondelanos, que desconocen esta parte de la historia. Que Vigo debe a la isla de San Simón el primer importante impulso para el posterior crecimiento del puerto.

LA ISLA DE SAN SIMÓN FUE CLAVE PARA EL DESARROLLO DE NUESTRO PUERTO

Ello fue así gracias a que en el año 1842  en la isla comenzó a operar un estratégico Lazareto, por lo que a partir de entonces la Ría de Vigo, durante más de una década, se convirtió en escala obligada para pasar la cuarentena todos los barcos procedentes de América que quisieran acceder a cualquier otro puerto del Noroeste peninsular.

Lo que motivó que se produjese un extraordinario movimiento marítimo con entradas y salidas de cientos de buques todos los años, estimulando en la ciudad antiguos negocios y promoviendo otros nuevos de consignación, aprovisionamiento, reparación de barcos y un considerable etcétera.

De tal modo que en los doce años que siguieron al establecimiento del Lazareto, entre 1842 y 1854 fondearon en la Ría nada menos que 2.349 naves de todas las banderas para pasar sus tripulaciones y viajeros una necesaria cuarentena y así evitar la difusión de enfermedades importadas.

EL LAZARETO SE PUDO PONER EN MARCHA GRACIAS A LA INCIATIVA PRIVADA 

Con el Lazareto de San Simón, Vigo, con su Ría, se dio a conocer como gran puerto del Atlántico y un refugio seguro en todo tiempo, lo que hay que agradecer en mucha parte al médico Taboada Leal, quien, ya en el año 1829, había comenzado a predicar la necesidad del establecimiento sanitario. Los hechos le dieron la razón en el año 1834 cuando en todas las poblaciones del litoral se desató una fortísima epidemia de cólera morbo – al parecer procedente de Inglaterra, traída por una escuadra de guerra portuguesa – que en Vigo alcanzó especial virulencia, produciendo un alto número de fallecimientos.

El proyecto lo desarrolló el mismo Taboada Leal inspirándose en los lazaretos de Marsella y Estocolmo, por entonces considerados los mejores de Europa.

Como siempre ocurría cuando se trataba de Vigo – y como sigue ocurriendo, que ejemplos actuales no faltan -, el gobierno de la nación se mostró remiso a disponer de los fondos necesarios para su construcción, por lo que su inauguración sufrió notables retrasos debido a la oposición de otras ciudades gallegas, concretamente Pontevedra y A Coruña, que trataban de impedir a base de influencias políticas que el lazareto se instalase en nuestra Ría.

Hasta que, también como casi siempre, fue necesaria la intervención de la iniciativa privada viguesa, en esta ocasión impulsada por un importante industrial de la época, otro ciudadano destacado del Siglo XIX, Norberto Velázquez Moreno, de origen riojano, quien aportó de su propio peculio buena parte de los caudales necesarios.

Se puede afirmar sin ninguna duda que el puerto de Vigo recibió su gran y definitivo impulso gracias al Lazareto de San Simón.

B.C

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