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Artículo publicado

09/07/2003

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La llegada del Cable Inglés

La compañía Estern Telegraph Company, que se encargaría de tender cables submarinos para la telegrafía entre las Islas Británicas y el continente europeo, y de conectar Europa con Africa, Asia y América, se fundó en el año 1872, como resultado de la fusión de varias empresas.

La llegada del Cable Inglés

Uno de los cables de la Eastern enlazaba Porthcurno con Vigo, y Vigo con Carcavelos, en Portugal, desde donde partían otros hacia el Mediterráneo y hacia Brasil. De esta manera, nuestro puerto era punto de partida de las comunicaciones de España con América.

Las primeras oficinas viguesas de la Eastern Telegraph – enseguida bautizada aquí como Cable Inglés – se abrieron en 1873 en la Calle Real. A partir de entonces, y a lo largo de muchas décadas, la colectividad de empleados de la compañía británica hicieron sentir su presencia en la vida social y económica de la ciudad.

El Cable Inglés y la cerveza

Es bien sabido que los ingleses del Cable trajeron la novedad de algunos deportes. Vigo fue pionera en Galicia en contar con canchas de tenis – de hierba, por supuesto -; y también la primera donde se practicó el tenis de mesa, en un principio considerado actividad elitista y propia de los clubs más distinguidos. Esto, aparte del fútbol, por supuesto, un deporte de equipo y balón que por entonces los ingleses daban a conocer fuera de sus islas.

Pero es que, además, esta presencia británica aportó a la ciudad una industria tan singular entonces como una fábrica de cerveza, propiedad de un tal Mr. Hyde. En la edición del 8 de Mayo de 1875, un cronista del Faro informaba al respecto:

“La fabricación de cerveza ha sido emprendida por Mr.Hyde, quien acumulando una excelente clase de materias primas para su elaboración, ha logrado dar cima a una justa y honrosa competición con la cerveza del extranjero, tanto por su buen gusto como por el “spirit” del líquido, de fermentación completa y acabada”.

Al parecer, y según otras crónicas, la novedosa cerveza era considerada capricho de jóvenes modernistas – un poco pijos, diríamos ahora -, en especial por aquellos que frecuentaban una sociedad llamada “Gimnasio”, unos considerados snobs que, además, fumaban tabaco, preferiblemente egipcio.

El Cable Inglés y los vinos de Oporto

Los ingleses del Cable también propiciaron la aparición de otra industria del sector bebidas, que nació de un pequeño despacho de vinos propiedad de un ciudadano de origen portugués de apellido Bandeira, un establecimiento que se encontraba justo al lado de las oficinas cableras, ya instaladas en el edificio de Bárcena, en Velázquez Moreno esquina Policarpo Sanz.

Parece ser que el señor Bandeira vendía unos excelentes caldos de Oporto, y es bien sabida la afición de los británicos estos vinos. Total, que, gracias a aquella entusiasta y perseverante clientela, al señor Bandeira le fueron muy bien las cosas, hasta tal punto que, con el tiempo, el despacho se convertiría en gran bodega, e incluso los vinos de Oporto de Antonio Bandeira en una referencia en el mercado nacional de bebidas, donde llegaron a contar con una notable presencia.

El gran solar y las abandonadas naves de las Bodegas Bandeira, donde se elaboraba y embotellaba verdadero vino de Oporto se encuentran en el barrio del Calvario, esperando destino urbanístico. En un nuevo emplazamiento cercano a Vigo, la empresa sigue en actividad.

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