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29/01/2004

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EL SALUDADOR DEL AVIÓN

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01/09/2011

EL SALUDADOR DEL AVIÓN

La luz eléctrica de López de Neira

El sistema de luz eléctrica que en 1880 importó de París y puso en marcha López de Neira resultó para aquel Vigo una gran novedad y todo un feliz suceso. Se trataba, eso sí, de una instalación privada, de uso particular, cuando todavía faltaban unos años para que la ciudad pudiera contar con alumbrado público.

La luz eléctrica de López de Neira

También fue Antonio López de Neira el primer ciudadano que contó con teléfono, por lo que cabe suponer que, siendo el único, tendría, al menos, dos aparatos terminales, que es muy posible que utilizara para comunicarse con su despacho desde su casa, por ejemplo. En todo caso, dicen las crónicas que era un hombre muy preocupado por el progreso científico.

Y todo un personaje en el Vigo de la época. Natural de la villa lucense de Foz, de muy humildes orígenes, llegó a Vigo para emplearse como mancebo de comercio (algunas fuentes indican que arribó como lazarillo de un ciego). Persona emprendedora, tras montar diversos pequeños negocios, terminó por establecerse en la calle del Príncipe con una importante y popular fábrica de chocolate, participando también en otras industrias, entre ellas la fábrica de papel continuo “La Cristina”.

Parece ser que era muy simpático, campechano y afable, por lo que había caído muy bien al joven monarca Alfonso XII, que contaba tan sólo dieciocho años cuando en 1877 visitó por primera vez Vigo. Tanto que, cuando dos años más tarde, contrajo matrimonio con Cristina de Habsburgo, lo invitó a su boda, y no en su calidad de diputado provincial, sino por pura estima personal.

La novedosa luz eléctrica

Volviendo a la luz eléctrica, así describía un gacetillero local los hechos:

“El miércoles por la noche se probó en casa del Señor López de Neira la luz eléctrica que para mayor lucimiento de las próximas fiestas del Santísimo Cristo había encargado a París dicho señor”.

Corría el 30 de Mayo de 1880. Y la crónica continuaba:

“La proverbial naturalidad y amable deferencia del Señor Neira fue causa para que muchos de sus amigos se personasen en la rica morada y deliciosa huerta a presenciar los efectos luminosos del aparato, el cual funcionó bien, llevando su luz a larga distancia, y que al reflejarse en las galerías y casas del Placer de afuera, produjo agradable impresión entre las personas que inesperadamente se vieron inundadas por una claridad tan intensa como la del sol, aunque de melancólico reflejo como la luz de la luna”.

Según el espabilado periodista, a los insectos también les sorprendió el invento:

“Una de las cosas que más nos ha llamado la atención en aquellos momentos, fue el asombro que la luz produjo sobre los insectos que se albergaban entre el ramaje de los árboles, que vistos desde lejos parecían pintados con un verde ultramar, más bien que obras de la naturaleza.”

¿Cómo se sentiría López de Neira en la sociedad actual, en el Vigo de hoy? Tras conseguir no morirse del susto, seguró que después la gozaría como un enano, rodeado y haciendo uso de tantos adelantos, con tan enorme progreso tecnológico.

¡Quién le iba a decir a Don Antonio que hasta los críos de ocho años andarían por ahí con sus teléfonos móviles!

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