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Artículos de Antonio Ojea publicados entre 15/09/2008 y 01/01/2012

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LA GUINDA

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LA MANO INVISIBLE

LA MANO INVISIBLE
“Se ha gastado demasiada energía intentando hacer dinero fácil; se ha dedicado demasiado esfuerzo a aumentar beneficios mientras que no se ha dedicado el suficiente para aumentar la verdadera salud, si la salud viene de la producción o de ideas nuevas. Hemos aprendido una lección dolorosa, tanto en la década de los treinta como ahora: la mano invisible a menudo parece invisible porque no existe. En el mejor de los casos, es más que una pequeña parálisis. En el peor, la persecución del propio interés -la codicia empresarial- puede conducir al tipo de apuro a que hoy se enfrenta el país”.
El apunte pertenece a un artículo del premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz. Lo de la “mano invisible” se lo debemos a otro economista, Adam Smith, considerado como el padre de la economía política y que para algunos sigue siendo una referencia, por mucho que sus recetas tengan más de dos siglos de antigüedad.
Para el autor de “La riqueza de las naciones”, el empresario egoísta no puede evitar que su egoísmo enriquezca a los demás : “En esto está, como en otros muchos casos, guiado por una mano invisible para alcanzar un fin que no formaba parte de su intención. Y tampoco es lo peor para la sociedad que esto haya sido así. Al buscar su propio interés, el hombre a menudo favorece el de la sociedad mejor que cuando realmente desea hacerlo”.
¿Qué es lo que ha fallado para que ahora se niegue la existencia de esa “mano invisble”? Según economistas como Galbraith o el citado Stiglitz, el fallo estriba en tener como sujeto de la teoría al propio sistema, en la convicción de que atendiendo al buen funcionamiento de la máquina los resultados serán apetecibles para todos. El antídoto consiste en aceptar que es el individuo, o la colectividad, el verdadero sujeto y, al tiempo, beneficiario del sistema, al que ha de prestarse la atención que los hoy llamados neoliberales pretenden dejar en exclusiva para la maquinaria.
La lógica del beneficio
Según Stiglitz, la lógica del beneficio, consistente hoy en asignar cada vez más recursos financieros a la innovación, no ha dado resultado, porque “no todas las innovaciones aumentan el bienestar, ni siquiera cuando aumentan los beneficios. Por ejemplo, los beneficios del tabaco pueden haber aumentado cuando la industria tabaquera ha desarrollado productos más adictivos, pero difícilmente puede decirse que haya mejorado la posición de quienes murieron como resultado de ello ni la de sus familias ni la de los contribuyentes que tuvieron que cargar con la cuenta de los costos sanitarios aumentados”.
Según yo lo veo, la conclusión resulta sencilla y evidente, aunque el camino pueda ser intrincado y complejo: No hay mano invisible que valga, el Estado se ha revelado como único instrumento capaz de redistribuir la riqueza, y la salud de la población es el mejor mecanismo para un buen funcionamiento de la economía.
Y, como colofón, ya que ésta va de citas, otro párrafo del mencionado artículo de Joseph Stiglitz:
“Uno debería haber sospechado que algo iba mal cuando un banco tras otro obtenía tanto dinero año tras año. Uno debería haber sospechado que algo iba mal en el sistema económico cuando millones de americanos debían miles de millones a compañías de tarjetas de crédito y bancos en ‘cargos por atraso’, ‘penalizaciones’ y multiplicidad de cargos, transformando una tasa de interés anual del 20% en una usurera tasa de interés efectivo del 100% o más para quienes se rezagaban en los pagos”.
Pero, por lo visto, ya el denostado Estado se ha apresurado a taponar la hemorragia empleando 700.000 millones de dólares (casi la mitad del PNB de España) en “salvar” bancos y financieras norteamericanas, después de que los responsables de la “desfeita” se hubiesen largado de rositas con indemnizaciones “laborales” repugnantemente desmesuradas. “No hacerlo hubiera sido peor que no intervenir”, vino a decir George W. Bush para salir del paso. Aunque siga creyendo que la mano invisible existe, como si de un comic de la Marvel se tratase.

Pues no.

ANTONIO OJEA

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