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LA SARDINOCRACIA Y SU HUELLA ARQUITECTÓNICA

Los años posteriores a la guerra civil, los de la década de los 40, fueron muy duros y de extrema precariedad en la práctica totalidad del país. En lo industrial con Vigo como una excepción, debido a que sus conserveras abastecían a otras partes de España de alimento muy necesario, viviendo la ciudad un periodo de auge que se reflejó en la construcción de grandes edificios.

LA SARDINOCRACIA Y SU HUELLA ARQUITECTÓNICA

Las fábricas de conservas producían al máximo de su capacidad para abastecer a la población; pero también viéndose beneficiadas por la Segunda Guerra Mundial y las necesidades de algunos países inmersos en ella. Aprovechando además la demanda procedente de los que eran en aquel momento boyantes países sudamericanos, como Argentina, Uruguay y Cuba, a donde se dirigían la mayor parte de las exportaciones.

Por otra parte, los empresarios conserveros vigueses se pudieron beneficiar  en aquellos tiempos de una mano de obra barata, abundante y absolutamente sometida por el nuevo régimen político.

En tales circunstancias los descendientes de los primeros humildes pescadores y salazoneros procedentes de la por entonces pobre y aislada Costa Brava que había traído el también catalán Buenaventura Marcó del Pont  para trabajar en la primera fábrica de salazón que existió en la ciudad, así como también los sucesores de los que fueron llegando después para montar también por su cuenta pequeñas industrias salazoneras, algunos de ellos se hicieron de oro transcurrido una centuria, en la décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado, ya avanzada la época de las modernas conservas enlatadas y portando como marca bien visible sus apellidos catalanes.

Entrando tanto dinero unos pocos se lanzaron – volviendo a aprovechar la mano de obra barata, también los bajos precios de los materiales de construcción – a construir grandes edificios que reflejaran su poderío económico, incluso compitiendo entre ellos.

Publicado el 29/02/2004: LOS ÚLTIMOS EDIFICIOS DE LA SARDINOCRACIA

 

Ver también: FERNANDO CARRERAS GUIXERAS, UN CATALÁN MUY DIFERENTE

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