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08/08/2018

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LOS SANJURJO CELEBRARON SU GRAN FIESTA DE LA CRÓNICA FAMILIAR
Como un homenaje a su antepasado Antonio Sanjurjo Badía

La foto fue tomada el día 11 de Agosto de 1898. El caballero que aparece en medio del agua con medio cuerpo fuera de un tubo cuya tapa semeja que está a punto de cerrar para desaparecer en su interior es Antonio Sanjurjo Badía, que no se apeaba de la boina ni cuando se introducía … Continuar leyendo "LOS SANJURJO CELEBRARON SU GRAN FIESTA DE LA CRÓNICA FAMILIAR | Como un homenaje a su antepasado Antonio Sanjurjo Badía"

LOS SANJURJO CELEBRARON SU GRAN FIESTA DE LA CRÓNICA FAMILIAR | Como un homenaje a su antepasado Antonio Sanjurjo Badía

La foto fue tomada el día 11 de Agosto de 1898.

El caballero que aparece en medio del agua con medio cuerpo fuera de un tubo cuya tapa semeja que está a punto de cerrar para desaparecer en su interior es Antonio Sanjurjo Badía, que no se apeaba de la boina ni cuando se introducía en el minisubmarino de su propia invención, un artilugio concebido como de defensa y ataque destinado a proteger la Ría de Vigo, ya que, tras la tragedia de la pérdida por España de la Cuba que tanto amaba, el inventor temía una incursión de buques de la armada de Estados Unidos con el objeto de atacar nuestras costas.

Aquella fue la primera inmersión de la por entonces bautizada como ´boya lanzatorpedos´, ignoramos si la última.

Se trataba, el ahora conocido como submarino de Sanjurjo, de un sumergible a pedales cuya fuerza motriz la proporcionaban dos esforzados operarios – voluntarios para la ocasión – de La Industriosa, que así se llamaba su taller.  Podía bajar, decían, hasta los veinte metros (ya serían bastantes menos, como dos o por ahí) y con el fuerte pedaleo de los tripulantes, cuando iban contrarreloj, alcanzar una milla por hora. Por suerte, los temidos barcos agresores yanquis nunca se dejaron ver por aquí; pero para la historia sí quedó el gesto y también el propio submarino.

Unos doscientos descendientes de Don Antonio, los menos con el apellido Sanjurjo de primero, un montón con Sanjurjo de segundo y ya mogollón  con el patronímico en tercer o cuarto lugar se reunieron ayer para celebrar la efemérides transcurridos ciento veinte años. Se concentraron primero en el Museo de Mar, donde se encuentra depositado el submarino original que es todo un icono objeto de culto familiar a través de las generaciones transcurridas.

Y después, encabezados por una de las dos nietas que quedan, la estupenda tía María Jesús, María Jesús Sanjurjo Aranaz, ella misma todo un personaje único a lo largo de toda su vida, desde siempre muy querida por todos por su espíritu inquieto, generoso y animoso a pesar de los golpes recibidos por cosas que cuando asoma la desgracia sobrevienen, se dirigieron al Parador de Baiona para la celebración.

Fue la gran Sanjurjada, a ellos sabemos que no les molesta que lo digamos así, al contrario. Todos los asistentes pertenecientes a la multiplicada prolífica saga – hay tataranietos e incluso trastataranietos –  que están por muchas razones orgullosos del antepasado emprendedor iniciador, como reconocida también lo estuvo en su día la ciudad de Vigo, que le dedicó una larga calle.

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Era Antonio Sanjurjo Badía un hombre extraordinario, muy peculiar, de espíritu emprendedor y notables iniciativas. Natural de Sada, era hijo de ´El Habilidades´, un artesano apodado así por la mismísima Emilia Pardo Bazán que contrataba sus servicios para labores de mantenimiento en el Pazo de Meirás y que lo mencionó en alguna obra. Por sus inquietudes, aquel vástago del original ´El Habilidades´emigró muy joven a Cuba; y tras unos años en La Habana consiguió unos ahorros y decidió regresar a Galicia para establecerse con taller propio en Vigo, la ciudad por entonces en gran auge y de cuyo puerto había partido. Se convirtió en pocos años en un destacado industrial. Y, lo más reseñable, en un empresario modélico adelantado a su tiempo en asuntos sociales, que en aquella época no estaba obligado a adoptar las avanzadas medidas que impuso en su industria en beneficio de los trabajadores, quizás porque él mismo se consideraba un operario más. Y lo era, un trabajador muy especializado, un magnífico mecánico siempre al pie de cualquier reparación. En La Industriosa implantó una caja de previsión para garantizar a los obreros un retiro vitalicio y una garantía de salario mínimo en caso de enfermedad. Algo insólito en la época.

Mucho más que lo del submarino esto es lo que hay que destacar de su  vida personal y empresarial. Por eso, tras su fallecimiento, el día de su multitudinario entierro se detuvo la ciudad parando los operarios de todas las fábricas y talleres, la mayoría asistiendo al sepelio. Una de las grandes manifestaciones históricas de la ciudad.

Un vigués tan genuino como otros destacados que construyeron Vigo sin haber nacido en Vigo. Algunos, como en su caso, tras retornar a Galicia desde la emigración.

B.C

Esta es su historia más detallada, en una crónica que ya hemos publicado aquí anteriormente:

ANTONIO SANJURJO BADÍA, UNO DE LOS MÁS GRANDES EMPRESARIOS

 

 

 

 

 

 

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