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19/01/2009

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MOSCAING

Además de las lecciones aprendidas al ir haciendo estos comentarios, todavía mi capacidad de asombro sigue a prueba. Había aprendido a desconfiar de los expertos; aprendí también que lo de la mano invisible del señor Smith era un camelo; que hay hijos de puta e hijos de puta, según sean nuestros o ajenos; y, conseguí … Continuar leyendo "MOSCAING"

MOSCAING
Además de las lecciones aprendidas al ir haciendo estos comentarios, todavía mi capacidad de asombro sigue a prueba. Había aprendido a desconfiar de los expertos; aprendí también que lo de la mano invisible del señor Smith era un camelo; que hay hijos de puta e hijos de puta, según sean nuestros o ajenos; y, conseguí aprender, de una puñetera vez, que más vale un toma que dos te daré. Gracias al querido colega Eduardo Rolland he aprendido también que El Carallo, además de lo que sabíamos, es un lugar situado en una de las islas del archipiélago de Mauricio, a donde podemos enviar a cualquiera buenamente.
Pero debo reconocer que desconocía las virtudes inherentes a la ignorancia del inglés. El descubrimiento se lo debemos todos al ministro italiano de Economía, un sabio que tampoco cree en los expertos y nos acaba de descubrir que los bancos de su país se salvaron de la infección vírica de las hipotecas subprime porque sus responsables ¡no saben inglés!
El ministro Giulio Tremonti dijo que los bancos italianos no llegaron a meterse en el fregado de hacerse con un Fondo Estratégico de Crédito Estructurado de Alta Gama, en el que se colaban las peligrosísimas subprime, porque a sus gestores les importa un pito lo del inglés. O sea, que no compraron porque no entendían el metalenguaje empleado para colocar mierda envuelta en celofán de colores, y mucho menos en inglés.
Es decir que gracias a su ignorancia del idioma que todo lo inunda, desde la economía hasta la informática, los bancos italianos no han tenido que acudir a las fórmulas de rescate de su mierda habilitadas por el Estado. O sea que saber inglés es peligroso en según qué casos.
Y nosotros con estos pelos. Me pregunto en qué nuevos berenjenales nos meteremos por culpa de ese impulso generalizado de la Xunta y del Estado para beneficiarnos con el aprendizaje de la lengua de las Islas Británicas. Y digo yo si no habremos estado haciendo el imbécil con la discusión esa de que si mejor inglés que gallego. Según Giulio Tremonti, si en la enseñanza obligatoria nos hubiéramos limitado a enseñar gallego, castellano, latín o griego, nuestros bancos no andarían ahora como puta por rastrojo mendigando unos millones de euros, en plan “¡chaaacho damiaaalgo!”, para tapar el agujero que nos llegó en inglés.
Porque de lo que estoy completamente seguro es de que aquí nadie habría comprado “créditos estructurados” con “hipotecas lixo”, por muy de Alta Gama que fuesen, si nos hubiésemos ceñido al idioma propio. El bueno de Tremonti ha puesto el dedo en la llaga en la defensa (importa poco que esa fuera su pretensión) de todos esos idiomas que algunos querrían ver desaparecer, para sustituirlos por el inglés universal.
Y a saber en qué otro tipo de fregados nos habremos metido por culpa de que en Internet viene la tira de cosas en inglés, que traducimos automáticamente con alguno de esos programas de traducción simultánea y que, si ya no lo entendíamos muy bien en inglés, la cosa se multiplica con la traducción aleatoria palabra a palabra.
Me vienen a la memoria las cartas que un joven británico le escribía hace años a una hermana mía, desde el más enciclopédico desconocimiento del castellano. Kevin, que así se llamaba, traducía palabra a palabra y a golpe de Collins cada frase que concebía en inglés. Los verbos, cuyo infinitivo lleva delante un “to” en inglés, llegaban por correo precedidos por un “a, para”; el resto de los tiempos verbales iban siendo construidos con las partículas inglesas que definen pasado o futuro, de modo que “to eat” era “a, para comer”, “comered” era “comí”, “will comer” era, naturalmente, “comeré” y “comering” habría de interpretarse por “comiendo”.
Aquel “espikinispanis” nos tuvo una temporada tratando de descubrir lo que Kevin quería decir con “a, para moscaing”. Por fin aceptamos que el inglés se había ido al Collins a buscar por la F “to fly” (volar) y el diccionario le respondió, como primera acepción, “mosca”. Se traduce “to” por “a, para”, se le pone el “ing” al final y nos queda ya “a, para moscaing”, o sea, “volando”.
Kevin tampoco habría comprado subprimes si se las hubieran ofrecido “estructuradas” en castellano.
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