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22/01/2012

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NUNCA QUISO A VIGO

A Manuel Fraga Vigo no le tiene nada que agradecer, todo lo contrario. Aquí no va a tener calle. Mientras que su sucesor tras el paréntesis del bipartito, Núñez Feijoo, sigue por el mismo camino, en su caso guiado, en ocasiones pilotado, por poderes del norte.

NUNCA QUISO A VIGO

A nuestra ciudad la calificaba Fraga despectivamente como "confederación de aldeas". Queriendo siempre ignorar que se trata de la mayor de Galicia y la única capaz de aportar por sí misma industrialización y modernidad a la Comunidad. El dictamen de Fraga fue decisivo para que Vigo quedara marginado del trazado del Ave.

Un trazado en L que Vigo planteaba y que también era el mejor, por más racional, para el conjunto de Galicia. Cuando, en 2004, una delegación del Club Financiero acudió a Santiago para exponer sus razones, Don Manuel no se cortó: los despachó diciendo que él, al fin y al cabo, era de Vilalba y por eso se sentía más identificado con el norte. Así de claro, sin cortarse un pelo.

La lista de agravios de Fraga a Vigo es larga, como lo fue su mandato. Por citar algunos ejemplos: la marginación de Peinador comenzó en su última etapa al frente del gobierno gallego; del Museo del Mar se desentendió la Xunta al poco tiempo de ser inaugurado, para endosárselo a Zona Franca; y la celebración de la Volvo Ocean Race, en 2005, resultó un verdadero escarnio para Vigo.

Tras aprovecharse del prestigio de nuestro puerto para obtener la salida – de otra manera Galicia no la hubiera conseguido -, incumplieron lo pactado, trasladando la base a Sanxenxo y celebrando la regata previa en la ría de Pontevedra. Los organizadores británicos, claro, no quisieron volver a saber nada de la Xunta y trasladaron la salida permanente a Alicante.

Ante estos hechos y otros de todavia mayor trascendencia, los políticos locales del PP, más preocupados por sus carreras políticas que por defender los derechos e intereses de la ciudad, prefirieron siempre mirar para otro lado, no fueran a levantar las terribles iras de Don Manuel y ser expulsados para siempre.

AMIGO Y ADMIRADOR DE DICTADORES

De Franco, cuando era Fraga Iribarne, fue un destacado servidor. Y de Joaquín Balaguer, el gobernante de la República Dominicana, también conocido como "el caudillo" por sus subditos, el cual, con su autoritarismo gobernó el país un total de 24 años divididos entres periodos entre 1962 y 1996, un confeso y rendido admirador. Balaguer, que se mantuvo en el poder hasta cumplir los noventa años, también se dedicó a producir libros en serie, dejando un buen número de títulos, aunque no tantos como Fraga.

Su amistad con Castro era bien conocida. Invitó al dictador caribeño a visitar Galicia, lo que hizo en Julio de 1992. Se dijo entonces que las dos intensas jornadas en las que Fraga actuó de anfitrión terminaron con una movida noche en el Hotel Araguaney en la que se quemaron litros de aguardiente. Sorpresivamente, en el amanecer, en hora intempestiva, el séquito de Castro dispuso la salida del avión presidencial sin ningún tipo de ceremonia de despedida. Se comentó que la aparente descortesía fue debida a la gran cogorza protagonizada por el presidente cubano.

Fraga devolvió la visita en Octubre de 1998, permaneciendo y siendo agasajado en la isla sometida a uno de los más despóticos régimenes comunistas durante unos días. El presidente de la Xunta obsequió a la sufrida ciudadanía cubana con ochocientos kilos de pulpo y mil empanadas importadas desde Galicia, en una comida-romería celebrada en los habaneros Jardines de la Tropical.

Manuel Fraga, por razones obvias, tenía una evidente empatía con estos y otros déspotas.

MAGALOMANÍA: LA "CIUDAD DE LA CULTURA"

Gran parte del poder de Fraga, su arrastre electoral, se sustentó en el atraso cultural que padecía y todavía padece Galicia. Cosechaba sus mayorías absolutas en un vivero de votos de personas con escasa formación. Un vivero abonado desde púlpitos, bien regado por un paternalismo caciquil y, llegado el tiempo de la cosecha, aprovechado a base de prácticas antidemocráticas como el "carrexo" de votos.

Don Manuel Fraga invirtió los fondos europeos que le llegaban a chorros en crear una buena estructura viaria, eso es cierto. Pero también lo es que en absoluto se preocupó por elevar el nivel cultural de su país.

En lugar de invertir en educación, en infraestructuras y dotaciones para escuelas e institutos prefirió dedicarse a construir lo que quisó llamar, contradictoriamente, la Ciudad de la Cultura. Las consecuencias de aquello se ven ahora, traducidas en los problemas y carencias que sufren muchos centros de enseñanza públicos.

Siguiendo el ejemplo de otros gobernantes del mismo talante, Don Manuel Fraga quiso dejar para la posteridad, en honor a su memoria, una verdadera Ciudad del Faraón, del Faraón Fraga. Una arquitectura mastodóntica y fea que yace sobre un monte compostelano como el cadaver de un dinosaurio.

Es lo que dejó Fraga a Galicia además de las autovías. Un considerable deficit cultural que en buena parte podía haber colaborado a compensar con los cientos de millones de euros invertidos en su "Ciudad de la Cultura".

Puso por encima sus delirios y ansias de proyección hacia la posteridad a los intereses generales de su país, de Galicia

P.S. El autor fue alumno de Fraga Iribarne cuando éste, depuesto del gobierno franquista, decidió recuperar, solo durante un curso, su cátedra de Derecho Político en la Facultad de Políticas de la Complutense en el movido año de 1968, cuando para entrar en el recinto había que llevar bien visible para los grises que custodiaban la puerta el DNI y el carnet de estudiante. El autor, que como el resto de los estudiantes se lo pasaba bien y mal en aquellas clases siempre impredecibles, en ocasiones explosivas por alguna provocación por parte del alumnado rebelde, con el desafiante cátedro rodeado en la tarima por una corte de austeros y grises ayudantes, fue suspendido en Junio y aprobado por los pelos en Septiembre. Don Manuel Fraga Iribarne duró aquel curso en su regreso a la docencia.

Al año siguiente, en 1969 Fraga fue nombrado director general de Cervezas El Aguila, un dato que no figura en ninguna de sus biografías oficiales. Una etapa que aprovechó, en la soledad de su despacho, en una negocio que no entendía, para escribir parte de sus tochos. En 1973 abandonó la gestión cervecera tras ser designado embajador en el Reino Unido. En Londres permaneció, con frecuencia recibiendo a sus amigos, entre ellos a Cunqueiro, hasta 1975. Regresó de Londres exactamente dos días antes de la muerte de Franco para postularse como miembro del primer gobierno de Juan Carlos.

Su desafecto hacia Vigo dejó impronta, como marca de la casa, en el Partido Popular de Galicia. Se sigue comprobando ahora con Núñez Feijoo.

ANTONIO J. CAMPIO


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