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02/07/2003

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Orígenes empresariales de la familia Fernández

Los hermanos Fernández López, originarios de Sarria, fueron los continuadores de una tradición familiar de tratantes de ganado, actividad que ellos, después de que su padre la iniciara con ahorros procedentes de la emigración a Cuba, acrecentaron, orientándola hacia el sacrificio de animales en mataderos industriales propios y la distribución de productos cárnicos.

Se llamaban Manuel, Antonio, José y Concepción, y formaban un equipo eficaz, bien avenido, volcado en los negocios.

En los años que duró la Guerra Civil fueron los principales suministradores de carne para la “zona nacional” y para los ejércitos del general Franco, función logística muy bien recompensada tras la contienda, de modo que sus perspectivas empresariales se ampliaron tras la creación de Zeltia, en 1939, a la que siguieron Frigolouro, en Porriño, y Frigsa, ésta en Lugo. Y también se diversificaron, primero con Titania, empresa dedicada a la exportación de wolframio a Alemania, durante la II Guerra Mundial; con Transfesa (Transportes Ferroviarios Especiales); y a continuación con Cementos del Noroeste. Más tarde fueron promotores de la Caja de Ahorros de Lugo, fundada en 1968.

Lo cierto es que, de forma paralela, los hermanos Fernández López dieron cobijo en sus nuevas empresas a conocidos intelectuales gallegos represaliados o a punto de serlo por el régimen de Franco. Entre ellos se contaban Isidro Parga Pondal, Fidel Isla Couto, Ricardo Carballo Calero y Valentín Paz Andrade.

Participaron de forma decisiva en la fundación de la Editorial Galaxia. Con su aportación económica también impulsaron el Museo de Pontevedra.

La fundación de Pescanova

José Fernández López pensó, y pensó bien, que el mar era muy grande, desconocido y estaba lleno de peces que nadie aprovechaba en los caladeros lejanos, debido a la falta de barcos apropiados para singladuras demasiado largas, con los consiguientes problemas de conservación. Una buena solución sería congelar las capturas a bordo. Y los Fernández tenían experiencia en el campo del frío industrial.

Es decir, que la iniciativa de crear Pescanova – y revolucionar el mundo de la pesca – partió de un hombre dedicado casi en exclusiva a los negocios cárnicos, cuya principal responsabilidad, en aquellos momentos, era el matadero industrial de Mérida.

A finales de los años 50, José Fernández pasaba largas temporadas de trabajo en Vigo, alojándose en el desaparecido Hotel Universal, frente al Náutico. No demasiado versado en la actividad pesquera, buscó el asesoramiento de un Valentín Paz Andrade que dirigía una pequeña y voluntariosa revista dedicada al sector, Industrias Pesqueras.

Pescanova se fundó en Junio de 1960, y al año siguiente ya contaba con los dos primeros buques arrastreros congeladores, que fueron enviados en sus viajes iniciales de prospección a los lejanos caladeros de Argentina y de Sudáfrica. En noviembre de 1961 regresó el Lemos de aguas sudamericanas con sus bodegas repletas; dos meses después lo hizo el Lemos, con 250 toneladas de merluza congelada de Sudáfrica. El experimento había resultado altamente satisfactorio.

Pescanova decidió entonces adquirir un viejo trasatlántico de 146 metros de eslora, el Habana, y reconvertirlo en un gran buque nodriza y factoría que se llamaría Galicia, el cual, a partir de 1964, ya estaba operativo en aguas de Sudáfrica, servido por una serie de pesqueros abastecedores. La producción del Galicia –también harina y aceite de pescado, en grandes cantidades – se trasladaba a Vigo en otros buques de transporte frigorífico.

En el Galicia y en los pesqueros y transportes que le prestaban servicio trabajaban 500 personas.

Pescanova en los años setenta

En su primera década de existencia no le resultó fácil a Pescanova introducir el pescado congelado en los mercados. Algunos decían que eso no era pescado, sino “palos de pescado”; y, por supuesto, se consideraba muy inferior al fresco, aunque éste no siempre estuviera en buenas condiciones.

Sin embargo, sólo diez años después de su creación, Pescanova se había convertido en una empresa de grandes dimensiones, que figuraba entre las cien mayores de España, la primera compañía pesquera de Europa. Desde el primer momento, Valentín Paz Andrade fue incorporado a la empresa como accionista, para ser pronto nombrado consejero delegado.

Por entonces, Pescanova ya ofertaba más de 100 diferentes productos, contando con 55 delegaciones de ventas (los arcones frigoríficos de las tiendas los proporcionaba la empresa) .

Un folleto editado en 1972 explicaba: “Son 60 los camiones frigoríficos de gran tonelaje que distribuyen desde la base de Vigo a las delegaciones provinciales y 100 los camiones isotérmicos y frigoríficos que cubren el reparto en las distintas áreas, llevando los productos Pescanova a todos los lugares del país”.

Desde capitanes a marineros, la plantilla de mar estaba compuesta por 2.407 personas, y otras 1.300 trabajaban en tierra.

La familia Fernández, tanto la generación de los “padres fundadores” como la actual, lleva muchos años demostrando una extraordinaria visión para los nuevos negocios, así como una gran capacidad de gestión empresarial. En beneficio de Galicia.

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