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PESCANOVA VUELVE A LAS ANDADAS

La noticia resonó como un fuerte mazazo el viernes uno de Marzo al ser suspendida su cotización en Bolsa. Diecisiete años después de ser salvada por Fraga, la compañía pesquera se encuentra de nuevo en una situación financiera límite.

PESCANOVA VUELVE A LAS ANDADAS

En 1960, un visionario empresario gallego del sector cárnico, José Fernández López, con el asesoramiento del abogado especialista en asuntos pesqueros Valentín Paz Andrade, se puede decir que “inventó” el pescado congelado al poner en marcha Pescanova

La nueva empresa dedicada a la explotación de caladeros lejanos iba a suponer una revolución mundial de la pesca con la introducción de los buques arrastreros congeladores. Un camino que pronto seguirían los tradicionales armadores de Vigo y que supuso una extraordinaria actividad para los astilleros de la Ría, que pudieron vivir sus mejores años gracias a la construcción de los nuevos barcos.

APARECE LA SEGUNDA GENERACIÓN

Capitaneada por Don José, como llamaban todos sus colaboradores a José Fernández López, diez años después de su fundación, cuando los consumidores ya se habían acostumbrado al pescado congelado, Pescanova ya era la primera compañía pesquera de Europa.

El relevo generacional se produjo en 1977, pasando a presidir la empresa Manuel Fernández Sousa, al que pronto acompañaría el hijo de Valentín Paz Andrade, Alfonso Paz-Andrade, en calidad de consejero delegado. Y en 1985 la empresa comenzó a cotizar en la Bolsa de Madrid.

Juntos, los dos descendientes hicieron dar a Pescanova un gran salto adelante en 1990, con la creación, en la recién independizada Namibia, de la primera de sus empresas mixtas, una respuesta perfecta a la implantación por parte de los países ribereños de zonas de exclusión pesquera de doscientas millas.

De nuevo, Pescanova marcaba el camino a seguir. No sólo a los armadores locales, también a la industria pesquera internacional.

Esa fue la gran contribución de la segunda generación.

UN PRIMER RESCATE A CARGO DE LA XUNTA DE MANUEL FRAGA

Pero sus directivos, animados por el éxito, cometieron un primer gran error: una excesiva expansión internacional a un ritmo superior al que sus recursos les podían permitir. Carecían de esa capacidad de inversión.

Y así se llegó a 1996, cuando por motivos muy similares a los actuales Pescanova se encontraba en situación financiera crítica, a punto de ser absorbida por la holandesa Unilever.

Fue entonces cuando Manuel Fraga, en una insólita iniciativa por parte de un presidente de gobierno autonómico, acudió en rescate de la compañía mediante la suscripción de miles de millones de pesetas en obligaciones de la empresa pesquera. Es decir, que el dinero de la Xunta sirvió para defender las inversiones foráneas de Pescanova, en Namibia, Chile, Mozambique y otros paises.

Así se salvó Pescanova por intervención directa de Fraga y con un dinero público que todavía no ha sido devuelto.

SIGUIERON CON LA MISMA TEMERARIA POLÍTICA DE EMPRESA

En 2005, tras haber perdido las elecciones, con su último gobierno en funciones, el patrón Fraga tomó otra polémica iniciativa: autorizó a Pescanova la instalación de una gran planta acuicola para la producción de rodaballo en Cabo Touriñán, un espacio protegido por la Red Natura.

Un año antes, en 2004, la Xunta había subvencionado a Pescanova con cuatro millones de euros destinados a la ampliación de sus intalaciones de Chapela.

El ejecutivo bipartito suspendió el proyecto de Cabo Touriñán, ofreciendo a Manuel Fernández varias ubicaciones alternativas. Sin embargo, éste, en uno de esos ataques de soberbia que no le son ajenos, cumplió con sus amenazas: se llevó la planta a Portugal, a Mira. Así agradeció el dinero aportado a su empresa no por Fraga, sino por todos los gallegos.

Otra inversión acuícola destacada de Pescanova fue la de Nicaragua, donde puso en marcha la mayor explotación de langostinos de América, sobre una superficie de 5.000 Has, a la que hay que añadir otras en Centroámerica y también en Ecuador. En su descontrolada e insensata política de expansión llevada a cabo tras el rescate fraguiano, Pescanova está hoy presente en veintidós países, en actividades extractivas, acuicultura y plantas procesadoras.

Los aparentes buenos números de los últimos años ocultaban un fortísimo endeudamiento, por encima de los 1.500 millones de euros, fruto de una estrategia de crecimiento global disparatada.

Previsiblemente, Pescanova conseguirá vender activos – se habla de sus filiales chilenas – y renegociar su deuda para salir adelante. Lo lógico es que sus acreedores exijan a cambio un relevo en la dirección que permita implantar nuevas políticas de empresa. La salida de Fernández Sousa.

Alfonso Paz-Andrade – que en 2007 cesó como consejero delegado de Pescanova – se deshizo de un paquete de acciones por valor de dos millones de euros unos días antes de la suspensión de su cotización en el mercado de valores. En Agosto del pasado año ya había vendido más de 200.000 títulos por un importe de tres millones. Eso se llama verlas venir; o estar sobre aviso.

J.PÉREZ MASNOU

 

 

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