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18/07/2011

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REACE y una pierna de lechazo

En la primavera de 1972 realizaba los informativos locales en la emisora de la REM La Voz de Vigo, cuando alguien me comentó que Rodrigo Alonso Fariña, que había sido presidente del Celta, estaba preso. En ese momento yo no sabía nada del asunto, ni siquiera que aquella información daría paso al famoso escándalo de … Continuar leyendo "REACE y una pierna de lechazo"

REACE y una pierna de lechazo
En la primavera de 1972 realizaba los informativos locales en la emisora de la REM La Voz de Vigo, cuando alguien me comentó que Rodrigo Alonso Fariña, que había sido presidente del Celta, estaba preso. En ese momento yo no sabía nada del asunto, ni siquiera que aquella información daría paso al famoso escándalo de REACE, o del aceite de Redondela, como se le conoció.
Comenté el asunto con José María Villot, que ejercía como jefe de redacción y entre los dos comenzamos a buscarle las vueltas al caso, que resultaba especialmente llamativo en aquellos tiempos del franquismo tambaleante. Pero ambos fuimos detenidos en seco, en cuanto el director (creo que era Ramón Lago Olano quien ejercía el cargo en funciones, tras el ascenso de Ramón Villot a la Dirección General de la Red de Emisoras del Movimiento) tropezó, por su parte, con el muro de autocensura informativa que se elevaba en los medios de comunicación del Estado. No había nada que hacer y el asunto no sería abordado por la emisora.
A mí, y creo que a José María Villot también, se nos llevaban los diablos. José María me dijo que él pasaba del asunto y daría cuenta de la noticia a La Voz de Galicia, con cuya delegación en Vigo colaboraba. A mí me pareció que, ya que formábamos parte de la misma empresa, habría de darse el asunto a El Pueblo Gallego, periódico en el que cuatro años antes había comenzado mi andadura periodística.
Así que, aprovechando que había sido compañero mío en el colegio, en la Universidad y en la Escuela Oficial de Periodismo, alerté del asunto a Rodrigo Varela. Pasaron los días y tampoco en El Pueblo Gallego aparecía una sola referencia al asunto de la desaparición del aceite de la Comisaría de Abastecimientos y Transportes almacenado en los depósitos de REACE en Gixar. La primicia y la investigación del caso siguieron en el diario coruñés, mientras en El Pueblo Gallego Pepe Rey investigaba por su cuenta, lo que daría lugar, más adelante, a la publicación de un libro, “El caso REACE”, en el que el director de cine y periodista Pedro Costa Musté se basaría para hacer el film “Redondela”, en 1986.
Nunca conseguí saber qué había pasado para que mi colega Varela no hubiese indagado en el asunto, aunque es lo más probable que la “discreción” informativa de los medios de comunicación del Régimen fuese la causa. El caso es que el asunto siguió su curso sin que yo tuviera que preocuparme por ello. Luego la cosa se complicó con un rosario de muertes: J.M. Romero González, el ingeniero que había denunciado la desaparición del aceite, oficialmente suicidado tras matar a tiros a su mujer y a su hija embarazada, en Sevilla; Isidro Suáez-Díaz Moris, principal accionista de REACE, que fue secretario particular de Nicolás Franco Bahamonde también relacionado con el caso, y que apareció muerto en las duchas de la cárcel de Vigo (lo que hoy es el MARCO) en sospechosísimas circunstancias.
Por aquellas fechas (dos años después del suceso) Antonio Alfageme del Busto, a la sazón presidente de la Unión de Fabricantes de Conservas, aparecía muerto en su despacho cosido a puñaladas, en un asunto en el que tampoco ha quedado nada claro, excepto que el dueño del conocido “Garaje Melitón” se comió el marrón de un presunto arrebato de celos provocado por su mujer.
Un lechazo y un cadáver
Con el caso se pretendió relacionar también la muerte de un taxista, Arturo Cordovés creo que se llamaba, en setiembre de 1972, y que había dado lugar a una de esas circunstancias en las que el protagonista acaba por preferir que se lo trague la tierra. El día que asesinaron en Alcabre de tres disparos al taxista, tres colegas nos dirigíamos por las carreteras de entonces a Madrid para examinarnos de la carrera de periodismo, que cursábamos “con dispensa de escolaridad” por estar trabajando en un medio de comunicación. Segundo Mariño, que llevaba la delegación viguesa de La Voz de Galicia, Joaquín Rolland y yo decidimos, a la altura de Tordesillas, que no hacía falta pasar la noche en Madrid para ir a un examen por la tarde. Y nos fuimos a Valladolid, donde nos instalamos en el Hotel América y salimos a tomar algo. En la Avenida de Zorrilla el cartel de un asador nos llamó la atención: “Pierna de lechazo, 150 pts.”.
Pasamos, cenamos, y a los postres nos sirvieron un corte de digestión en forma de factura de 950 pts. (de cuando veinte duros eran cien pesetas) por barba. Tomamos nota del restaurante, “La Fragua”, y con la cara que se nos quedó, sin chistar y aparentando una suficiencia y naturalidad que nos eran totalmente ajenas, decidimos terminar la velada con unas copas y acabamos en una especie de barra americana/cabaret que pronto nos convenció de irnos, porque el “camino de la cama es el mejor camino”.
Nada de esto tendría mucha enjundia si no fuese porque, al día siguiente, al llegar a Madrid nos recibió en su casa Manolo Areán totalmente desesperado porque Maricarmen Parada, que se había quedado sola en la delegación del periódico, había estado llamando desesperada para hablar con su marido, colega y jefe, por lo del taxista asesinado la noche pasada.
Lo de la enjundia viene porque, cuando nos instalábamos en el hotel de Valladolid, Segundo llamó a su mujer y, como hacía habitualmente, le comunicó que “ya estamos aquí”. Cuando le hice ver que si pasaba algo que reclamase su atención (nada extraño pues la delegación dependía quizás excesivamente de él), Maricarmen lo supondría en Madrid, me contestó: “Yo le dije que habíamos llegado, pero no a dónde; así no está preocupada por el viaje”. Del “globo” que tenía Manolo, en cuya casa se alojaba Mariño cuando iba a Madrid, mejor no decir más que el pobre tuvo que improvisar no sé qué historia para no confesar que Segundo habría llegado, pero no a su casa.
Claro que todo eso pasó cuando no había móviles y llamabas por teléfono a un sitio y preguntabas por alguien; ahora llamas por teléfono a alguien y preguntas por un sitio.
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