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SALMÓN QUE DEVORA LOS MARES

Los salmones que nacen y se desarrollan en cautividad, de aspecto tan inofensivo como los de la fotografía, son capaces de esquilmar pesquerías nórdicas y australes sin salir de sus jaulas. Para producir un kilo de salmón de granja se precisan como mínimo cinco kilos de pescado azul, ingrediente principal de los piensos y aceites que se elaboran para su alimento en esas explotaciones.

SALMÓN QUE DEVORA LOS MARES

Ello se debe a que se trata de un pescado que necesita de una gran aportación calórica por criarse en aguas frías. De modo que, por falta de ejercicio, el de granja contiene mucha más grasa que sus congéneres salvajes.

El primer productor mundial es Noruega, de donde salen la mitad de los dos millones de toneladas anuales que se comercializan en el mundo, país al que sigue Chile, que supera las quinientas mil toneladas, siendo otros destacados productores Canadá y Reino Unido. Una industria salmonera que se puso en marcha en tiempos relativamente recientes, no hace medio siglo, en la década de los setenta.

LA ACUICULTURA, SOBRE TODO LA PRODUCCIÓN DE SALMÓN, PONE EN PELIGRO EL EQUILIBRIO DEL ECOSISTEMA MARINO

Los piensos y aceites que los salmones de piscifactoría necesitan se producen a partir de ingentes capturas de pescado azul muy abundante en aguas del Atlántico Norte y en las costas de Chile y Perú, en este caso gracias a la Corriente de Humboldt, que corre en dirección norte procedente de la Antártica.

En el sur de Chile, aparte de las granjas productoras, funcionan grandes complejos propiedad de multinacionales que están dedicados a producir los piensos para alimentar salmón y también al resto de especies de la acuicultura. Unos piensos que, en gran parte, se exportan a otros países.

Según Rosamond L. Taylor, investigadora de la Universidad de Stanford, en un estudio que ha tenido amplia difusión, esas especies de menor valor comercial tienen, sin embargo, una gran importancia en los sistemas naturales, al transformar el plancton que comen en alimento para los depredadores: "La sobreexplotación puede generar un gran estrés a las especies situadas en la parte alta de la pirámide trófica, como el atún".

Otras especies criadas en cautividad no necesitan de tanto alimento; pero aun así la incidencia sobre las pesquerías es alta, considerando, sobre todo, que en la actualidad la acuicultura produce más de la mitad del pescado que se consume en el mundo.

Aunque también es cierto que, debido a los avances conseguidos en la elaboración de piensos, en otros peces de cultivo, como la lubina, la proporción ha decrecido desde más de un kilo de pescado salvaje que se precisaba en 1995 para generar otro kilo de piscifactoría hasta los 0,60 kilos en la actualidad. 

En todo caso, los expertos opinan que todavía falta mucho para que la acuicultura deje de ser una amenaza real para los ecosistemas marinos. Los autores de otro estudio proponen reducir los aceites presentes en la dieta de los salmones en un 4%, con lo cual, afirman, se reducirían considerablemente las necesidades de pescado salvaje, de manera que para producir un kilo de salmón pasarían a necesitarse 3,9 kilos de pescado. Otra mejor alternativa sería alimentar a los pescados de piscifactoría con ácidos grasos de origen vegetal.

UTILIZACIÓN DE PRODUCTOS QUÍMICOS Y ANTIBIÓTICOS

El salmón de granja es un producto apreciado en los mercados del todo el mundo, con un alto valor comercial y publicitado por sus virtudes nutricionales con alta aportación de ácidos grasos de Omega 3 y vitaminas A,B y D, así como diversos minerales. Pero que presenta, de acuerdo con los detractores de esta industria, reseñables inconvenientes.

Aducen que, además de provocar sobreexplotación de los mares, en las jaulas estos peces son muy proclives a adquirir parásitos en su piel y contraer virus y diversas enfermedades, por lo que su cría precisa de una permanente atención veterinaria, lo que se traduce en un uso excesivo de productos químicos tales como pesticidas; y farmaceuticos en forma de vacunas y, sobre todo, antibióticos. Esto con el fin de reducir tasas de mortalidad y hacer rentable su cultivo.

De modo que no son pocas las voces que afirman que la cara opuesta a las divulgadas propiedades nuticionales del salmón son las consecuencias que para los consumidores humanos puede tener el uso en ocasiones excesivo que, para la supervivencia de los peces, se hace de los antibióticos, con un riesgo evidente al incidir en el sistema inmunológico y reducir la resistencia bacteriana de las personas. Aunque para eso, es de suponer, habría que comer mucho salmón.

Algo parecido ocurre con el cultivo de camarón, donde en ciertas zonas de Sudamérica y Asia se lleva a cabo una utilización descontrolada y excesiva de plaguicidas y antibióticos en las extensas explotaciones de este crustáceo, lo que tiene claras repercusiones también para el medio ambiente.

Como contraposición, un ejemplo de acuicultura en adecuada conjunción con el ecosistema es el cultivo de mejillón o miticultura

MARTA GONZÁLEZ

 

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