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09/02/2004

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FRANCISCO MANTECÓN

Tino Grandío

Una pintura expresada en tonalidades grises, algunos blancos, negros atenuados, a veces con inspiraciones tamizadas en verdes o amarillos. Tan intimista y melancólica como irónica, que contrastaba con la manifestación exterior del artista, en muchas ocasiones recurrente a una forzada extravagancia personal.

Tino Grandío

Aunque se trata de uno de los pintores gallegos más premiados, su obra no es demasiado conocida en Galicia. Seguramente se debe a que murió joven, apenas rebasados los cincuenta años; también porque toda su carrera artística transcurrió en Madrid; y porque nunca quiso recurrir a su tierra como fácil mercado para colocar sus cuadros, tal como hicieron y hacen otros.

Constantino Grandío López (1926-1977), Tino Grandío, era por fuera un gallego pintoresco, por dentro un ser melancólico. Quienes le conocieron dicen que se comportaba como un niño grande, tan tierno como gesticulante, en ocasiones disparatado. Natural de Lugo, de Guntín.

Se fue rumbo a la capital de España en 1949, pensionado por la Diputación Provincial. En 1953 ya estaba considerado un miembro de la reconocida “Escuela de Madrid”. En 1959 obtuvo la tercera medalla de Bellas Artes, la segunda en 1961 y la tercera en 1965, un año en el que también ganó el gran premio de la Dirección General de Bellas Artes y le concedieron la Beca March.

Expuso en Madrid y otras ciudades españolas, también en París, Nueva York, Lausanne, Munich, Lisboa. Su obra está en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid y en otros importantes de Europa y América.

Nunca recurrió a los habituales tópicos de la pintura gallega, sino que se refugiaba en esos grises cambiantes de las recordadas brumas de su tierra, de la Terra Chá. En sus primeros tiempos madrileños se disfrazaba a veces con un traje típico de gallego de Coros y Danzas, con el que acudía al Café Gijón.

Afirmaba que, para conseguir la inspiración, tenía la necesidad de tocar la gaita antes de ponerse a pintar.

Algunos de sus cuadros, como “Las Damas”, que se reproduce en la portada; el retrato de Franco, o el titulado “Venus”, que es una interpretación muy suya de la “Venus del Espejo” de Velázquez, son hitos de la pintura española contemporánea.
El Retrato de Franco
Acerca de este cuadro, existen las siguientes declaraciones de Grandío:
“Eu fíxenlle un retrato a Franco moi bo. Encargoumo persoalmente Carrero Blanco. Precisamente cando rematei de o facer, o mesmo día mataron a Carrero. Fíxeno con fotografías e tamén con algúns apuntes que tomara do Xeneralísimo. É de corpo enteiro, característica insólita, porque Franco era moi baixiño, non quería que o retratasen de pé”.
Por supuesto, es más que dudoso que Carrero Blanco encargase ningún cuadro, y menos precisamente a Tino Grandío… Y si así hubiera sido, en vista del resultado, bastante suerte tuvo el pintor con que el almirante volara con su coche por los aires el día que, según él, terminaba el lienzo.
También afirmó:
“É tan bo retrato que compañeiros meus como Díaz Caneja e Cristino Mallo dixeron que o día de mañá, se o día de mañá existe o Partido Comunista, comprarao o Partido Comunista”.

Murió joven Tino Grandío.

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